OPINIÓN

Para que no gane el mal en el mundo

Todo lo que pienso en mi vida es para que no gane la mentira en el mundo. Todo lo que trajino, todo lo que me da ánimo o me da vida o todo lo que hago es para que no gane la mentira en el mundo. Además, todo lo que no consiento o sigo o ayudo es sólo para que no gane la mentira en el mundo.

Eso está claro; pero tengo que concretar racionalmente que mentira es sólo lo que no ayuda a la razón aunque sí lo parezca, lo que no ayuda a los principios éticos aunque sí lo parezca, lo que no ayuda a respetar a la Naturaleza aunque sí lo parezca y lo que no ayuda a una digna vida-inteligencia aunque sí lo parezca.

Sí, el principal obstáculo aquí es que absolutamente siempre los seres humanos (durante toda la historia) han hecho “apariencias”, han hecho “montajes” o desinformaciones en torno a algo, han hecho “relatos” o “ciencias” o “formas-estéticas” o bulos en torno a algo. O sea, han sido despreocupados, descuidados o irresponsables en cuanto a que no beneficien al fin a ninguna apariencia y sí a la razón como único lenguaje “no manipulable” e imparcial. Obvio.

En total evidencia, mentira es el producto o el camino despreocupado por el bien o por la verdad (racional), mentira es el hecho verbal o la construcción lingüística o el discurso en donde se facilitan las confusiones y las contradicciones; mentira es, en definitiva, absolutamente todo si ya no tiene ni mantiene un cuido suficiente por la razón (o por quien tanto la desarrolla en el mundo).

Así, ninguna injusticia ya jamás la hará pasar nadie por justicia, ningún falso valor ético ya jamás lo hará pasar nadie por verdadero valor ético, ninguna confusión o irracional mensaje ya jamás lo hará pasar nadie por válido, ¡exacto!, ni ningún apego a un mal (o complicidad con él) ya jamás lo hará pasar nadie por bueno o respetable.

Lo importante es que, una mentalidad que objetivamente rechaza la mentira, lo que consigue es que no gane la mentira en el mundo y ya sí cualquier bien y nunca el mal. Pero, tal mentalidad digna, ha de tener por seguro un camino que garantice siempre que va a ayudar de verdad al equilibrio o a la racionalidad, ¡eso es!, un camino librado y avisado de incontables apariencias, dualidades morales, falsedades, puertas giratorias, fanatismos, confusiones y desinformaciones que se crean en una sociedad competitiva ya proclive a casi todos los males.

Lo importante, para que no gane el mal en el mundo, es que precisamente tú no seas ya irracionalidad misma (escuchando sin parar en todos sitios a sólo desinformación-irracionalidad), sí, como vil sirviente de ella, de la irracionalidad (la madre pura de la irresponsabilidad), que es la que de verdad no permite ya ningún bien, ni ahora ni mañana.

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