Artículo de Juan Manuel del Castillo, ex-director de Zarabanda.
Recientemente, parece que algunas/os ciudadanos de Rivas, preocupados por la deriva insoportable que están tomando las relaciones entre líderes políticos, colectivos sociales, partidos, etc. están intentando crear ‘un observatorio de la convivencia’. ¡Se entiende que ‘de la convivencia pacífica y en armonía!
Rivas ha sido siempre una ciudad en la que todos/as nos hemos entendido. No quiere decir esto que no haya habido discusiones entre vecinos, en las competiciones de nuestros hijos, viendo un partido de futbol entre el Real Madrid y el Atlético o el Barcelona…, pero casi siempre influidos por el acaloramiento momentáneo y con una corta duración.
Otra cosa es el debate político que nos llega a través de los medios: Congreso, Senado, Asambleas de Comunidades Autónomas, Plenos Municipales, tertulias televisivas… Desde hace aproximadamente seis años, los ‘protagonistas’ de estos espacios se tratan con odio, desprecio, falta de respeto, burlas, mala educación y, lo que aún es peor, utilizando para sus argumentos, falaciasy flagrantes mentiras. Se ha establecido el ‘todo vale’.
No todos los protagonistas de estas batallas actúan de la misma manera. Algunos lo hacen como estrategia de ‘acoso y derribo’, de ahí lo de que la verdad o la mentira se usen de manera simultánea si pueden servir para descalificar o derrotar al contrario. No quiero poner nombres a esos actores, porque hoy la reflexión quiero orientarla hacia la convivencia necesaria…
Esas formas calan en la sociedad. Y eso es lamentablemente importante. Los ciudadanos y ciudadanas -cuyos referentes son esos ‘protagonistas’- aprenden y repiten los descalificativos, la falta de escucha y respeto, la grosería y la mentira que ellos han normalizado.
Casualmente, en estos días últimos, hemos podido ver en nuestra ciudad una convocatoria del partido político VOX, para celebrar un acto en uno de los restaurantes más conocidos de nuestra ciudad. Vaya por delante, que estos señores u otros quienes sean, tienen derecho a realizar sus actos donde quieran. Y a priori, el negocio de los restaurantes es vender comidas, cenas…, y demás, sin que a nadie le pregunten a la entrada de qué partido político es. Pero también es cierto, que los propietarios o regentadores del restaurante en cuestión, pueden
admitir o no un determinado acto, dependiendo de su contenido y/o actuaciones que del mismo se puedan derivar.
Lo que ya no parece tan asumible es cuando el acto se anuncia como ‘Cristianos perseguidos – La verdad que no se quiere ver’. Me parece que habría consenso si afirmo que ‘en ningún lugar de España los cristianos están perseguidos’, y en Rivas mucho menos: los cristianos celebran sus actos religiosos en las iglesias, las procesiones cuando consideran, la cabalgata de Reyes Magos como un acto religioso-cultural, conciertos multitudinarios en el auditorio Miguel Ríos, etc.
En principio, el anuncio en el cartel de convocatoria, podría considerarse una mentira, y ahí sí que cualquier empresario de hostelería sensato, podría decidir no estar dispuesto a dar cobijo a una mentira…
A esta provocación mentirosa, una más de las que proclama ese partido político, la incipiente ‘Coordinadora Rivas por la convivencia’ envió una carta a los propietarios del restaurante en cuestión, solicitando que ‘actúen en lo que esté en su mano, para evitar que ese espacio se use para un evento de estas características, que protagonizan ponentes contrarios a la diversidad, la convivencia y los derechos humanos, que difunden mensajes de odio, racismo y exclusión’. En este momento, desconozco de quién ha sido la decisión final, el evento ha sido trasladado de lugar, también dentro de la ciudad de Rivas y, por tanto, asumiendo los regidores del nuevo lugar las mismas contradicciones.
En nuestra ciudad también se practica el lenguaje del insulto y la mala educación, y no solo en las sesiones de Pleno municipal, -donde parece que esa forma deslenguada se ha convertido en la manera habitual de debate-, también en los comunicados en prensa, en la cartelería (sobre todo por parte de algún partido) e incluso en la calle.
Con todo esto, pretendo resaltar la importancia de la existencia de ‘un observatorio de la convivencia’ en nuestra ciudad, espacio donde deberían estar representados todos los colectivos que trabajan por el desarrollo y la armonía de este pueblo. Sería la oportunidad de que todos nos comprometamos a mantener las formas educadas y de respeto, y concedamos a esa Coordinadora, la autoridad ética necesaria para reprender a quienes no lo cumplan.
Bienvenido ese espacio ‘observatorio de la convivencia’ y mucha suerte para que su tarea sea respetuosa y eficaz. Queremos seguir siendo una ciudad que practica la tolerancia, la convivencia y el debate crítico.








