¿Por qué lo importante es el ‘gran hermano’ de todos los días?

Acaba de ponerse en marcha la Reforma Laboral, la ley más importante de toda la legislatura. Otra vez Vox en Castilla-León, es el partido que más crece y se hace imprescindible para gobernar con el Partido Popular (que es quien ha ganado las elecciones), sembrando odio, xenofobia, homofobia, racismo… Se está negociando la Ley de Justicia Fiscal, la primera que pone las bases para que los que más tienen más paguen. La Comunidad de Madrid acaba de presentar a aprobación (y aprobarán) la Ley Omnibus que modifica más de 50 normativas, algunas como la Ley del suelo, para que especulen cuanto quieran, la Ley del Juego para desproteger aún más a los menores, o la creación de una Agencia Sanitaria para terminar de privatizar la Sanidad Pública. Se está librando una guerra ‘testosterónica’ entre Rusia y Estados Unidos, en teoría por el control de Ucrania, pero nos usan como rehenes a todos los europeos, etc. Esto por poner algunos ejemplos que son cruciales para nuestro futuro inmediato y a largo plazo.

Pero aquí lo único que importa es ‘el gran hermano de todos los días’ versus cotilleo, banalidades, vivir la vida de los otros, simplezas…, bronca y más bronca.

De la ley de reforma laboral, a pesar de su importancia, no se habla, solo importa si un diputado votó bien o tenía el dedo torcido, cómo desacreditar a la presidenta de la Cámara de Diputados o cómo machacar al Gobierno. En las elecciones de Castilla-León no se ha hablado sobre cuáles son los intereses y de quién, para convocar unas elecciones innecesarias y muy costosas; tampoco de los programas de quienes se presentan o de cómo quieren gobernar esta región. Solo importan las fotos con vacas, cerdos u ovejas, o de las declaraciones del ministro de Consumo en un intento de desprestigiarle. La nueva Ley Omnibus pondrá ‘patas arriba’ toda la estructura política y administrativa y resta competencias a la Cámara de Diputados de la Comunidad de Madrid, adjudicando las tareas de Sanidad a la Agencia que crearán, dirigida solo por el Gobierno de Ayuso, y las diputadas y diputados nada pueden decidir. En el conflicto de Ucrania, la Unión Europea es prácticamente un ‘convidado de piedra’, la OTAN la maneja EEUU y son ellos quienes se miden con los rusos, los europeos solo somos rehenes, aunque no nos demos cuenta de ello…

Ahora se destapa el conflicto larvado desde hace tiempo entre Casado y Ayuso, Presidente del Partido Popular y Presidenta de la Comunidad de Madrid, del mismo partido. Se presenta como una lucha personal por el poder y se nos olvida que, una vez más, en el PP se evidencian sus artimañas para usar el poder público para sus propios negocios y que, descaradamente, los ocultan (así lo hace P. Casado) hasta que interesa sacarlos para derrocar a su competencia en la dirección del partido. Mientras, I. Ayuso (encubriendo a su hermano) practica su tan manida ‘libertad’. Conductas éticamente muy recriminables, si no delictivas.

Pero todo esto, la ciudadanía lo vive igual que sigue día tras día los programas de Gran Hermano, La Isla de las Tentaciones, Supervivientes, Mujeres hombres y viceversa, Sálvame de lux, etc. Pegados a la pantalla de los televisores, viviendo la vida de aquellos que aparecen, y esperando al programa siguiente para ver telebasura de nuevo. O las nuevas tendencias que marcan los youtubers, en el caso de los más jóvenes.

Y de todo esto, los principales responsables son los medios de comunicación, periodistas que se pliegan a los criterios que les imponen los dueños de los medios para los que trabajan, cuyas motivaciones son siempre económicas (lo que más audiencia atrae), ni siquiera ideológicas, casi nunca el dinero. Y el negocio tiene ideología. Lo importante no importa, el objetivo no es informar, contar la verdad, sino lo que los estudios pronostican que más audiencia atraerá. La verdad y la ética periodística se ha reducido a su mínima expresión.

La pena es que, para la derecha, tampoco la política tiene ideología (aunque parezca contradictorio), las siglas son una marca, como cualquiera otra de las de ropa o aparatos electrónicos. Se promociona la marca, si es necesario camuflando la realidad o mintiendo, siempre para vender más o, en este caso, para conseguir el poder y controlarlo todo, el negocio viene por añadido.

JuanM del Castillo