A finales del pasado siglo se empezaba un diálogo sobre las ciudades educadoras que en su encuentro de 2004 elaboró una carta que decía cosas como estas:

Todos los habitantes de una ciudad tendrán el derecho a disfrutar, en condiciones de libertad e igualdad, de los medios y oportunidades de formación, entretenimiento y desarrollo personal que la misma ofrece. El derecho a la ciudad educadora se propone como una extensión del derecho fundamental de todas las personas a la educación”.

La ciudad promoverá la educación en la diversidad, para la comprensión, la cooperación solidaria internacional y la paz en el mundo. Una educación que combata cualquier forma de discriminación. Favorecerá la libertad de expresión, la diversidad cultural y el diálogo en condiciones de igualdad..

Una ciudad educadora fomentará el diálogo entre generaciones, no sólo como fórmula de convivencia pacífica, sino como búsqueda de proyectos comunes y compartidos entre grupos de personas de edades distintas.

Son bellas propuestas que nos gustan, nos motivan, pero que, por desgracia, cada vez nos parecen menos reales y más idealistas. Me atrevería a decir que para algunas personas resultan extremistas y, por tanto, peligrosas además de irrealizables.

En estos tiempos que vivimos os propongo un juego, simplemente cambiar ciudad por sociedad y releer los párrafos anteriores. Y nos encontraríamos con todo un programa de actuación para avanzar en la educación de las personas, incluyendo a la infancia. De forma que la educación pasaría a ser el centro de la vida social, no algo que se deja de forma más o menos intencional en el interior de las escuelas.

Con esta idea en mente, choca más la realidad actual, hasta el punto de atreverme a hablar de que vivimos en una sociedad cada día más deseducadora.

Vivimos en una sociedad del espectáculo, de la inmediatez, del consumo instantáneo, de llamadas constantes a los valores individuales y a la necesidad de tener más. Donde no importa lo que se dice, sino quién lo dice, y qué altavoces encuentra para su difusión. Y estos altavoces no están al servicio del interés general, sino que responden a los intereses de los grupos y personas que los poseen o los controlan.

Así cada día, cada semana, la realidad gira sobre un lema: la libertad, las invasiones, los indultos, el agotamiento del gobierno…. Y mientras tanto van haciéndonos olvidar, dejando en la zona de obscuridad, problemas como el desmantelamiento de los servicios públicos, las políticas discriminatorias, la desigualdad, la injusticia, la mentira, la corrupción…

Estamos en unos momentos complejos y difíciles. Pero no podemos asumir ese tipo de sociedad deseducadora que nos quieren imponer en la medida que sirve a sus intereses. Es necesario que como personas, en el día a día, en nuestro entorno, trabajo, escuela… pongamos nuestra atención y nuestra acción en la defensa y en la difusión de otras ideas, otras voces, otros pensamientos que colaboren en la construcción de esa sociedad educadora permitiendo el desarrollo de todas y cada una de las personas que en ella conviven, y por tanto de todas las criaturas que asisten y participan de su sistema educativo.

Colectivo EQS – Miembros del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (http://www.mcep.es