Ante el estrépito absoluto que supone la caída, casi a cero, acerca de las posibilidades para que un artista plástico tenga la oportunidad de desarrollar su trabajo de forma remunerada, la lógica nos advierte que deberíamos acercarnos a la realidad en la que nos encontramos.

Todo es un gran escenario, un apogeo continuo de frases y citas, en el mejor de los casos relamidas, que vienen a señalar la indumentaria frenética y estéril que vestimos sin que nadie haga absolutamente nada. Teniendo localizados un manojo de focos de atención, que nos someten aún más en una especie de terreno plomizo despachando miedo, la verbena de los días felices y la prosperidad casi con rango de normatividad, se ha instalado aburriendo al personal de manera soberana. El problema es que, parece ser, que fuera de eso no existe nada.

Volvamos a las artes plásticas comenzando  por decir que, desde la propia institución que forma a los universitarios que se graduarán con el mismo rango que en cuales quiera de otras facultades, algunas de las fórmulas que jalonan el contenido de los estudios vienen a situarse en una ubicación que cercena la posibilidad de preguntarse  de qué narices van a vivir estos futuros titulados y tituladas. La cosa no es menor porque las prácticas van dirigidas a establecer la producción artística como si estuviera financiada de antemano, que no lo está. Y cuando esto parece resuelto, que no lo está, nos hallamos ante la tesitura de una pesada broma en forma de inexistencia de canales y modus operandi para el desarrollo de las respectivas carreras profesionales. 

La institución, cualquiera que sea, se ha doblegado y dejado tentar por la fórmula curatorial que ha anegado de fango todo el espectro artístico. Es decir, los y las artistas no tienen nada que decir más allá de estar esperando en las colas del hambre a echar el guante a algún “padrino” que valide el trabajo que no conocen. Perfecto.

Claro que la institución (pública o privada) se encarga de programar de forma sistemática experiencias inmersivas (bien producidas toda hay que decirlo) pero que no ponen de relieve la realidad de las artes plásticas del presente. La fórmula curatorial, directamente, ha aniquilado el mundo del Arte. Nadie habla de artistas, no existen, no comen, no viven… salvo durante una semana cuando ARCO se deja ver y propone escenas verdaderamente dantescas fuera de toda reflexión o debate… será que algunos encuentran padrinos. Porque, no hay que olvidarlo, hoy cualquiera puede ser artista, no vayamos a cercenar la creatividad del indocumentado y se nos frustre…

Vamos a ver, si la mediocridad absoluta y la falta de criterio es un valor, estamos ante el mejor de los escenarios. Cuando a la gente en lo individual se le hace pensar, se cansa, se agota, se dispersa… mejor proponerles diversión, glamour, encuentros fortuitos y lugares fuera de toda utopía para poder autorretratarse frente o ante la mamarrachada que suscitará opinión en redes sociales. Lo comprensible y absurdo, es accesible a cualquier inteligencia machacada a propósito por quien tiene una cabeza sobre los hombros, la grandilocuencia de los fastos, a veces, un lugar abierto en el que el estúpido se inviste de la tendencia del momento; mientras, en las escuelas se apuesta por la eliminación de las áreas artísticas y lo que queda de ellas, como ocurre en otras áreas de conocimiento, tiene que se divertido. Cuando se confunde diversión con disfrutar estamos perdidos.

Los estudiantes que han apostado por las Bellas Artes como puerta para proyectar su vida, asisten impotentes a una debacle de la que apenas alcanzan a ver las cenizas. Apuran con preguntas al profesorado acerca de su futuro…No hay un lugar. Y no lo hay porque desde las propias instituciones se advierte que aquí, en España, el Arte sólo es posible en las programaciones oficiales. La industria, si es que queda, es residual, nada a tener en cuenta y desacreditada por los chiringuitos estratégicamente otorgados. Ante esta realidad, no busquen arte, no compren arte. El Arte y la cantidad de gente que hoy trabaja a diario en su obra es una ilusión, no existen. El profesorado a más de animar y ofrecer posibilidades que sabe de ante mano que no son ciertas, se afana en cambiar el rumbo de alguno de ellos y ellas dejando entrever la puerta del diseño como alternativa. Porque ahora todo es diseño, todo como si nadie lo hubiera hecho, muy limpio, muy aséptico, muy impersonal pero caro, muy caro… que cambien el pensamiento por producto, lo importante por lo necesario y habremos dejado asolado el presente de nuestra propia arqueología estética.

Juan Antonio Tinte