Las belugas de Alaska intercambian parejas sexuales para sobrevivir a largo plazo

Un grupo de siete belugas de Alaska nadan juntas en aguas azul oscuro, vistas desde arriba, mostrando comportamientos que favorecen su supervivencia a largo plazo.

Según un estudio publicado en la revista ‘Frontiers in Marine Science’.

Un equipo de investigadores ha descubierto que una pequeña población de ballenas beluga sobrevive en las gélidas aguas de la bahía de Bristol, en Alaska (Estados Unidos), con “sexo estratégico”, puesto que se aparean con múltiples parejas a lo largo de varios años.

Así lo explican en un estudio publicado este miércoles en la revista ‘Frontiers in Marine Science’. Las belugas (‘Delphinapterus leucas’) viven en un mundo difícil de observar para los científicos, por lo que sorprendentemente se sabe poco sobre cómo eligen pareja, compiten por parejas o crían a sus retoños.

Investigadores del Instituto Oceanográfico Harbor Branch de la Universidad Atlántica de Florida, en colaboración con el Departamento de Pesca y Caza de Alaska y el Departamento de Gestión de Vida Silvestre del Municipio de North Slope en Alaska, fueron los primeros en descubrir cómo se aparean las beluga salvajes, quién engendra qué crías y cómo estas estrategias reproductivas influyen en la diversidad genética y la endogamia.

Durante 13 años, investigadores recogieron muestras genéticas de 623 belugas en la bahía de Bristol, a la vez que observaban sus grupos sociales y edades con la colaboración de comunidades indígenas. Esta población, compuesta por unas 2.000 ballenas, se encuentra en gran parte aislada, con poca o ninguna mezcla con otras poblaciones, lo que ofrece una oportunidad única para estudiarlas como una población distinta.

Debido a la longevidad de las belugas, los investigadores se centraron en las estrategias de apareamiento a corto plazo (lo que ocurre en una sola temporada reproductiva o a lo largo de varios años) en lugar de a lo largo de toda su vida.

Querían determinar si las belugas de la bahía de Bristol eran poligínicas (es decir, cuando un macho se aparea con varias hembras), poliándricas (una hembra se aparea con varios machos) o posiblemente poliginándricas (tanto machos como hembras tienen múltiples parejas).

“Aun sabemos muy poco sobre las ballenas beluga, a pesar de su inmensa popularidad. La razón principal es la dificultad de estudiar una especie que vive bajo las olas en el frío y a menudo gélido norte. Pero este es el desafío que hace que el descubrimiento, cuando ocurre, sea aún más emocionante”, subraya Greg O’Corry-Crowe, profesor de investigación de Evolución y Comportamiento de la Vida Silvestre en la Universidad Atlántica de Florida y National Geographic Explorer.

Un grupo de siete belugas de Alaska nadan juntas en aguas azul oscuro, vistas desde arriba, mostrando comportamientos que favorecen su supervivencia a largo plazo.
Belugas nadando en el mar frente a Alaska (Estados Unidos) | Foto de Lisa Barry con permiso de NOAA Fisheries.

SISTEMA POLIGINÁNDRICO

Por otro lado, el estudio revela que esa población de belugas practica un apareamiento altamente estratégico, concretamente un sistema poliginándrico. Tanto machos como hembras se aparean con múltiples parejas a lo largo de varios años. La variabilidad en el éxito reproductivo entre individuos es moderada, en lugar de estar dominada por unos pocos.

Este cambio de pareja da lugar a muchos medio hermanos y pocos hermanos de sangre completa, lo que podría reducir el riesgo de endogamia y contribuir a mantener la diversidad genética a pesar del pequeño tamaño y el aislamiento de la población.

“Lo que hace que este estudio sea tan emocionante es que cambia radicalmente nuestras suposiciones de larga duración sobre esta especie ártica”, según Greg O’Corry-Crowe, quien añade: “Debido a que los machos son mucho más grandes que las hembras y parecen pasar poco tiempo asociándose con madres y crías, los científicos creían que las belugas probablemente eran altamente poligínicas, donde los machos pasan mucho tiempo compitiendo por parejas y solo unos pocos machos dominantes engendran la mayoría de las crías”.

“Nuestros hallazgos cuentan una historia muy diferente. A corto plazo, los machos son solo moderadamente poligínicos. Una explicación que creemos que radica en su increíble longevidad: las belugas pueden vivir quizás 100 años o más”, indica.

Este investigador subraya que, “en lugar de competir intensamente en una sola temporada, los machos parecen jugar a largo plazo, extendiendo sus esfuerzos reproductivos a lo largo de muchos años”. “Parece ser una estrategia de ‘tómate tu tiempo, hay muchos peces en el mar’”, resume.

ESTRATEGIA PROPIA

Por otra parte, el estudio muestra que las hembras tienen una estrategia reproductiva propia, igualmente fascinante. En lugar de quedarse con una sola pareja, cambian de compañero con frecuencia de una temporada reproductiva a otra.

Este comportamiento podría servir como una forma de gestión de riesgos y permite a las hembras evitar aparearse con machos de baja calidad y aumentar la probabilidad de tener crías sanas y genéticamente diversas.

“Es un recordatorio contundente de que la elección femenina puede ser tan influyente en el éxito reproductivo como las a menudo destacadas batallas de la competencia entre machos”, recalca O’Corry-Crowe, antes de agregar: “Estas estrategias ponen de relieve las sutiles, pero poderosas, maneras en que las hembras ejercen control sobre la siguiente generación, moldeando la trayectoria evolutiva de la especie”.

Curiosamente, los investigadores no encontraron diferencias entre adultos mayores y jóvenes en cuanto al número de crías en la población en un momento dado, ni en machos ni en hembras.

Sin embargo, las madres mayores tuvieron más crías sobrevivientes que las jóvenes, lo que sugiere que la experiencia, la condición física y la elección de pareja impulsan el éxito reproductivo.

La mayoría de los adultos, machos y hembras, tuvieron solo unas pocas crías a la vez, lo que refleja la lenta reproducción femenina y el hecho de que los machos engendran solo un pequeño número de crías al año.

SALUD GENÉTICA

El estudio subraya la importancia de considerar los sistemas de apareamiento en la conservación, especialmente para poblaciones pequeñas o aisladas.

En sistemas poliginandros, la elección de pareja, el intercambio sexual y las oportunidades reproductivas compartidas distribuyen los genes de forma más equitativa, manteniendo la diversidad genética, limitando la endogamia y compensando los efectos nocivos de un tamaño poblacional efectivo pequeño. Esto ayuda a amortiguar la deriva genética, que de otro modo podría erosionar la diversidad cuando solo unos pocos individuos se reproducen.

Comprender estas dinámicas es fundamental para la conservación. Si solo unos pocos machos engendran la mayoría de las crías, el tamaño efectivo de la población se reduce considerablemente en comparación con el número real de ballenas presentes, según O’Corry-Crowe.

Esta pérdida de diversidad genética aumenta el riesgo de endogamia y reduce la capacidad de la población para adaptarse al cambio ambiental. El cambio frecuente de pareja, combinado con una baja asimetría reproductiva y, posiblemente, la evitación activa del apareamiento con parientes cercanos, podrían ser estrategias eficaces para mantener la salud genética de poblaciones relativamente pequeñas.

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