Conseguir la suficiente energía para el presente y el futuro a través de energías renovables, así como acabar con la dependencia de los combustibles fósiles y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, es todo un desafío, para ello, la transición energética se presenta como el camino hacia la transformación del sector energético global de fósiles a cero carbono para la segunda mitad del siglo XXI y conseguir paliar el cambio climático y el calentamiento global.

Dentro del Pacto Verde Europeo que impulsa la Comisión Europea, vemos como se ha dado un impulso notable a las energías renovables, especialmente en el ámbito del sector eléctrico (aunque no únicamente) como uno de los principales vectores para descarbonizar el mix energético.

La UE es pionera en la expansión de la energía solar ya ha tomado medidas significativas para impulsar el mercado y hacer que las tecnologías sean más accesibles para que los consumidores puedan instalar placas solares, particularmente a través del paquete Energía limpia para todos los europeos. Este tipo de energía se ha convertido rápidamente en una de las tecnologías más baratas para la generación de electricidad en todo el mundo. Entre 2009 y 2018, los costos de producción disminuyeron en un 75%.  Se espera que el mercado solar continúe creciendo, haciendo de la capacidad solar una piedra angular de la transición a las energías limpias, suponiendo los Fondos Europeos un importante impulso en este crecimiento para los próximos años.

Si bien, el impulso de las energías renovables en Europa es una cuestión fundamental, empezamos a observar un problema no previsto hace unos años, que debe llevarnos a una reflexión crítica del sistema que se ha empezado a imponer, en una suerte de Capitalismo Verde protagonizado por los mismos oligopolios energéticos de siempre.

En Andalucía, sin ir más lejos, están proliferando las solicitudes de parques solares fotovoltaicos. Más de 300 proyectos están encima de la mesa y plantean unos 13.000 megavatios de energías renovables, pudiendo en un futuro próximo, promoverse otros 11.000 MW. Si tenemos en cuenta que cada MW de potencia instalada viene a ocupar de media unas dos hectáreas, la superficie transformada por los parques solares fotovoltaicos alcanzará una magnitud de decenas de miles de hectáreas, más de 50.000, lo que supondría una transformación sin precedentes del paisaje y el campo andaluz.

El pasado año 2020, desde la Junta de Andalucía se trabajó, tras la petición de numerosos ayuntamientos, en la elaboración de un borrador de Instrucción que pudiera ordenar y normalizar la evaluación ambiental de los innumerables proyectos de instalaciones fotovoltaicas para tratar de hacerlos compatibles con la conservación de la biodiversidad.

Esta guía, que entraba en vigor en enero de 2021, recogía un mapa que dividía Andalucía por zonas en tres tipos de áreas para instalar parques solares en función de su compatibilidad con la protección del medio ambiente y preveía una reclamación a los promotores de 500€ por hectárea ocupada como medida medioambiental compensatoria. Sin embargo, la Junta de Andalucía tras reunirse con el sector empresarial ha decidido retirarla, lo que a todas luces supone una cesión y una rebaja de la necesaria ordenación y regulación de los proyectos para garantizar la conservación del medio y el paisaje en el campo andaluz y para no convertir la tan ansiada transición energética en una nueva burbuja como lo fue la burbuja del ladrillo.

Si queremos producir energías limpias tenemos que explorar antes terrenos humanizados, cercanos a las poblaciones, allí donde se va a consumir, bordeando las carreteras, lugares donde se vea que no hay tantas afecciones medioambientales; y sobre todo mientras quede un solo tejado libre, mientras quede una sola hectárea libre disponible en nuestros tejados o un invernadero en el que no se actúe, no se debería permitir colocar este tipo de instalaciones en el medio natural.

Nos tememos que este proceso de desarrollo de energías renovables no se está produciendo desde un prisma de sostenibilidad ambiental, sino como un mecanismo de supervivencia de estas grandes empresas para mantener su statu quo de poder económico e influencia institucional. Vemos, por tanto, un interés económico detrás de esta estrategia, y una lógica de mercado capitalista.

La transición ecológica no puede quedarse en una mera sustitución de tecnologías fósiles por tecnologías renovables. Por lo que habría que apostar por la generación distribuida y descentralizada en pequeñas instalaciones renovables, que permitan una mayor compatibilidad con la ordenación del territorio, por su proximidad a los centros de consumo, reduciendo las pérdidas de transporte, así como una mejora de la eficiencia energética y la reducción del consumo energético que no suponga continuar con el derroche actual.

Son muchos los casos en distintos municipios que están viendo con desesperanza, como la necesidad de apostar por las energías renovables se está volviendo una amenaza para sus potencialidades agrícolas, paisajísticas, culturales y turísticas, por ello, están estudiando las posibles medidas urbanísticas que puedan desarrollar.

Todo ello, desde una Estrategia de Energía, a partir de la cual de manera planificada, ordenada, podamos sacar todo el potencial que tiene nuestra tierra para ser pioneros, líderes en la apuesta por la transición energética, desde el cuidado a nuestro patrimonio medioambiental, paisajístico y económico; con la que lograr la independencia energética, la generación de empleo verde -estable y de calidad- y cumplir con nuestros compromisos en un escenario de emergencia climática.

Extracto de PNL tratada en el Parlamento de Andalucía

https://sig.mapama.gob.es/geoportal/