Álvaro Villanueva nos cuenta en su articulo de opinión sobre el peso de crecer en un mundo que finge ser serio.
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma, de «Poemas póstumos»(1968)
Qué pena leve. Hay una mentira, la más grande de todas; instalada, residente en este mundo. Lo anuncian claridades…
Reflexiones frente al televisor y el paso del tiempo
Y lo veo claro cuando tomo mi pequeño bol de cereales sentado frente a la televisión y aparece aquel hombre teñido de los informativos y dice muchas cosas, muchísimas, con un traje muy arreglado y sin ningún corte de la cuchilla de afeitar. Mientras habla de tipos aún más caricaturescos y finos como plateados peces espada, juega, en realidad, a trabalenguas con las “p” del teleprompter:
Pasado-mañana-tendrá-Madrid-en-su-parque-del-Retiro-su-paseo-de-vacas-y-turistas-pesados [-(Con lenguaje perfectísimamente neutro y comunicador) La pasa, que es pesa, pesa más por pasada que por pesada, pesares en pasos donde, a veces, pasas]
¡Pero suéltalo, hombre!
No me lloren, no. En las puertas del campo de exterminio en Auschwitz los más sádicos escribían Arbeit Macht Frei. Pues claro que “el trabajo dignifica”. Mientras veo la pantalla de este ordenador en el que escribo olvido aquella oscura golondrina que, dice aquel hombre teñido, ha vuelto a volar. Y el atardecer es una foto carente del frío, del rocío y las mejillas sonrosadas que puede distinguir el amanecer. Esto no es cosa de explotar la vida mirando un gusano o aplastando hormigas ni mucho menos matar moscas con el rabo – eso creo que ya no se lleva.
Decía una de esas teorías educativas que se aprende más con la risa que con la sangre. Añádasele que el aburrimiento ennoblece, señores. ¡Sí, sí! Millones de escuderos protegen la moral del obrero-esclavo y creen en un mañana donde podrán hacer “lo que les plazca”. Algunos mueren antes – la analogía con la masacre llega hasta este punto. Y otros pocos, liberados al fin, caminan sin rumbo entre bosques y selvas que nunca pudieron mirar con ojos tranquilos, sino desde el recuerdo lejanísimo de su infancia. Y saben muchísimo sobre tantos temas… Pero no pueden sentir nada. Y ante la lluvia que cae en su cara acartonada utilizan paraguas y desean llegar a casa cuanto antes. ¿Para qué servirá este mañana si no volveré a ser joven? Tierna, suave y dulce infancia donde todos pudimos ser quien realmente somos.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
Si pudiésemos hacer y hablar lo que sentimos quizás hablaríamos sobre el peso de pasas, pero es más importante, con fatal distinción, los informativos y el trabajo desde casa. Toma ya el pareado…









