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Respetar la vida animal y humanizar la nuestra

La historia, la memoria y el recuerdo

La temporada de caza termina a principios de febrero. La caza no me ha interesado nunca. Para los que están a favor, es fundamental para garantizar la presencia de un número equilibrado de animales soportable para el territorio y ecosistema donde habitan. Para los no partidarios, la caza significa una destrucción del equilibrio natural del ecosistema.

Los humanos han practicado la caza desde la prehistoria. Los primeros grupos humanos se servían de la caza, junto con la pesca y la recolección, para poder subsistir.

Mis recuerdos de la infancia en Albacete me traen a la memoria que criábamos en la casa de campo gallinas, conejos y cerdos que luego formaban parte de nuestro plato del día. También cultivábamos panocha o mazorca de maíz, que eran un complemento alimenticio en aquellos años de mi niñez. También cazábamos pajaritos con escopeta de perdigones. Eran otros tiempos en los que buscarse la comida era una necesidad. Hoy la caza es otra cosa.

En febrero también se celebra el día mundial del galgo, uno de los animales que se usan para cazar. Muchas veces son abandonados y malheridos, después de que concluye la temporada de caza. Este hecho es el segundo motivo de abandono de perros en España: miles de galgos son abandonados cada año en España. Estos animales son utilizados como herramientas de trabajo y el que no vale se desecha. Estos perros a veces son encontrados y llevados a sociedades protectoras de animales para que puedan tener una mejor vida. No siempre tienen esa suerte. Mas del 10% de los perros son abandonado al terminar la temporada: ya no les sale rentable mantenerlos, no sirven para cazar o simplemente ya no los quieren.

España es el único país de la Unión Europea que permite la caza con perros.

El abandono de animales cuando ya no nos sirven supone un desprecio a la vida.

El maltrato animal está castigado y no hay una conciencia social generalizada en contra de esta práctica habitual en algunos sectores. Si aprovechamos el día de más que nos regala este febrero (al ser año bisiesto) para aprender a respetar a los animales, seguro que nos miramos en el espejo de nuestro comportamiento con los humanos y posiblemente comprendamos que respetar la vida de estos seres vivos es un método sencillo para humanizar nuestra existencia.

A veces, cuando decimos a una persona “eres un animal” significa que se le está llamando bruta o agresiva, sin darnos cuenta de que nosotros, los humanos, también somos animales. Racionales, dicen algunos.

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