No es saber votar lo más preciso para que ganen los deseos de Vargas Llosa o tantos intereses retorcidos (en mentiras) socialmente, sino más bien saber vetar; o sea, saber silenciar, saber “exterminar luz de razón” o saber debilitar a una o a otra competencia (en juego mafioso o sucio), obvio.

Saber vetar conlleva mucho (o elimina mucho, mejor dicho), por eso tal acción (hecha directa o indirectamente) es semejante o muy parecida al destruir, ¡claro! Cuanto tú vetas, sí, ya algo lo dejas sin las dignas posibilidades de difundirse, ya algo está “desconocido” por ti por terquedad o por dictadura tuya. Es decir, le impides camino y supervivencia aunque signifique o evidencie (eso que vetas) racionalidad o luz para cualquier equilibrio.

En realidad y en error, saber vetar es quitarte de en medio a ése mismo respetar a la sabiduría (que nunca admite vetos) por una comodidad para el ego; puesto que, vetando lo que sea, el ego es el que totalmente gana, ya llevándose por delante sufrimientos (de esfuerzo) y todas las competencias. También, vetar supone cobardía, pura cobardía, porque algo no quieres afrontar racionalmente o, acaso, no te atreves a rebatir  en un proceso limpio que siempre empieza con un “escuchar al otro en su capacidad de tener tanta razón como tú, ¡exacto!, siempre y cuando te la demuestre, pero dejándole tú que te la demuestre”. Tienes que tener ahí tolerancia y cordura.

Desde eso, se veta o se silencia de muchas maneras, sí, y una de ellas es sobreprotegiendo, por supuesto. Ya que, cualquier sobreprotección, siempre silencia  (o extermina) eso mismo que no sobreprotege, y cualquier sobreprotección deja sin dignidad a lo que no acepta tal sobreprotección. Digamos que, en el fondo, todo clasismo fue y es una sobreprotección y, cualquier privilegio (de índole social) o cualquier ventajismo social, también.

Se veta, se veta a uno o a otro bien muchísimas veces y lo realizan todos. ¡Siempre!, una vez que una persona está manipulada o malinformada, en consecuencia se pasará ya vetando a las razones (que desconoce) todos los días; y puede que en contra de favorecer a los débiles. Porque, a los “fuertes” o a los granujas los ha mitificado, los ha famoseado con tanto enredo de buenismo (digerido mentalmente) que ya, casi sin querer, los ayudará por automatismo estúpido de ignorancia.

En verdad, hay que decir de una vez que toda sinrazón (de las miles que hay actuando en la sociedad), en mente de cualquiera, va a silenciar a un bien o va a silenciar a una verdad (que solo es imprescindible estando sin limitaciones en la sociedad, ¡libre!).

Asimismo, se sobreprotege siempre con una estética o con una demagogia o con un argumento masivo que un poder ya lo ha extendido demasiado por ser poder, sencillamente por ser poder. ¡Que para eso es poder!

En fin, he de advertir muy bien que cualquier mal (en tu mente o en la mente de tantísimos que van de inteligentes pero siendo lo contrario) solo necesita saber vetar para que triunfe como mal, ¡no más!

Eso es así, cualquier injusticia o mala leche o engaño (que no para) solo necesita un saber vetar (a Dios, a la Verdad, a la verdadera decencia, ¡a lo que sea!) para arrasar y así enfermarlo todo de injusticia, de antiética. Así es.

José Repiso Moyano