Revolución educativa o la farsa feliz

El mercado todo lo puede y la ley natural hace que se autorregule, dicen. Claro que, habiendo asistido por parte del sistema financiero al asaltado de las estructuras hegemónicas de decisión frente a los gobiernos, algo hay de cierto en ello…la extorsión es un medio, según los beneficiados dentro de la ley natural, para conseguir un fin que el mercado justifica en sus procedimientos para no agitar la amenaza. No cabe, entonces, preguntarse acerca de quién elabora este tipo de argumentario al antojo de su conveniencia, saliéndose  de la regla, que parece convencer a los imbéciles, cuando la ley natural plantea debacle financiera y el estado sale al recate.

Y como el mercado todo lo puede -de ahí la fantástica y prodigiosa vertebración de canales para el consumo- había que dejar que nos cociéramos poco a poco haciéndonos creer que ciertas estructuras básicas estaban al margen de tal cuestión y la alternativa privada era una opción. Error.

Una de estas estructuras, sin duda, y siempre piedra arrojadiza según los gobiernos se han ido sucediendo ha sido y es la educación, el sistema educativo, sus modos, contenidos, fórmulas y todo tipo de exorcismos que siempre han sido eje de enfrentamiento, diferencias y plataforma ideológica.

Hacer historia de cómo a lo largo del tiempo se han ido suscitando cambios, estrategias de aprendizaje desde la república hasta hoy – por situar una línea de la que partir en el tiempo-, incluida la cesión de la enseñanza primaria a instituciones religiosas, es cosa que daría para varios volúmenes sin posibilidad de rematarlos. Sin embargo, acercándonos a las prácticas actuales desde el período de educación infantil hasta la secundaria, sin dejar a un lado el bachillerato, podemos decir sin temor a equivocarnos que ese caldero en el que nos van templando hasta cocernos mantiene un fuego constante que, en algunos casos sin haber modificado estrategias y otros haciendo uso de una particular retórica de la novedad, manipulan la opinión de familias y profesorado en un autentico requiebro de cinismo… mientras, la educación pública y sus profesionales capean el temporal asistiendo atónitos a los resultados de la “novedad” haciéndolos caer en una especie de vacío, consecuencia directa de la falta de recursos.

En efecto, desde hace algún tiempo hemos asistido a una especie de “revolución” educativa traída de la mano del universo Coach que, tan bien vendida, se ha hecho un hueco entre las familias como alternativa a lo que la gente llama educación “tradicional”, tal vez sin saber muy bien o nada de lo que están hablando y opinando.

Entiendo que mis palabras pueden suscitar cierta perplejidad, pero la realidad es la que es y para que un producto sea comprado en el mercado, nada mejor que hacer con él un buen envoltorio y convencer a las familias que, con ánimo alternativo quieren ofrecer otra manera de aprendizaje a sus hijos… todo muy legítimo, pero, tal vez, deberían saber de qué trata todo este negocio.

Y sí, digo negocio. A lo largo y ancho del espectro han proliferado como setas los adalides de la enseñanza a través del sistema cooperativo. Una maravilla. Primero, deberían saber que esta fórmula se vende. Es decir, para recibir las bendiciones de los apóstoles del cooperativismo educativo, el cuadro docente deber recibir unos cursos que, bajo el auspicio de los gurús que con el fervor del predicador televisivo  intentan convencer de los beneficios del sistema, cobran una pasta vergonzosa. También les digo -y disculpen el tono escéptico que en este caso estoy utilizando- deberían ver las caras de los y las docentes asistentes a este modelo de formación del profesorado… después de años de docencia resulta que los profesores y profesoras no tienen ni idea. El resplandor de la educación cooperativa ilumina los caminos de los “fallidos “ docentes por parte de algún que otro personal sin apenas experiencia impartiendo docencia…

En este delirio – todo muy bien explicado con pizarras electrónicas plagadas de gráficos y globos explicativos- el envoltorio es un dato a tener en cuenta. Todo es armonía, diversión y los problemas no existen. Jamás se habla de contenido, de conductas, de las familias y la diversidad. El gráfico todo lo puede, como el mercado… Seguimos, los chicos y chicas serán dispuestos en aulas con aparente buen rollo – las formas son más importante que el fondo- donde en grupos de cuatro personas, a saber: una persona de sobresaliente, dos de medias calificaciones y una de bajas o pésimas calificaciones forman dichos equipos. Y es que de esta manera cada cual ya sabe el lugar que ocupa y ocupará a lo largo de su vida.

Para colmo de males al profesorado se le advierte que cada docente es el último recurso dentro del aula; que los chicos y chicas tiene que ir aprendiendo y descubriendo de forma autónoma y no sólo eso, sino que además hay que ir dejando que cada cual decida qué quiere aprender. Para ello nada mejor que buscar en las diferentes plataformas y navegar sin rumbo por la red de redes. Pero ¡ojo! Sin condicionar, que para eso ya está Google y todos sus anuncios. Eso sí, el profesorado deberá llenar y rellenar interminables pliegos de ítems para que padres y madres vean y puedan dar fe que sus hijos están asistiendo a un colegio de pro. De vez en cuando – en un alarde de avanzadilla y creatividad- el alumnado realiza una especie de mural sobre una cartulina que explican al resto de la clase y que los gurús, que intentan convencer a los docentes asistentes al curso, les descubren como si hubieran dado con la clave de bóveda. Todo novedad.

Desde luego, estas aulas con tan buen rollo, resultan ser una especie de ensayo para la vida real. Cada uno de los y las componentes de los equipos o grupos (no vaya a confundirme en la terminología y me crucifiquen) configurados dentro del aula tienen asignadas unas encomiendas que, si el colegio es bilingüe vendrán denominadas en inglés… Speaker, material manager… que no falte el postureo. De tal forma, sólo una persona podrá hablar o dirigirse al profesor o profesora. Todo el trabajo hecho durante tantos años por el personal docente de miles de centros, generando modelos distintos de relación con el alumnado no habrá servido para nada. La confianza generada entre alumnado y profesorado, al traste y lo que es más indignante, que las nuevas fórmulas no abundan en la diferencia, en la diversidad y las causas individuales de cada cual, sino en la apariencia de estar renovando, llamando a lo de siempre de formas distintas.

Pero como decimos, para que esto tenga visos de credibilidad, el personal docente habrá de haber pasado por el cedazo de los que ostentan la hegemonía de la vanguardia. De tal forma, mucho del personal que instruye son meros coach – conviene recordar que hay una parte de instrumentación del aula y otra de activismo entusiasta ante los buenos augurios que nos venden. Instructores del entusiasmo que infantiliza al profesorado y menosprecia haciéndoles creer que hasta que ellos no han aparecido en sus vidas, la existencia de cada asistente ha sido un lugar de sombras. También sería conveniente recordar que cada uno de estos elementos con vocación de motivador, cuenta su vida haciendo ver al personal que su experiencia de ejecutivo (porque todos han sido ejecutivos, ninguno obrero de a pie) carecía de sentido hasta que vio la luz… es decir, hasta que un fracaso le hizo dedicarse al entrenamiento emocional.

Después de todo esto, resulta que hemos llegado hasta aquí siendo unos verdaderos ineptos, incapaces y faltos de toda condición para la docencia. Cabría ante esto preguntar a los y las docentes de la educación pública el tiempo que llevan implementando ideas, creatividad e innovación sin que nadie escuchara. No es nuevo nada de esto. La cuestión estriba en que hoy el producto se puede vender. O ¿Qué piensan? ¿Qué el profesorado de educación pública no tiene recursos y creatividad? Lo tienen y en cantidades ingentes, pero implementar esto en la escuela pública con un carácter donde los objetivos estén definidos y los alumnos y alumnas salgan preparados, que salen, sería matar la gallina de los huevos de oro. La diferencia entre escuela pública y privada o subvencionada no tendría línea de división y, por supuesto, los padres quieren tener la conciencia tranquila sabiendo que están ofreciendo la mejor y más novedosa alternativa a sus hijos e hijas. Poco importa si no sabemos diferenciar lo divertido de lo interesante… para acabar, un matiz apenas sin importancia… sugiero que cada cual investigue quienes son los soportes de este tipo de educación. Desde luego no son las personas que mejor conocen la educación sino empresas del IBEX 35, corporaciones financieras, grupos de comunicación y empresas de telefonía los que “venden” el producto con categoría de revolución… cuando la revolución nos la venden desde arriba, no es revolución. Investiguen.

Investiguen poque la cuenta de resultados no es favorable a este esperpento educativo. Podemos dar testimonio de ello desde las distintas universidades, donde llegan alumnos y alumnas despotricando acerca del sistema que acabamos de señalar. Alumnado que ha tenido que preparar por su cuenta los temarios. Y sí, claro que hay cosas que cambiar. Desde luego que hay factores de la educación que redefinir en su sistema, pero cuando queremos hacer de todo un juego, dulcificar lo que es imposible llevar a término sin un factor de esfuerzo y compromiso personal al lugar donde el conocimiento decanta en resoluciones y concluye en avances, el método es erróneo y torticero.

Cuando desde estos sectores de la “revolución ”educativa denominan “tradicional” determinado tipo de sistema educativo distinto al que nos venden, deben saber que hay mucho de animosidad en la insistencia con la que arrojan estos términos. Nada mejor que polarizar para hacerse entender. Y yo insisto, dentro de lo que estos vendedores de humo llaman tradicional, hay mucho de lo que ellos mismo venden; mucho de esfuerzo por parte de docentes públicos que han ido implementando experiencias, trabajos en grupos, disposiciones de aula, conocimiento, vocaciones regaladas al alumnado, objetivos de formación e igualdad, todo, sin el reconocimiento a este esfuerzo. No, no se fíen de quienes nos venden una revolución por la que hay que pagar, por una revolución que no iguala al resto y que en la diversión tiene la estrategia, por una revolución financiada y propagada con eslóganes desde las empresas más voraces. A cambio, propongo más recursos al profesorado de la educación pública, menos ratio por aula, más dotación e infraestructuras a los centros públicos… si esto ocurriera la revolución estaría en marcha. De los informes pisa sobre educación hablaremos otro día…