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Ser mujer en Cañada: Entrelazando luchas y resistencias feministas

Ser mujer en Cañada

El pasado día 22 de marzo, dentro de los actos del ‘marzo mujer’, el Grupo Feminista de la CE Hipatia organizó una charla “Ser mujer en Cañada: entrelazando luchas y resistencias feministas”, en el Centro Sociocomunitario de la Cañada Real. La actividad la difundieron en todos los foros de Rivas, además de invitaciones personales y cartelería. Al acto acudieron, algunas madres del Hipatia y principalmente profesoras y algunos profesores del cole.

La presentación corrió a cargo de Alma M. del Castillo, profesora del Hipatia. Esta es la introducción que hizo:

Bienvenidas a todas las personas que habéis querido acompañarnos en este día tan especial para nosotras.

Mi nombre es Alma, soy profesora del colegio Hipatia, miembro del grupo feminista del Centro y de la comisión Hipatia Unida, ambos grupos con un nexo común, formados por mujeres en lucha por la búsqueda de la igualdad y la justicia social en diferentes ámbitos.

Cuando me pidieron presentar este encuentro, reconozco que me costó mucho decir que sí, y sólo hay una razón por la que al final me enfrento a mi miedo escénico y me siento en esta mesa, y es por el tremendo orgullo que supone para mí presentar a las 3 grandes mujeres que hoy nos acompañan. Ellas son Houda, Rahma, Mary luz y Naima.

Llevo casi toda mi vida viviendo en Rivas y compartiendo la lucha por los derechos de las personas que viven en uno de nuestros barrios, el de Cañada Real. Especialmente estos últimos años en los que los derechos de estas personas han sido vulnerados de una forma tan vergonzosa e injusta.

Cañada Real lleva viviendo cortes de luz que dificultan su día a día y ponen en riesgo su salud desde hace 2 años, con intereses puramente especulativos y con las autoridades cerrando los ojos o justificando.

Y en medio del caos, de la tristeza, de la vulnerabilidad, el desamparo y la rabia, las descubrí a ellas. Mujeres en lucha, mujeres valientes, incansables…. Que se han atrevido a levantar la voz, a movilizar a sus hermanas, a mirar a la cara a las entidades, rompiendo todas las barreras idiomáticas y culturales para defender su derecho y el de todas sus vecinas y vecinos.

Las he oído gritar en las manifestaciones, las he visto organizarse, las he sentido cuidar a sus pequeños, idear nuevas propuestas, actuar en teatros, construir luces con sus lemas, tejer comunidad entre vecinas, salir al auxilio de quien lo necesita, repartir recursos, cocinar hasta hartarse para que a nadie le doliese la tripa después de un acto… las he visto desfallecer y volver a levantarse… y cuando las hemos propuesto algo, nunca las escuche decir que no.

Todo el protagonismo es suyo, yo solo vengo a aprovechar este momento para deciros que sois ejemplo y orgullo, mujeres.

“Hay otras luchas, pero ahora por lo que estamos luchando es para que los habitantes de Cañada podamos disfrutar de los mismos ‘derechos humanos’ que el resto de los ciudadanos españoles”, ésto decía Mari Luz González, vecina de la Cañada Real Galiana, madre en el APA de la CE Hipatia porque sus hijos están en ese colegio. “Necesitamos energía eléctrica para que nuestros hijos puedan estudiar, para que los enfermos puedan enchufar sus equipos de respiración, para que el frigorífico funcione o para no tener que lavar a mano sobre una piedra o cocinar en fogatas de leña”, añadía Rahma Hitach, de la Asociación Amal, y vecina de la Cañada.

“Nos cortaron la luz en octubre de 2020, hemos pasado la pandemia, el confinamiento, la tormenta Filomena y ya tres inviernos sin poder calentarnos porque no disponemos de electricidad”. “Somos el tercer mundo a catorce kilómetros del despacho de la Presidenta Isabel Díaz Ayuso, que nos echó de un portazo en la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, pasando delante de nosotras y corriendo para recibir a Rafa Nadal. Él sí era importante, nosotras éramos invisibles”, dice Houda Akrikez, vecina del sector seis y Presidenta de la Asociación Tabadol. “Hemos hecho todo tipo de acciones, escritos, reclamaciones, denuncias, etc., pero hasta ahora no hemos conseguido nada. El Comisionado para el Pacto de la Cañada, un día me decía –si te consigo una casa te vas de una vez, porque hay que ver lo pesada que eres-, le dije que yo soy vecina de este barrio y que mi lucha es la de todas las mujeres de la Cañada y la solución deberá ser para todas las familias”, relataba Houda.

El Pacto por la Cañada contempla los suministros y el restablecimiento de las condiciones básicas de vida, durante el tiempo que se tarde en encontrar una solución definitiva para la Cañada. Pero nada de todo esto se ha cumplido, ya va para tres años que cortaron la luz, y sienten que todas las administraciones les han engañado: el Defensor del Pueblo les da la razón, la comisión delegada de las Naciones Unidas también dictamina a su favor, lo mismo que la Unión Europea, pero unas administraciones derivan la responsabilidad a otras y nadie pone solución. “Mientras, a nosotras solo nos queda seguir reclamando, continuar dando a conocer esta vulneración de todos los derechos fundamentales de las personas y manifestándonos donde y ante quien sea, aunque nos amenacen con quitarnos a nuestros hijos denunciándonos a Servicios Sociales, como así lo ha hecho la policía en más de una ocasión”, nos cuentan las vecinas de la Cañada.

“En el Sector seis, estuvieron los operarios de Naturgy y nos dijeron que iban a reparar las líneas, pero lo que hicieron fue colocar limitadores a muy poca potencia y, cuando encendemos cualquier aparato, esos limitadores saltan y nos quedamos sin luz, que es como estamos siempre”, añaden las mujeres de Tabadol.

Mari Luz, sensiblemente emocionada, nos contaba que los niños y niñas acuden acomplejados a los colegios, ‘huelen a humo’ les dicen otros niños, y es que nos calentamos con leña, no tenemos otra cosa. Tampoco sirve la solución que nos ofrecen de ir a ducharnos a dependencias del Ayuntamiento, ¿cómo llevamos a los ancianos que no pueden ni andar, o a los enfermos?

“Necesitamos apoyo desde el exterior, que colectivos, asociaciones, administraciones…, nos apoyen, pero son contadas y precisamente no las más cercanas. Nosotras somos mujeres, de asociaciones de mujeres y esta es una acción dentro de las que se llevan a cabo este mes de la mujer, pero nuestras vecinas de Rivas o del Ensanche pareciera como que no saben que existimos y lo cierto es que sí lo saben y también cuales son nuestros problemas”. “Estamos muy agradecidas de que mucha gente pase por aquí y que nos apoye, pero no basta con que cuando se van lo hacen muy afligidos por lo que aquí pasa, necesitamos que nos ayuden a que se restablezcan nuestros derechos”. “Nosotras no pedimos que nos regalen nada, queremos contratos de suministro eléctrico y pagar nuestros consumos como todo el mundo, mientras se llega a una solución definitiva”, nos dicen las mujeres de la Cañada.

Al finalizar el acto, nos invitaron a un té y a dulces que ellas habían elaborado. Por último pudimos visitar la casa de Miguel, otro de los vecinos de la Cañada, que la tiene montada casi como un museo y en el centro del patio, una gran pirámide, a la que nos invitó a entrar y alucinamos todas/os con la estructura, la decoración y las historias que nos contaba.

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