El cambio climático ya lo tenemos aquí. Allá quedaron las predicciones que durante décadas nos advirtieron los científicos y ecologistas.

Todo se está cumpliendo.

Se está llegando a altas temperaturas jamás vistas en el mundo, incluso en España, con lo que eso supone: incendios, perdidas de cosechas y biodiversidad, olas de calor, fenómenos atmosféricos explosivos, sequias, inundaciones, hambrunas…

El Ministerio de Sanidad estima en 2.124 muertes atribuibles al calor sólo en el mes de julio.

Ya es imprescindible tomar medidas drásticas contra las fuentes de gases de efecto invernadero. Y han de tomarlas nuestras autoridades a nivel planetario, nuestro Gobierno nacional de coalición, nuestra Comunidad de Madrid, nuestro Ayuntamiento de Rivas, y también, cada uno de nosotros y nosotras. Veamos:

El calentamiento global del planeta es producido, como todos sabemos, por los efectos invernadero de los gases contaminantes. El mayor porcentaje de culpabilidad de los gases lo tiene el transporte, seguido de la industria y la producción eléctrica. Más lejos se sitúan la agricultura, residuos y otros.

Así pues, nuestras autoridades tienen que dictar medidas urgente y drásticas, en primer lugar contra el transporte de combustión. Muy tímida es la decisión del Parlamento Europeo de prohibir la matriculación de vehículos de combustión para el 2035. Más apropiada es la prohibición de Noruega que la fija en el 2025. En este país, en la actualidad, la venta de vehículos de combustión no llega ya ni al 10%, el resto son eléctricos.

España debe ser pionera en esto, y acercarse a los planteamientos de Noruega. ¡Ojo! si la iniciativa privada no responde con la instalación de electrolineras, debe ser la iniciativa pública la que asegure que en toda la red de carreteras de España deben existir cargadores rápidos solares de última generación, como así lo están haciendo ya en algunas comarcas de EE.UU.

Hay que volcarse en el tren eléctrico, tanto de pasajeros como de mercancías, recuperando la red secundaria ferroviaria y dejarse de costosísimas líneas de AVE.

Es obvio que también hay que intervenir urgentemente en el sector eléctrico, y no sólo por la estafa en los precios. Debe ser la iniciativa pública la que llene de placas solares cualquier edificio que se levante en suelo español. Los ayuntamientos tienen mucho que hacer sobre esta materia. Estamos en condiciones de producir la electricidad que necesitamos con fuentes 100% renovables, como ya lo hace desde hace años, otra vez Noruega.

Hay que legislar también para que la industria, sobre todo la construcción, utilice materiales que al producirlos no emitan gases de efecto invernadero. Es hora de legislar urgentemente para reducir al mínimo los fertilizantes y productos químicos que se utilizan en la agricultura y cuya producción emiten gases de efecto invernadero.

El apoyo económico a la agricultura ecológica es vital. También en esto el Ayuntamiento tiene mucho que hacer. Nuestros gobernantes deben de ordenar plantar millones de árboles, que absorban el dióxido de carbono de la atmosfera, y cuidarlos todo el año recuperando a los pastores y sus rebaños de ovejas y cabras, para no dejar pasto seco en el verano.

Nuestras ciudades tienen que ser reestructuradas, ofreciendo un transporte público eléctrico eficiente y grandes espacios verdes y peatonales.

Hay que ofrecer sustanciosas ayudas a la rehabilitación y aislamiento de las viviendas, haciéndolas más sostenibles.

Y hay que legislar sobre los envases y envoltorios para reducir los residuos a cero y prohibición de la incineración.

Y mientras tanto: asegurar un salario mínimo vital decente a todas las personas con bajos recursos.

Pero también nosotros y nosotras, desde nuestra vida diaria, podemos combatir al cambio climático. En muchos casos, el poder del consumidor realiza cambios que los gobernantes no se atreven a realizar:

Contratemos la energía con comercializadoras que nos aseguren el 100% de su producción renovable.

Fijémonos en el origen de los productos que consumimos y asegurémonos de que están producidos cerca de donde vivimos, así reduciremos los viajes de los productos por todo el planeta y además favoreceremos el empleo en nuestra región. Es inaudito que nueces y lentejas viajen de EE.UU hasta aquí y las sigamos comprando.

Reduzcamos nuestro consumo de carne en nuestra dieta y consumamos alimentos ecológicos libres de pesticidas y de temporada.

Viajemos menos en avión y menos en vehículo privado y más en transporte público eléctrico.

Reduzcamos al máximo los productos que compramos de plástico o envueltos en él. No olvidemos que estos materiales son producidos con derivados del petróleo.

Reutilicemos, reduzcamos, reciclemos todos nuestros residuos.

Les dejo con una parte del texto del informe publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático: “La respuesta mundial a la COVID-19 demuestra que los gobiernos pueden actuar de forma decisiva y drástica ante las amenazas mundiales inminentes. Necesitamos la misma energía y acción para combatir el cambio climático ahora, y necesitamos que llegue a las comunidades más vulnerables, al clima de todo el mundo para que tengan las herramientas y la financiación necesarias para anticiparse y gestionar los riesgos”.

José Manuel Pachón López