Para los países poderosos, que son los principales fabricantes de armamento, siempre es necesaria una guerra. Pero no una pequeña guerra (o guerrillas, que también), sino una guerra de envergadura, donde puedan exhibir sus nuevos artilugios bélicos, nuevas estrategias de defensa y de ataque, etc. Una guerra es una ‘pasarela’ para mostrar el nuevo armamento y que los clientes puedan elegir cuales se adecuan mejor a sus pretensiones guerreras…

Y siendo todo eso importante, lo es más aún la muestra de capacidad y fuerza de los protagonistas del conflicto (los que exponen su país en la contienda o sus ciudadanos/as como carne de cañón) y sobre todo los que exhiben poderío armamentístico para disuadir al contrario o simplemente como advertencia ‘te lo consiento en esta ocasión, pero no te atrevas a ir contra mí’.

Las fábricas de coches hacen coches para venderlos, las de pan hacen pan para venderlo…, las de armas fabrican armas para venderlas. La industria del armamento en algunos países supone el 25% del Producto Interior Bruto, que se equilibra gracias a las exportaciones, eso supone que dichas fábricas tienen que estar continuamente produciendo, y la estrategia comercial del país buscando o propiciando nuevos compradores. Y resulta que el mundo entero somos potenciales clientes. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, Estados Unidos es el mayor exportador de armas del mundo, el 39% de las ventas internacionales de armamento. Esto es el doble que las del segundo mayor exportador, Rusia, un 19%.

Desde el ‘descubrimiento de América’, siempre ha habido un orden de reparto mundial. Hoy se dice ‘razones que responden a lo que llaman geoestrategia’, que no es ni más ni menos que el reparto del mundo entre EEUU, China y Rusia, por áreas de influencia.

Para unos y otros de estos poderosos, es una necesidad económica, que en distintos puntos del planeta se estén desarrollando múltiples conflictos armados (consumidores de armamento), pero también y de forma continuada, que en el mundo haya constantemente una guerra de envergadura (consumidores de gran armamento). Si repasamos la serie histórica: Guerra de los seis días en 1967; Guerra del Líbano en 1975; Guerra Irán/Irak en 1980; Guerra de los Balcanes en 1992; Primera Guerra de Irak en 2003; Guerra de Afganistán en 2009; Segunda invasión de Irak en 2011; Guerra de Libia en 2011; Guerra de Siria en 2011; Guerra contra el Daesh en 2017; Guerra de Ucrania en 2022. Esto sin remontarnos más atrás y sin detallar conflictos más pequeños. Y en todos esos conflictos, los principales suministradores de armamento han sido, EEUU por un lado y Rusia por el otro. Aunque se vende como ‘ayuda a la reconstrucción de la democracia’, ‘apoyo a la autodefensa’, etc., nunca es gratis, los países receptores lo pagarán con creces.

Otra gran guerra que ha estado a punto de desatarse ha sido entre Argelia y Marruecos. Quizás hoy menos probable, ya que el gas argelino es de vital importancia si se corta el suministro de gas ruso (cosa probable). Los intereses de todos los países, excepto Rusia y sus aliados, no permitirían que también se corte ese suministro, al menos mientras no haya fuentes alternativas.

En el último tiempo, EEUU (Trump) amenazó a la Unión Europea de abandonar la OTAN, si sus miembros no hacían una inversión de hasta el 2% del PIB en armamento y ese armamento adquirirlo precisamente a ellos a EEUU. Muchos de los europeos se mostraron reticentes y dos años después (me ahorro los precedentes ya explicados en varias ocasiones) estalla la guerra de Ucrania, oportuna casualidad…

Hoy mismo el Papa Francisco advirtió que «los ladridos de la OTAN» cerca de las fronteras rusas pudieron haber «facilitado» el origen del conflicto.

En este último conflicto estamos, el de Ucrania: la guerra solo acabará con una negociación y un acuerdo, el que se podría haber hecho antes de que empezara, ya que los resultados serán los mismos (segregación de Ucrania de la parte ocupada por los rusos y su declaración de neutralidad), solo con una diferencia dramática por las consecuencias de la guerra (200.000 muertos, 10 millones de desplazados y un país completamente destruido). Pero el final de la guerra solo llegará si a las partes, que no son los ucranianos, les interesa que acabe, porque quizás esos intereses pasen porque se alargue lo más posible, reafirma las posiciones de cada uno y una guerra siempre es un negocio…

JuanM del Castillo