Ante el abatimiento, la impotencia, la tristeza… que me producen tanta guerra interna, tanta guerra externa, tanta pandemia vigente (próximamente “gripalización” desenmascarillada), y sus terribles cifras y consecuencias, me reconozco bloqueado para escribir algo propio. Pero no quería dejar esta sección sin contenido mejor que el mío, y por ello he tomado prestada la letra de esta canción escrita por Evagenina Sobredo, inolvidable Cecilia, que no para de sonar en mi cabeza:

“Ahora vivo a costa de un millón de muertos.

Un millón de tumbas, un millón de espectros.

Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos.

Un millón de sombras, un millón de sueños.

¡Cuánta tumba!

Ya no hay tierra para cavar en ella.

Para dejar sin nombre tanto hombre.

¡Cuántos nombres en la historia!

Son dueños de las glorias.

¿Cuántos hombres cuestan las victorias?

Ahora vivo a costa de un millón de muertos.

Un millón de tumbas, un millón de espectros.

Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos.

Un millón de sombras, un millón de sueños.

¡Cuánta sangre se ha perdido!

Cuánto honor herido.

En estas guerras crueles sin laureles.

¡Cuánta hambre se ha pasado!

Hambre por cada lado.

Hambre de paz, hambre de hombre honrado.

Ahora vivo a costa de un millón de muertos.

Un millón de tumbas, un millón de espectros.

Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos.

Un millón de sombras, un millón de sueños.

¡Cuántas lágrimas lloradas!

¡Para lavar las llagas!

¡Para olvidar los muertos con el tiempo!

¡Cuántos ojos, cuántas caras!

¡Cuántas vidas cortadas!

¡Cuántas ilusiones enterradas!

Ahora vivo a costa de un millón de muertos.

Un millón de tumbas, un millón de espectros.

Ahora vivo a costa de un millón de cuerpos.

Un millón de sombras, un millón de sueños.”

Enrique Vales Villa