En una sociedad como la nuestra hoy, en la que se supone que todas las estructuras gestoras se eligen mediante votación democrática de las ciudadanas y ciudadanos, una institución hereditaria como es ‘la corona’ no tienen sentido. Entre que sea simplemente hereditaria, o que lo sea por derecho divino (que así se justificaba no hace mucho tiempo) ciertamente hay poca diferencia.

A pesar de que se han hecho numerosas encuestas y sondeos de opinión respecto a la institución real o incluso sobre los que en cada momento han detentado la corona, nunca se nos han dado a conocer. ¿Por qué y a quien no interesaba que se conocieran?

Personalmente me cuesta mucho entender el empeño de seguir manteniendo ‘la institución real’, más allá de la solidaridad corporativa entre las instituciones de poder y/o secretos recíprocos que ocultar (más o menos en la sobra): las familias aristocráticas, grandes empresarios, poderes financieros, la iglesia… En teoría, los poderes y atribuciones efectivas del rey hoy, no son muchas más que las de sancionar (protocolariamente) la constitución de los gobiernos y la representación en actos institucionales y en el exterior.

Solo que el sostenimiento de la ‘casa real’ le cuesta al erario público casi siete millones de euros anuales (once están previstos en el próximo presupuesto), esto en lo formal. Puestos a sumar los costes reconocidos presupuestariamente y añadir otros derivados, las cantidades serían mucho más disparatadas.

De siempre y por todos los que deambulan por los ámbitos del poder, se ha sabido de las triquiñuelas y corrupciones de Juan Carlos I, que no solo mujeres, cacerías, coches de alta gama, regatas…, sino de los numerosos chanchullos (mordidas y negocios alegales) con los que el rey iba engordando groseramente su fortuna personal. Fortuna, por cierto, que cuando fue nombrado por Franco, era bastante paupérrima.

Pero resulta que el rey goza de inviolabilidad, haga lo que haga, es intocable por la justicia (viole, robe, mate…). Si la secuencia ‘hereditaria’ es anacrónica, la prebenda de ‘inviolabilidad’ va contra todo concepto de justicia.

Y retomo lo de ‘hereditaria’, ¿la herencia es únicamente la corona, o lo es también parte o toda la fortuna, los inmuebles, etc.? ¿Y entonces por qué no lo es también las responsabilidades en ejercicio de su función del monarca cesante?

Y el nuevo rey Felipe VI, heredero de todo (historia, bienes, privilegios…), menos de las responsabilidades. Si esa fortuna heredada es producto de actividades ilícitas ¿no es también responsabilidad suya?, y es más, si se demuestra su participación directa o indirectamente en algunas de ellas ¿también disfrutará de inviolabilidad total?

¡Y encima tenemos que seguir aguantándolo!

Está claro que ha llegado el momento de un referéndum ‘monarquía o república’, que sean los españoles quienes decidan y no los intereses de unos pocos.

Y si eso consuela a los nostálgicos, que se le apañe un ‘puestecito’ como embajador o representante honorífico para actos protocolarios. Pero eso sí, sin privilegios, sin inmunidad y con una remuneración acorde.

JuanM del Castillo