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OPINIÓN

Rivas Vaciamadrid: Estrés, Atascos y Esperas Eternas .

Rivas 2027: todos repiten menos las excusas, que ya venían de segunda mano

Artículo de análisis del mordaz Bob Bernstein, director de The Rivas Tribune, ante lo que ya es «precampaña» de las municipales

Rivas ha entrado en precampaña, esa fase deliciosa en la que los partidos aún no piden el voto, pero ya posan como si acabaran de inaugurar el siglo de oro de la ciudad. No hay programas, no hay listas definitivas, no hay campaña oficial. Solo postureo, selfies con gesto de salvadores y algún tuit que pide Almax urgente.

La derecha ha sido la primera en mover ficha. Isabel Díaz Ayuso ha confirmado que Janette Novo repetirá como candidata del PP a la Alcaldía. Tiene lógica: Janette ganó las elecciones de 2023… y luego se quedó en la orilla, que en Rivas es pasar por el purgatorio de una oposición irrelevante durante cuatro años.

El PP ripense vuelve a su mantra favorito: “fuimos la lista más votada”. Correcto. También es correcto que eso no les sirvió para gobernar. Pero en política municipal unos suman votos y otros suman concejales, y al final manda quien no se le cuelga el Excel.

Janette ha agradecido la confianza con el repertorio de siempre: cambio real, gestión eficaz, ciudad moderna, próspera, pujante, abierta, innovadora y bla, bla, bla. Solo faltó prometer Rivas 5.0 y una foto mirando al horizonte con una rotonda de fondo.

El problema del “cambio real” es que lleva varios ciclos electorales en cartelera. Ya parece una obra del Ayuntamiento: se anuncia a bombo y platillo, se pone la valla, se promete que “está al caer” y al final siempre aparece una zanja nueva. Esta vez juran que va en serio. Que el cambio trae DNI y todo. La duda es si trae mayoría absoluta o solo mucha ilusión.

Y entonces llegó uno de los momentos más tiernos de la precampaña: María de los Ángeles Guardiola, ex Vox y ahora concejala no adscrita, felicitando a Janette con una emoción que ni madre en graduación de hijo médico. Según ella, Janette es “la única capaz” de liderar el cambio urgente, conoce el municipio, no vende humo y trae soluciones reales.Se entiende el cariño. Cuando una sale de Vox, pero sigue defendiendo más o menos lo mismo, tarde o temprano necesita una silla cómoda donde sentarse sin parecer que está mirando la salida de emergencia. El PP, que para estas cosas tiene buen olfato, habrá recogido el ramo con una sonrisita: no da mayoría, pero ayuda a caldear el ambiente.

Guardiola es política local en estado puro. Dejó Vox por diferencias con Eliana Palacios y ahora reparte flores al PP. Dice que no debe a nadie. Claro. Hay independencias que se ejercen con tanta pasión que acaban pareciendo cortejo disimulado.

Janette respondió con prudencia: “Muchas gracias, María Ángeles”. Muy bien. En política se agradecen los apoyos, pero no siempre se les da un abrazo de oso. Algunos elogios se guardan en el cajón de “pendiente de estudio”.

Tampoco faltó Jesús Caballero, que le dedicó a Janette un texto que empezaba como felicitación y acabó siendo casi una novena. Dijo que crecer a su lado ha sido “aprender de un modelo incansable de entrega”. Ya no es una compañera, es una experiencia transformadora. A este paso, la próxima comparecencia del PP incluirá incienso y bendición apostólica.

En el otro lado, Aída Castillejo también repite. Aquí la palabra mágica no es cambio, sino continuidad. La izquierda ripense no promete llegar al poder: ya está instalado, conoce los pasillos del Ayuntamiento mejor que su propia casa y podría recorrerlos con los ojos cerrados.

Pero gobernar tiene ventajas y, sobre todo, lastres. Cuando eres alcaldesa, hasta la farola que no enciende y la queja del barrio que heredaste llevan tu firma. Todo es tuyo, incluso lo que no depende de ti.

IU quiere repetir la fórmula, Más Madrid mide distancias sin romper del todo, y el PSOE sigue en su rol favorito en Rivas: ser imprescindible sin hacer demasiado ruido. El socio sensato que sale en la foto de familia con cara de “esto también lo hemos hecho nosotros”.

Vox vive su propia serie de Netflix. Eliana Palacios como marca oficial, Guardiola haciendo vida por libre con salida hacia el PP y el recuerdo de aquella candidata paracaidista que aterrizó en Rivas buscando primero el código postal. Problema clásico: si se pegan con el PP, benefician a la izquierda; si se arriman demasiado, pierden identidad; si se pelean entre ellos, le regalan a Janette el cartel de “opción útil de derechas”.

Mientras, Vecinos por Rivas merece capítulo aparte. Se presentan como municipalistas, independientes y “sin ideología”, lo cual ya es un insulto a la inteligencia política básica. Decir que no tienes ideología es como decir que haces tortilla sin decidir si lleva cebolla: puedes jurarlo, pero nadie te cree. Han convertido la política en una comunidad de propietarios con logo. Su gran aportación es recoger quejas, ponerles foto y actuar como si hubieran descubierto el alcantarillado. Una farola fundida, una acera rota, una papelera huérfana: todo entra en el gran relato del “esto no puede seguir así”. Y tienen razón en que hay que arreglarlo. Pero para eso no hace falta un partido: a veces basta con una llamada al Servicio de Atención a la Ciudadanía y un poco de paciencia. Su techo no es el 5%. Su techo es confundir un listado de incidencias con un proyecto de ciudad. Escuchar al barrio está bien. Convertir la política en un grupo de WhatsApp con acta fundacional ya es otra cosa.

Y luego está la Ruta de la Croqueta, probablemente su mayor logro histórico y su mejor metáfora. No habrán entrado en el Pleno, pero se mueven entre bares y tapas con maestría. Mientras otros hacen escuela de cuadros, ellos hacen bechamel. La croqueta une más que muchas mociones, eso es innegable. Pero cuando tu principal seña de identidad es el rebozado, quizá el problema no sea solo la barrera electoral.

A la izquierda de la izquierda (o eso se rumorea9, Podemos y los suyos decidirán si se integran, se presentan por libre o sacan otro comunicado exigiendo unidad popular justo antes de dividirse otra vez. En Rivas eso ya es folklore.

Y Ciudadanos… bueno, dejémoslo. Hubo un tiempo en que existió. Hoy sobrevuela la política local como un local comercial que fue agencia de viajes, luego tienda de productos gourmet, luego distribuidor de vapeadores y ahora solo tiene el cartel de “se alquila”.

El tablero 2027 se va configurando: Janette repite porque ganó, pero no gobernó; Aída repite porque gobierna y cree que se lo merece; Guardiola apoya sin afiliarse; Caballero levita ante su candidata; Vecinos por Rivas sigue sin ideología mientras practica la más antigua de todas (gestionar cabreos de proximidad); y la izquierda gestiona el desgaste del poder.

De momento, pinta a secuela. Mismos actores, diálogos parecidos y promesas que suenan a reciclado. Lo único fresco es el reparto de cariños: una ex Vox aplaudiendo al PP, un concejal popular en éxtasis místico y un partido vecinal convencido de que la neutralidad ideológica cabe entre una queja de acera y una croqueta de jamón.

La pregunta de fondo sigue siendo la misma: no quién promete cambiar Rivas, sino quién consigue que la palabra “cambio” no suene, otra vez, a cartel viejo con filtro Valencia.

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