Una gran diferencia entre la izquierda y la derecha es el cómo gestionar los servicios públicos.

La izquierda busca gestionar públicamente los servicios públicos.

Hay muchas razones para ello. En primer lugar, es mucho mejor que el beneficio que pueda llevarse una empresa privada por la gestión, quede en manos del erario público y sirva para aumentar la calidad del servicio. En segundo lugar, convocando oposiciones libres, conseguimos salarios dignos al personal que tendrá que atender los servicios. La gestión de un servicio púbico se deteriora cuando el personal que lo atiende tiene un salario de miseria y además temporal.

El economista Eduardo Garzón, hermano de nuestro vecino y ministro Alberto Garzón, suele defender que : “La gestión municipal de los servicios es siempre más barata y eficiente. Los servicios funerarios madrileños, remunicipalizados en época de Carmena, ofrecen en la actualidad un superávit anual de cuatro millones de euros mientras que cuando eran gestionados por una empresa privada perdían cerca de medio millón. Además, la legislación española favorece la gestión pública, pues los servicios municipales no pagan el IVA ni el impuesto de sociedades.”

La derecha, en cambio, defiende la gestión privada de los servicios públicos. Es lógico, muchos dirigentes de estos partidos tienen grandes intereses en empresas que contratan con la administración.

La estrategia para llegar a la gestión privada es empeorar el servicio público, reduciendo personal y calidad del servicio. Cuando la ciudadanía ya está harta del mal funcionamiento del servicio, es momento de privatizar la gestión.

Pondré dos casos muy sonados y de rabiosa actualidad: la EMT y la sanidad madrileñas.

El Ayuntamiento de Madrid ha aumentado  considerablemente la renovación de la flota y ha nombrado más de cien  cargos directivos.

A estos gastos hay que sumar los regalos que el Ayuntamiento ha hecho a los usuarios, poniendo el transporte gratuito durante bastantes días, coincidentes con el comienzo del curso o la vuelta de la semana santa. Y cómo no, también le ha afectado  la subida del combustible.

Como el Ayuntamiento de Madrid se niega a subir el billete o aumentar los ingresos, pretende cuadrar las cuentas recortando turnos del personal en talleres,  líneas y frecuencias. De ahí que empiecen las protestas del personal laboral y de los propios usuarios por las líneas y paradas  suprimidas y disminución de frecuencias.

Si sigue gobernando el PP en la ciudad de Madrid, muy pronto veremos que la EMT acabará siendo privatizada.

La Sanidad Madrileña la sufrimos más cerca.

Cualquier persona se siente desamparada ante el teléfono, cuando durante horas intenta conseguir una cita sanitaria y le contestan con “todos nuestros operadores están ocupados, llame más tarde”. Cuando conseguimos cita, ya nos hemos curado, o lo que es peor, nuestra salud se ha deteriorado. Y es lógico, la Comunidad de Madrid arrastraba carencias históricas de personal sanitario, que se agudizaron con la pandemia.

Aun así, el Partido Popular, en esta ocasión desde la Comunidad de Madrid, despidió hace unas semanas  a 6.000 sanitarios y dejó la sanidad madrileña al borde del colapso.

Cumpliendo el manual neoliberal: Reducción de personal, empeoramiento del servicio, y… desvió a la privada.

El grupo ciudadano “Audita Sanidad” ha publicado un informe donde asegura que el sector privado absorbe uno de cada dos euros del dinero destinado a la sanidad pública madrileña. Tomando datos de la propia Consejería de Sanidad, denuncian que “se están entregando demasiados segmentos de la sanidad pública a la sanidad privada, decisiones políticas e ideológicas orientadas a transferir recursos desde el sector público al privado”.

La izquierda debe explicarle esto a la ciudadanía, y proponer alternativas, es decir, defender la gestión pública como única garantía para que los servicios públicos sean eficaces y puedan llegar a toda la ciudadanía. Es más, la izquierda debe dar ejemplo, y allí donde gobierna, debe explicar que “sí se puede” defender los servicios públicos y “sí se puede” mejorar su eficacia y por tanto, la vida de la gente. Hay muchos gobernantes de izquierda que lo están haciendo y así nos lo hacen saber con sus publicaciones.

Pero, ¡ay! En Rivas, donde lleva gobernando la izquierda más de 30 años, muchos servicios públicos siguen en manos privadas. Año a año se abren nuevas licitaciones para que las empresas pujen por la gestión de nuestros servicios públicos: el deporte, las piscinas, el polideportivo del Barrio de La Luna,  la atención a nuestros mayores, la gestión de las multas, las actividades culturales, los servicios sociales, la atención al ciudadano, parte de la escuela de música..

La última gran estafa del gobierno municipal de Rivas ha sido la municipalización de la escuela infantil Pippi Langstrump. El Gobierno municipal ha sacado pecho en todos los medios de comunicación, al conseguir la titularidad que antes detentaba la Comunidad de Madrid. Ahora publica la licitación de la privatización de la gestión del  servicio durante los próximos cinco años y por tres millones y medio de euros.

Esta Izquierda Unida de Rivas de ahora no es ni la sombra de aquella que hace décadas creó Rivamadrid, una empresa pública municipal para poder mejorar la gestión de los servicios.  ¡Una verdadera pena!

Les dejo con unas palabras de Héctor Illueca Ballester, Doctor en Derecho e inspector de Trabajo y Seguridad Social. Profesor de la Universidad de Valencia:

“la externalización de los servicios públicos ha sido un instrumento decisivo para la extensión y consolidación del neoliberalismo. Desde los años 90, las políticas de austeridad y la supuesta ineficacia de lo público han servido de pretexto para transferir al sector privado la gestión de importantes servicios públicos. Por supuesto, los ayuntamientos no fueron ajenos a este proceso y emprendieron la externalización de numerosas áreas de gestión municipal”

 José Manuel Pachón López