En estos días se han debatido y aprobado los presupuestos generales para 2023 que se han convertido en eso, en un mercado persa: El paso solemne del “califa” visitando el mercado, la llegada de los camelleros al paso majestuoso con sus iphones nuevos, los malabaristas y encantadores de serpientes y, cómo no, el canto que nadie atiende de los mendigos. Porque los presupuestos son eso: un mercado donde se intercambian no productos, pero sí un “tú me concedes esto y yo te doy mi voto favorable”. Dicen que estos presupuestos son los que más carga social tienen, que van destinados mayoritariamente a la gente más necesitada y a la clase media. Bien. No seré yo quien critique eso, al contrario. Ahora bien, el Gobierno quiere recaudar 200.000 millones entre IRPF e IVA (impuesto al consumo) para el año 2023: 13.000 millones más; es decir, al final, la recaudación sube un 7,7% por no deflactar y poner fin al plan anti-crisis; y ha limitado su rebaja fiscal sólo a los asalariados inferiores a 21.000€ y deja a la clase media sin paraguas hasta el IPC.

El aumento fiscal es significativo para poder hacer frente a los gastos previstos que son muchos. La subida de las pensiones al ritmo de la inflación –aunque como pensionista me beneficia— no deja de ser preocupante porque para que se produzca, el Gobierno tiene que recaudar más impuestos. No hay que dejar de lado que en este País, somos más de 9MM de pensionistas y que el año 2023, es año electoral. Pero, echemos un somero vistazo a las partidas presupuestarias: En el apartado IRPF, se quiere conseguir 8.083 millones más (7,7%), en el IVA, que grava el consumo, 782 millones más (7,7%); luego está el Impuesto de sociedades que esperan recaudar 2.000 millones más que, curiosamente, es otro 7,7%; lo que significa que los ingresos tributarios, contando con otros impuestos, supondrán 18.710 millones de euros más que 2022. Sí, es otro 7,7% más. 

En toda economía, ya sea familiar o de cualquier negocio, existen unos ingresos y unos gastos aunque siempre se pretende que los ingresos, sean superiores a los gastos por aquello de guardar o tener un colchón para imprevistos. Pues bien, en los presupuestos presentados, algo inaudito, los gastos superan a los ingresos. Concretamente, los ingresos se estiman en la cantidad de 389.000 millones (3,4% más) y los gastos serán de 584.000 millones (10,7% más). Lo que ha sucedido en este País en un lustro (5 años), desde 2018 a 2023, y sin entrar en quién gobernó en ese tiempo, es que los impuestos han subido un 41,53% que es una auténtica barbaridad. Ya sé que en el 2020 hemos sufrido una pandemia, el volcán de La Palma, estamos inmersos en una guerra que nos afecta, una economía al borde de una recesión; pero, un 41,53% me parece una exageración. Para no aburrir, sólo indicar que la mayor partida de los presupuestos se la lleva el apartado pensiones (191.000 millones un 11,4% más), seguido por  Defensa (12.300 millones – 25,8% Más), I+D+I y Digitalizaciones (16.000 millones – 22,8% más) esto último, totalmente necesario.

Decía al principio que estos presupuestos se habían convertido en un mercado. Un mercado donde se intercambian concesiones y permanencias. No entiendo cómo unas comunidades (Euskadi y Navarra), que no participan de dichos presupuestos, porque tienen un concierto económico distinto; es decir, que ni les va ni les viene, tienen que dar su conformidad o no a los mismos que sí nos afectan a los demás ciudadanos españoles. ¿Tienen que decidir ellos dónde y cómo debemos gastar nuestros dineros, pero nosotros el de ellos no? Ellos votan a favor o en contra, dependiendo de lo que les concedas, aunque los presupuestos no les afecten. ¿Era necesario modificar, deprisa y corriendo, las penas de sedición antes de aprobar los presupuestos?, ¿no hubiera sido mejor posponer modificar la ley una vez aprobados? Está claro que era una exigencia independentista como condición para votar favorablemente.

No se pueden hacer unos presupuestos donde los gastos sean superiores a los ingresos. Eso es de primero de economía,  no lo hace nadie, y sin establecer unas prioridades de gasto. ¿Hay que gastar lo que sea necesario? Sí, pero no sin saber si la estimación de ingresos va a ser la que se presupuesta. Lo que siempre es seguro son los gastos, de ahí la subida que todos deberemos afrontar. Según el economista Niño Becerra, se estima que con estos presupuestos, cada españolito de a pie, incluidos los nacidos en 2022, heredamos una deuda de 30.000€ por habitante. Los impuestos son necesarios para mantener una sociedad próspera y equitativa, pero ¡¡jolín!!

 

Miguel F. Canser

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