En verdad, la vida me ha enseñado que luchar por un bien mínimo o por la verdad es siempre el luchar porque nada sustituya a su esencialidad pero en la relevancia imprescindible y social que da solo “de realidad” (nunca de apariencia o de falsedad): lo que no es justo no puede sustituir o hacerse pasar por lo que es justo, lo que no es sensato no puede hacerse pasar (a apariencias o a opiniones manipuladoras) por lo que no es sensato, etc. Y, para que no haya confusión, la realidad es lo que únicamente dice la razón que es, ¡nada más!; y un animal o una planta es lo que dice la Naturaleza que es, sí. Por lo tanto, tienes siempre que atender o entender a la Naturaleza para saber “con conocimiento de causa” qué es cada elemento que funciona (siempre con una causa) racional o equilibradamente dentro de la Naturaleza.
Entonces, luchar por algo “que tiene sentido” es siempre luchar ayudando a que nada que equivale a lo falso, a lo conveniente (irracionalmente), a lo interesado (por encima de la ética), a lo egocéntrico o a lo caprichoso (en estúpida vanidad), prospere en esta vida. Es decir, una auténtica lucha por algo bueno, nunca en resumen, ha de beneficiar a una doblez o a una estrategia de cualquier mentira o sinrazón. Así es.

Desde luego, una lucha hecha aun para el pueblo tendría estas mismas exigencias, las mismas, porque nunca confunda al pueblo, nunca lo desoriente para debilitarlo así, nunca lo utilice para burlarse de él y nunca lo manipule para que se aleje de su destino digno. Pero, en el fondo, la lucha misma del pueblo depende de la que tú le quites o le des. No más engaños (ni tapaderas de ellos), luchar por la vida nunca es confundir, nunca es impedir la ética o la razón en este mundo, nunca es negar hechos que hay en la realidad, ¡muy decisivos!, y que por obligado hay que reconocerlos en responsabilidad para evitar o afrontar sus próximas consecuencias.
En definitiva, luchar de verdad (sin apenas una toxicidad contra la ética) no es poner trabas al conocimiento racional, ni al esclarecimiento y difusión de las reglas éticas, ni a la buena información que renuncia (y ha de renunciar sí o sí, ineludiblemente) a estar sometida por intereses económicos o religiosos o políticos; luchar de verdad además no es facilitar lo contrario, o sea, el promover y el premiar la desatención de todos por eso esencial que he señalado, o el darle alas a cualquier sinrazón o a cualquier entretenimiento en sinrazones hacia una deriva solo de mentiras.
Porque, o luchas como la responsabilidad-razón quiere, o te estás engañando a ti mismo y a toda la sociedad, en gratuitas intenciones, en excusas, en estrategias del egocentrismo y en trampas inhumanas que indignan a una dirección de humanidad ya exenta de injusticias o digna.

José Repiso Moyano