El triunfo de Donald Trump en las elecciones de 2024 de los Estados Unidos (EE. UU.) fue el primer paso de un autócrata hacia un nuevo desorden mundial en el que las reglas de juego desparecen y sólo existe la ley del más fuerte. El Viejo Oeste aparece en el panorama y un Sheriff chulo y matón pone las reglas. No hay que olvidar que Trump es el mismo que perdió los anteriores comicios en los que el ganador fue el demócrata Joe Biden y después asaltó, sin éxito, en compañía de otros energúmenos, el Capitolio, porque consideró que hubo trampas en las votaciones. Asimismo, es la primera persona que ejerce la Presidencia de Estados Unidos pese a haber sido condenado por el sistema judicial en caso relacionados con abusos sexuales, difamación y fraude empresarial.
Esto de soltar basura por la boca porque el ganador de las pasadas elecciones españolas, Alberto Núñez Feijóo, no gobernó porque “no quise” se repite en el PP y aducen que el actual presidente, Pedro Sánchez, es un mandatario ilegítimo. Todo esto es populismo como el de Trump.
Esta memez sin argumento -el presidente es el que tiene más apoyos en el Congreso de los Diputados- fue repetida por dirigentes del PP, entre ellos, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Quizás olvidó que ella llegó al cargo que ocupa por la suma de las derechas, ya que el candidato socialista en 2019, Ángel Gabilondo, fue el más votado en esos comicios. Los diputados del PP, Vox y Ciudadanos eran más que los del PSOE, Podemos y Más Madrid.
Vox juega el papel de embajador de Trump en España. En su batalla por ocupar el espacio político de la derecha, compite con el PP, que se transforma para no perder comba y se convierte en un partido más parecido al de Trump. Se empieza a adoptar la retórica populista, basada en discursos simplistas y polarizadores. Se normaliza la desinformación y el uso de bulos y noticias falsas para deslegitimar a oponentes. Las derechas están incorporando retóricas similares a las de Trump. Temas como la inmigración y la seguridad, que solían ser tratados con mayor moderación, ahora son abordados con un enfoque más agresivo.
La presión de partidos extremos fuerza a la derecha a radicalizar su discurso para mantener su base y atraer a votantes indecisos. La retórica de la extrema derecha se ha vuelto más aceptada, lo que lleva a la derecha a alinearse con estas ideas para no perder apoyo electoral. En estas estamos.









