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Reyes Esteban, autora de ‘Soy pequeño y ya feminista’: “Mi hijo tenía que justificar que era un niño solo por tener pelo largo”

Reyes Esteban

Charlamos sobre el reto de educar en la igualdad con esta madre ripense a través de su cuento

Reyes Esteban es vecina de Rivas, enfermera pediátrica de profesión y madre de cuatro “criaturas”. Cuando se quedó embarazada de su primer hijo, su vida dio un vuelco: “Fue una verdadera revolución”. Tenía claro que su maternidad tenía que ser coherente con sus valores y que quería educar a sus hijos en completa igualdad. Lo que no sabía es que esos roles de género contra los que siempre había peleado en las calles también iban a seguir presentes, de manera muy cruda, en la vida cotidiana de sus hijos e hijas cuando cruzasen cada día la puerta de casa. De esa experiencia (y de cómo afrontarla desde la práctica feminista) nació el cuento infantil “Soy pequeño, y ya ‘feminista!, ilustrado por David Rovira.

Esteban también ha publicado un segundo cuento, ‘Siempre juntas’ (ilustrado por Bárbara Rodrigo), que habla de un tema casi tabú como es el duelo infantil. En este caso, desde el punto de vista de las hermanas.

Pocos días después de la presentación de sus libros en el municipio, charlamos con ella sobre los retos de educar en el feminismo en una sociedad profundamente desigual.

¿Por qué decidiste escribir este cuento?

Cuando me quedé embarazada de mi primera criatura, tenía claro que quería tener una maternidad diferente. Cuando parí a mi primer hijo y a mi segunda hija, me encontré situaciones en mi entorno que me impactaron mucho, sobre todo, teniendo en cuenta que mi generación tenía ya cierta evolución en el feminismo. Con este libro quise plasmar situaciones que mi familia y yo vivimos en parques, en centros comerciales, en excursiones, en los colegios… solo porque mi hijo tenía el pelo largo y mi hija no tenía pendientes. 

Convertirte en madre te obliga a salir de tu entorno cuando tus hijos empiezan a relacionarse fuera de él y llegan a casa contándote lo que les ha ocurrido, ¿te produjo choques?

Yo sentía que en casa teníamos muy claro el mensaje. Queríamos ejercer ese feminismo desde el hogar, pero al salir al exterior nos encontrábamos situaciones tan chocantes como que a mi hijo le confundieran con una niña por tener el pelo largo. A mí me parecía lo más natural, pero a él le ocasionaba tener que justificar continuamente que era un niño o tener que justificar que iba de rosa porque simplemente le apetecía ir de rosa y no de rojo o de azul.

¿Tuviste dificultades a la hora de explicarle a tus hijos por qué sucedían este tipo de situaciones? 

Fíjate, fue al revés. Fueron mis hijos quienes me cuestionaban a mí. Me decían “mamá, ¿qué pasa? ¿Por qué me están preguntando estas cosas?”. Recuerdo una fiesta de cumpleaños en la que el bizcocho lo hizo su padre y decían, “¿por qué me preguntan mis amigos si la tarta la ha hecho papá o mamá? ¿Por qué siempre lo hacen sus mamás?”. Entonces nosotros le contábamos que no en todos los lugares se hace de la misma manera y que esa es la magia, que cada uno actúe de la manera que mejor se sienta. También les hemos tenido que explicar a ellas, por ejemplo, por qué no les hacíamos pendientes en las orejas. Pensamos que son decisiones que tienen que tomar cuando sea más mayores, pero no lo vamos a hacer simplemente porque sea lo que toque.

Titulas el libro “Soy pequeño y ya feminista”, ¿por qué?

Creo que ya no hay que crecer para tomar conciencia y ser feminista, sino que puedes serlo desde pequeño si tu núcleo familiar entiende que es la manera de educarte. Para mí la manera de llegar al feminismo es romper los roles sociales y desde el hogar es más fácil hacerlo.

En la presentación del libro me preguntaron por qué puse “feminista” en la portada sabiendo que es una palabra que puede generar controversia y condicionar si comprar o no el libro. En nuestra casa tenemos muchos libros y los niños y niñas siempre nos preguntan qué significa esto o lo otro. Para mí que apareciese la palabra feminista en la portada del cuento era vital para que las criaturas puedan preguntar a su familia qué es el feminismo y se pueda contestar desde la realidad.  

Dices que este libro nace de tu propia experiencia con la maternidad. Hay muchas mujeres que creen que han crecido en igualdad y que ya no se enfrentan a tantas barreras como sus abuelas, pero cuando son madres se dan de bruces contra la desigualdad…

A mí me ha pasado. Yo venía de luchar mucho, de hablar con mis compañeras, de salir a la calle a reivindicar… y cuando me quedé embarazada de un hijo, pensé ¡menudo reto! Me sentía más fuerte empoderando a mi hija que intentando que mi hijo entendiera ese contexto de igualdad que no va a vivir fuera de casa. Como madre, quiero ser feminista con mi hijo y con mi hija, aun sabiendo que partimos de diferente lugar y aunque en la sociedad nos encontremos unas leyes que no nos acompañen. Necesitaba que en casa todos y todas entendiéramos qué es el feminismo y que lo hiciéramos desde la práctica de papá y mamá y de las hermanas y los hermanos. Esto me generó un revuelo interior.

Todas tenemos claro que educar a tu hija en el feminismo es enseñarla que es igual que sus hermanos, pero educar a un hijo en el feminismo implica que él entienda que tiene que perder privilegios como hombre… 

Total. Pensar en quitar a un hijo privilegios es duro. Por eso, yo no quiero partir de que tengo que empoderar a mi hija y quitar a mi hijo, quiero partir de que en esta casa nos movemos desde el feminismo, desde la equidad y desde la realidad. Por eso yo siempre insisto en que es muy importante que el feminismo empiece en las casas y que los roles sociales los trabajemos en los hogares. Luego sales a los parques y a veces son un lugar de conflicto continuo por culpa de los adultos. Yo creo que si en casa hay unos conceptos claros, fuera va a ser todo más rodado.

La mayor parte del libro son situaciones que tú te has encontrado como madre, pero en el cuento el conflicto no se resuelve desde el enfado o desde la rectificación a otros niños, sino que les invitan a casa a jugar.
Reyes Esteban con sus dos cuentos

Claro. Es más fácil decir, pero hacer es más complicado. Mi premisa es que no te voy a decir lo que tienes que hacer, sino que te digo en qué posición me coloco yo. Vente a mi casa a jugar con mis juguetes, a ver cómo mi familia se desenvuelve… Y verás otra manera de hacer. Ahí los niños y niñas se dan cuenta de que pueden jugar con un tipi, con unas pinturas de dedo o con un scalextric y se les quita este concepto de que unas cosas son de chicos y otras de chicas. 

También acabas de publicar el cuento ‘Siempre juntas’, que habla sobre la aceptación del duelo infantil. Es un tema del que se habla mucho menos, ¿por qué decidiste escribir sobre ello?

Yo soy enfermera y trabajo en una UCI pediátrica y he vivido muchos procesos antes de ser mamá. He acompañado a muchas familias en un momento bastante crítico como es el de despedirse de su criatura porque su enfermedad terminal acaba con la muerte.

Antes de ponerme la ‘careta’ de madre lo vivía acompañando y estando presente. La maternidad me cambió esa visión de acompañamiento, pero además mis mejores amigos tuvieron una niña con una cardiopatía congénita. Al nacer, ya les avisaron que podía tener consecuencias graves, estuvo en el hospital y finalmente murió. A mí esto me removió mucho porque acompañar un duelo como sanitaria no es lo mismo que acompañar un duelo como casi familiar y esto fue un reajuste personal muy grande. 

Como profesional siempre acompañaba a la mamá y al papá en esos momentos cruciales, pero me di cuenta de que las hermanas de la criatura hospitalizada no estaban. Ellas pasaban a un segundo plano, donde les cuidaban los amigos, los familiares más directos, etc. Por eso, este cuento va dedicado a la hermana que se queda y que no puede vivir ese proceso de duelo con sus padres porque se la deja en otros contextos de cuidados. Ellas son tan importantes como el padre y la madre de la niña que se va y también hay que acompañarlas. Este cuento es también un regalo a esta familia que tanto amo.

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