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OPINIÓN

¿Y si miramos y pensamos en lo común?

¿Y si miramos y pensamos en lo común?

El poder de lo común podría ser el eslogan ya utilizado para una campaña electoral, sin embargo, para que ese eslogan de sus frutos primero tiene que ser creíble.

Después de la celebración de las últimas elecciones generales en la que los partidos de izquierda, en total quince fuerzas, concurrieron bajo una única coalición, se atisbaba una pequeña ventana para la conformación de ese Frente amplio tan anhelado.

Pero lo cierto es que su formación siempre estuvo cargada de polémica y simplemente se logró por la necesidad de hacer frente a un posible gobierno del PP y VOX. Esa unión después de las elecciones logró salvar un gobierno de coalición pero no logró la ansiada construcción de un Frente Amplio.

Todos los partidos han cometido errores y claro que no todos tienen la misma culpa o la misma responsabilidad, pero en estos momentos ahondar en esa herida no soluciona nada.

El varapalo sufrido en las elecciones gallegas por la izquierda transformadora, en la que ni Podemos ni Sumar han obtenido representación nos debería a todos hacer reflexionar y repensar sobre qué se ha hecho mal.

No es el momento de miradas cortoplacistas, ni de ser los jefes de la oposición en un territorio, algo con lo que algunos parecen conformarse. Si algo hemos aprendido desde la izquierda durante estos años, es que no basta con soñar con cambiar las cosas, queremos que los cambios sean una realidad, y eso sólo es posible si aspiramos a gobernar y a ser una fuerza mayoritaria en nuestro municipio, nuestra Comunidad y nuestro país.

La experiencia de las luchas de poder entre peleas cainitas de partidos ya las hemos vivido. ¿Ha servido para algo que Podemos se quede fuera de Parlamentos autonómicos como Madrid o Baleares? ¿Se conforma uno con ser fuerza mayoritaria en la oposición? ¿Se puede estar en un proyecto nacional pero únicamente velando por tus intereses partidistas?

Claramente puede haber respuestas variadas según la óptica desde donde se mire. Pero volvamos a la calle, saliendo fuera de la lógica de los partidos, lo cierto es que las peleas de la izquierda llevan a nuestros votantes a la desafección política. Fuera de nuestros grupúsculos, los votantes de izquierdas están pidiendo otra cosa.

El mejor termómetro para mí lo tengo en mis compañeros de trabajo. La mayoría son personas preocupadas por su día a día, “no son fachas” pero seguro que algunos han votado a Ayuso. ¿Por qué hay personas que votan en algunos momentos a dirigentes en contra de sus intereses? Quizá no es culpa de ellos sino nuestra. La izquierda necesita generar ilusión y eso no se logra de forma milagrosa, se genera abandonando las dinámicas de enfrentamientos y de crispación, se genera trabajando juntos en un proyecto único, compartido, aportando lo mejor de nosotros mismos, sin candidez pero con generosidad y por supuesto mirando a lo común.

Somos muchos los que hemos luchado dentro de nuestras organizaciones por un frente único intentando evitar prácticas que no suponen ningún paso adelante. Somos muchos los que por luchar por un frente común se han marchado o se han sentido arrinconados. Pero también somos muchos los que aún pensamos que es posible hacer las cosas de manera diferente, que es posible poner los intereses de la mayoría por encima de los intereses individuales y partidistas. Somos muchos los que pensamos en trabajar en un proyecto diferenciador, con positividad, alegría y dedicación, con convicciones enraizadas en la democracia plena y la justicia social.

Es tarea de Sumar, pero también es trabajo del resto de partidos de izquierdas (Podemos, IU, MM..) poner en el centro lo que nos une y no lo que nos separa. Es el momento de un nuevo tiempo político originado por un cambio de paradigma: de la competición a la colaboración, de la imposición a los cuidados, del “”yo a “nosotros”, del expolio neoliberal de lo público a una sociedad regida por lo colectivo.

Es tiempo para un proyecto de país que deje de mirar los errores del pasado, capaz de conciliar y sumar fuerzas, que vuelva a convocar e ilusionar y que irradie a todos los niveles de gobierno, desde el estatal al municipal pasando por el autonómico, con la importancia de dialogar, compartir y tejer alianzas situando a las personas en el centro de unas políticas progresistas que avanzan en derechos, en igualdad y un horizonte de futuro.

Un futuro en el que no sobra nadie que quiera y pueda aportar a nuestro espacio político, en un proyecto que nos incluya a todos y a todas. Hace falta recuperar a todos los que nos sentimos huérfanos de una política donde lo principal no sean las siglas sino las propuestas que vuelvan a mirar a la clase trabajadora de frente, que den respuesta a mis compañeros de trabajo y a los tuyos, para ganar, gobernar y responder a una demanda ciudadana que nos está pidiendo otra forma de hacer política. ¿Y si nos centramos en lo importante y pensamos en lo común? Aún estamos a tiempo.

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