Almudena Ruiz aún se emociona cuando recuerda que comenzó a montar en bici guiada por su padre. Quizá sea también el recuerdo de muchas niñas, sin embargo, su historia tiene muy poco de común. Con 40 redescubrió la pasión de las dos ruedas y no se ha vuelto a bajar del sillín. Desde entonces, todo han sido ascensos hasta coronarse campeona de España de ultraciclismo en categoría relevo junto a su compañera Beatriz Manero. Ahora su próxima meta es Montmeló.

Pero en esa ruta hay otra parada importante para ella: conseguir que muchas mujeres más se enganchen al ciclismo. Su victoria más agridulce la ha firmado cuando se ha subido al podio y no ha tenido otras compañeras con las que abrazarse. Por eso, es una de las lideresas del proyecto Woman in bike, que ha impulsado la Federación Española de Ciclismo. Almudena es una de las encargadas de guiar las quedadas de grupos de mujeres que quieren subirse a la bici, pero no se atreven a dar solas el primer paso. Presume de resultados: comienzan pisando tierra con ruedines y acaban “volando solas”. Hablamos con esta vecina de Rivas sobre todo lo que le ha aportado el ciclismo y, también, sobre lo que le puede aportar a muchas otras mujeres.

¿Cómo fue tu primer contacto con la bici?

Me emociono al recordarlo porque me enseñó mi padre. Mis padres son de un pueblo de Córdoba al que íbamos todos los veranos. Yo nunca había tenido bici, la bici la tenía mi hermano, que era un chico, y era mayor que yo. Pero en la casa de mis abuelos un primo se dejó una bici y un verano mi padre me preguntó si quería que me enseñase. Yo a mis hijos les he enseñado a montar en bici desde pequeñitos, con ruedines, poco a poco… pero yo en ese momento tenía ya 12 años y la bici era de adulto, me quedaba grande y solo tenía frenos delanteros.

Llegué a Madrid con las rodillas destrozadas pero encantada de la vida, aunque después de ese agosto no volví a coger una bici.

Y no comienzas a montar en bici de forma habitual hasta mucho después.

Hasta la crisis de los 40 (risas).

La crisis de los 40 me llegó como un “pepinazo” enorme. Fue una crisis existencial donde empiezo a plantearme quién soy. Soy madre, esposa, hija, trabajadora… pero, ¿quién soy yo más allá de ser el “algo” de “alguien”? En medio de esta crisis empecé a salir a andar, luego a correr y, cuando me cansé de correr, decidí comprarme mi primera bici y realicé mi primera salida: desde el supermercado de Pilar Miró hasta el Miguel Ríos.

Esos fueron mis primeros tres kilómetros de bici. Tras esta primera salida, animé a mi marido para que rodásemos por caminos más complicados y fui aumentando la distancia de las salidas poco a poco, hasta que un día decidí apuntarme a una de las quedadas de Cristina García Pulido.

Esta quedada es tu primera salida en grupo a montar en bici, ¿qué te aportó esta experiencia?, ¿qué ventajas tiene practicar este deporte en grupo frente a hacerlo individualmente o por parejas?

Pues mira, en ese momento, yo había recorrido, como mucho, unos 20 o 30 kilómetros de una sola vez. Apenas sabía cambiar de marchas, por lo que no tenía ni idea de kilómetros ni de desniveles. Me apunté a una ruta desde Arganda a Chinchón ida y vuelta. Cuando terminé, me dolían hasta las pestañas, pero la experiencia fue maravillosa porque la gente que estaba en esa quedada era encantadora. Una de las cosas que tiene Woman in bike es que se va al ritmo del más lento o si no se espera al más lento por eso el eslogan es “rodamos juntas”. Yo iba constantemente la última, pero siempre encontraba en cada curva o en cada cambio de rasante a una compañera esperándome.

Tras esa experiencia, continúas saliendo en bici y en 2020 haces curso de “lideresa”, ¿en qué consiste esa figura?

Es un curso de la Federación, que realizas online, y que una vez terminas, firmas un contrato de voluntariado y puedes comenzar a organizar tus propias quedadas. Dispone de un programa de incentivos para el desarrollo de esas actividades de fomento del ciclismo.

 ¿Y en qué momento te interesas por el mundo de la competición deportiva?

Tengo un primo le pasó como a mí con los 40, pero cuando él tenía 35. Comenzó a coger la bici y eso le cambió completamente. Empezó a hacer locuras, como hacer una carrera llamada “Madrid-Lisboa”, que es un recorrido que comienza en las Rozas y donde tienes que llegar a Lisboa en menos de 55 horas. Nosotros fuimos de asistencia a muchas de esas carreras hasta que en 2019 nos inscribimos en un equipo de tres, mi primo, mi marido y yo, en Cheste. Esa fue la primera vez y quedamos terceros en la categoría. Después vino la pandemia.

Hay un mayor número de mujeres que compiten en individual que en la modalidad de equipos. ¿Es complicado encontrar compañeras de equipo para afrontar estas competiciones?

En el caso de las mujeres es más complicado encontrar compañeras para competir por equipos. Por ejemplo, este año mi compañera Bea no puede acompañarme a Montmeló por un compromiso familiar y a mí me está costando encontrar una mujer que venga conmigo. La preparación, el compromiso y la compatibilidad que requiere la competición por equipos es elevada.

La competición individual, en cambio, es mucho más sencilla. Vas tú sola, haces lo que quieras o necesites en cada momento, llegas hasta donde llegues sin que otra persona dependa de ti, no tienes que organizar nada con nadie, no tienes que depender de nadie…

Almudena Ruiz, con su bici de montaña en el Cerro del Telégrafo

¿Dirías que es un deporte más masculinizado que otros?

Este año me he sacado el título de árbitro autonómico de ciclismo y durante todo este año he estado acudiendo a carreras como auxiliar arbitral para aprender. Son carreras donde van desde los pequeñitos hasta los máster 60. En las categorías de los pequeños, aunque no hay la misma cantidad de chicos y de chicas, sí hay un número de niñas muy importante.

En cuanto llega a cadete y junior, el número cae en picado. Quedan muy pocas y las que quedan son las que consiguen llegar a sub23, pero es muy minoritario. Sigue habiendo una brecha.

A eso hay que sumarle que profesionalmente pasa como en el fútbol. Hay pocos patrocinios. Ahora comienza a estar de moda y es cierto que hay marcas que están apostando porque ven que hay un nicho de mercado. Se ha creado ya el Tour femenino y se ha creado la Vuelta. Esto es muy importante.

Si hay más mujeres arriba, habrá niñas más abajo que quieran seguir y apostar por el ciclismo, pero no es fácil.

¿Y ahí qué objetivos se marca Women in bike?

Visibilizar el ciclismo, fundamentalmente, el ciclismo femenino. Mi experiencia y la de las mujeres que yo he llevado es que hay sensaciones compartidas, como no salir porque no quieres ir sola y los grupos que conoces son de hombres.

Piensas que es difícil acoplarse cuando estás empezando porque no vas a seguir su ritmo.

Para mí, Woman in bike es darle a las mujeres ese empujón para iniciarse. Se quitan los ruedines y van ellas solas. Crean sus grupos y van haciendo sus quedadas con otras que tienen más o menos el mismo nivel. Para mí eso es lo bonito: ponerle los ruedines y que ellas poco a poco se los vayan quitando y vuelen solas.

¿Qué les dirías a esas mujeres que están pensando en animarse a coger la bici?

Para mí la bici es biciterapia. Además, es un deporte sanísimo y muy poco lesivo, a pesar de que haya caídas. Siempre decimos que hay dos tipos de ciclistas: el que se ha caído y el que se va a caer. Además, es un deporte que te permite socializar mucho. Para muchos, no hay salida sin tu cerveza final y, por ejemplo, siempre saludas a otros ciclistas en las carreras o en montaña. Pero, sobre todo, es una forma de encontrarte a ti misma.

No hay vez que no salgas y que no descubras algo nuevo en ti.

En la última gala del deporte hubo una representación muy nutrida de figuras de varias disciplinas ¿crees que Rivas es  una ciudad amable para el deporte?

Creo que sí, más que otras. Eso no quita que crea que siempre falte más apoyo, pero sí que creo que hay una concienciación dentro de Rivas. Yo me vine a vivir a Rivas hace 25 años y ya entonces se notaba que era una ciudad que quería apostar por el deporte. Recuerdo el polideportivo del Cerro del Telégrafo como un hito superclaro porque es muy cercano y accesible. Y con respecto al ciclismo, hay varios club ciclistas en Rivas, algunos muy potentes y otros más pequeñitos. Ahí sí me faltaría un apoyo más importante del Ayuntamiento porque incluso se pueden crear escuelas municipales de ciclismo y también una educación vial que incluya la bici.