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Mujeres singulares en plural: Mileva Maric

Mujeres singulares en plural: Mileva Maric

Matemática y física recuperada.

Se acaba de celebrar la Semana de la Ciencia en la Comunidad de Madrid del 6 al 19 de noviembre de 2023 y el próximo día 25, de este mismo mes, se conmemorará el Día Internacional contra la Violencia de Género. Así, en estas líneas parece oportuno que nuestra Mujer Singular sea la brillante científica Mileva Maric que fue compañera de estudios e investigación… y esposa de Albert Einstein. En estas páginas siguiendo la biografía de esta mujer se podrá identificar como, amparado por el sistema patriarcal imperante, un hombre ejerció toda la violencia necesaria, la mayoría de las veces invisible, para que ella se plegara a sus designios.

Mileva Maric ha sido prácticamente una desconocida para el mundo de la ciencia y para la historia en general, hasta que en 1987 se publicaron algunas de las cartas que la pareja intercambió durante su noviazgo. Las novedades reflejadas en esta correspondencia han desencadenado una polémica que todavía no se ha cerrado, como es la potencial contribución de Mileva en el desarrollo de los trabajos más importantes del físico, entre ellos la teoría de la relatividad; al parecer, colaboraron desde el momento en que se conocieron en 1896, hasta su separación en 1914.

Mileva Maric nació en Serbia en 1875 en una familia acomodada. Asistió a la escuela secundaria en Zagreb en el último año en el que se aceptó la participación de mujeres, destacando por su talento para las matemáticas, por lo que su padre le dio una educación por encima de la que recibían las jóvenes en aquella época. Éste, a través de sus influencias consiguió autorización del ministro de Educación para que su hija pudiera asistir a conferencias de física a las que solo podían asistir varones. Mileva terminó la secundaria en Zagreb en 1894 y, según la revista Scientific American, los compañeros de clase “la describieron como brillante, pero callada. Le gustaba llegar al fondo de las cosas, era perseverante y trabajaba por sus metas”.

En 1896 fue admitida en el Instituto Politécnico de Zurich en la sección de física y matemáticas; era una de las universidades más prestigiosas de Europa en el siglo XIX y de las pocas que permitía el acceso a mujeres. Junto a Mileva entraron cuatro estudiantes más, todos ellos varones, entre los que se encontraba Albert Einstein, del que se hizo inseparable pues ambos compartían su amor por la ciencia y la música. Ahora bien, él prefería estudiar en casa por lo que asistía a pocas clases mientras que ella, metódica y organizada, le ayudaba en los estudios incluso dándole clases de matemáticas, según algunas fuentes.

Mileva en el segundo curso pasó un semestre en la Universidad de Heidelberg, para recibir clases con el eminente profesor Philip Lenard, pionero de la mecánica cuántica e investigador del efecto fotoeléctrico, el cual obtuvo unos años después el Premio Nobel de Física. Ante la insistencia de Einstein regresó a Zurich y cuando llegó no lo hizo con las manos vacías pues traía los conocimientos de las ideas más radicales y novedosas de la física, novedades que ella compartió con Einstein.

Esta necesidad que tenía Albert de la presencia de Mileva se puede leer en una de las cartas intercambiadas en 1899: “Cuando leí Helmholtz por primera vez, me pareció tan extraño que no estuvieras a mi lado y hoy, esto no está mejor. Encuentro que el trabajo que hacemos juntos es muy bueno, curativo y también más fácil”. Luego, dos meses después, le escribió desde Milán: “… el clima aquí no me conviene en absoluto, y cuando falto al trabajo me lleno de pensamientos oscuros. En otras palabras, echo de menos tenerte cerca para que me mantengas gentilmente en control y evites que divague.”

Siguiendo a Scientific American: “Al finalizar sus clases en 1900, Mileva y Albert tenían calificaciones similares (4,7 y 4,6, respectivamente), excepto en física aplicada donde ella obtuvo la máxima puntuación de 5, pero él solo 1. La joven sobresalió en el trabajo experimental, mientras que él no lo hizo. Sin embargo, en el examen oral el profesor Minkowski dio un 11 de 12 a los cuatro estudiantes varones, pero solo un 5 a Mileva. Aquí, se puede observar cómo funcionaba la discriminación existente en aquellos tiempos hacia las mujeres poniéndolas todas las trabas posibles. Únicamente Albert obtuvo su título.

Durante las vacaciones de ese mismo año, Einstein le escribió: “Estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo” y en septiembre: “Espero con ansias reanudar nuestro nuevo trabajo común. Por ahora debes continuar con tu investigación–cuán orgulloso estaré de tener a una doctora como esposa mientras yo solo seré un hombre común–.”

Ambos regresaron a Zúrich en octubre para comenzar su trabajo de tesis. Los otros tres estudiantes recibieron puestos de asistente en el Instituto, pero Einstein no; sin trabajo, se negaba a casarse. Ella vivía en una pensión para mujeres donde conoció a quienes fueron sus amigas el resto de su vida y gracias al nieto de una de ellas, Helene Kaufler-Savic, se ha conocido la correspondencia que mantuvieron. En una de las cartas Mileva escribió a Helene como se las ingeniaban económicamente dando lecciones privadas y “continuaron viviendo y trabajando como antes.”

El 13 de diciembre de 1900, presentaron un primer artículo sobre la capilaridad firmado solo bajo el nombre de Albert. Sin embargo, ambos se refieren a este artículo en las cartas como un trabajo en común. Mileva escribió a Helene Savić el 20 de diciembre de 1900: “Enviaremos una copia privada a Boltzmann para ver lo que él piensa y espero que nos responda”. Por otro lado, Albert escribió a Mileva el 4 de abril de 1901 diciendo que su amigo Michele Besso “visitó a su tío en mi nombre, el profesor Jung, uno de los físicos más influyentes de Italia y le dio una copia de nuestro artículo”.

La decisión de publicar solo bajo su nombre parece haber sido tomada conjuntamente. ¿Por qué? Radmila Milentijević que publicó en 2015 la biografía más completa de Mileva sugiere que probablemente ella quería ayudar a Albert a hacerse un nombre y, por otro lado Dord Krstić, que pasó 50 años investigando la vida de la científica sugiere en su libro que dado el predominio de prejuicios contra las mujeres en ese momento, una publicación firmada junto a una mujer podría haber tenido menos peso.

Se puede asumir que el propio Albert Einstein confirmó que ambos colaboraron en la relatividad especial cuando escribió a Mileva el 27 de marzo de 1901: “Cuán feliz y orgulloso estaré cuando los dos juntos llevemos nuestro trabajo sobre el movimiento relativo a una victoriosa conclusión”.

Mileva y Albert iniciaron una relación sentimental quedando ella embarazada en 1901, lo que provocó que tuviera que abandonar los estudios, le faltaba únicamente el examen final de su doctorado; hizo su segundo intento en el examen oral pero no fue aprobada ¿serían los rumores del embarazo? No obstante, la formación reglada de Mileva se acabó ese mismo año pero no su dedicación a la ciencia. De hecho, durante un tiempo Weber le ofrece empleo lo que la permite tener acceso al laboratorio, donde puede realizar trabajos empíricos sobre la capilaridad, primer trabajo relevante firmado por Einstein.

La familia de Einstein se opuso firmemente a su relación. La madre que provenía de una rica familia alemana era xenófoba y tradicionalista y nunca vio con buenos ojos a la serbia: “Ella es un libro igual que tú, pero lo que tú necesitas es una mujer. Cuando tengas 30 años, ella será una vieja bruja,” Mileva no era judía ni alemana, además era coja a causa de una coxalgia congénita (artritis muy dolorosa), también era taciturna y ¡cuatro años mayor que él!; por otro lado, el padre de Albert insistía en que su hijo debía encontrar trabajo antes de casarse.

Mileva dio a luz en enero de 1902 a una niña en su casa familiar donde se estableció durante un año. La llamaron Lieserl Einstein de la que no se sabe exactamente que pasó, según unas fuentes fue dada en adopción, según otras murió al poco tiempo, al parecer no se han encontrado certificados de nacimiento ni de defunción.

 Einstein consiguió un puesto en la Oficina de Patentes en Berna donde comenzó a trabajar en junio de ese mismo año. En octubre, antes de morir, su padre le concedió permiso para casarse; Albert y Mileva se casaron el 6 de enero de 1903. Ella asumió las tareas domésticas y, por la noche, trabajaban juntos a veces hasta altas horas. Comentaba a su amiga Helene Savić el 20 de marzo su forma de vida y le expresaba lo mucho que lamentaba ver a Albert trabajando tan duro en la oficina. Aquí se puede apreciar cómo los pasos de machista que le aplicaba el genio ya daban sus frutos pues ella trabajaba doble jornada: en las investigaciones de él y en la casa de lo cual no era consciente. El 14 de mayo de 1904, nació su hijo Hans-Albert.

La revista Scientific American hace mención al año 1905 que es ahora conocido como el “año milagroso” de Albert quién publicó, en la prestigiosa revista Annalen der Physik, cinco artículos uno de ellos sobre el efecto fotoeléctrico que le llevó al Premio Nobel en 1921. Así mismo hizo comentarios sobre otros veintiún ensayos científicos por los cuales cobró y presentó su tesis sobre las dimensiones de las moléculas.

Peter Michelmore, uno de los biógrafos de Einstein, escribió que después de haber pasado cinco semanas completando el artículo que contenía la base de la relatividad especial, Albert “se fue a la cama durante dos semanas. Mileva revisó el artículo una y otra vez, y luego lo envió”. Exhausta la pareja hizo la primera de tres visitas a Serbia donde conocieron a numerosos familiares y amigos, cuyos testimonios proporcionaron, más tarde, una gran cantidad de información sobre la colaboración entre ellos. De hecho, el padre de ella comentó que le había confiado: “Antes de nuestra partida, nosotros terminaremos un importante trabajo científico que dará a conocer a mi esposo en todo el mundo”.

Desanka Trbuhović-Gjurić publicó en 1969 la primera biografía de Mileva en serbio que fue posteriormente traducida al alemán y al francés. En ella se describe cómo el hermano de Mileva, que a menudo organizaba reuniones de jóvenes intelectuales en su casa, comentó que en una de esas noches, Einstein habría declarado: “Necesito a mi esposa. Resuelve por mí todos mis problemas matemáticos”.

La autora Trbuhović-Gjurić  deja constancia cómo en 1908, la pareja construyó junto a Conrad Habicht un voltímetro ultra-sensible. Ahora bien, atribuye este trabajo experimental a Mileva y Conrad y escribió: “Cuando ambos estuvieron satisfechos, dejaron a Einstein la tarea de describir el aparato, ya que él era un experto en patentes.” Claro está que fue registrado bajo la patente de Einstein-Habicht y cuando este último cuestionó la decisión de Mileva de no incluir su nombre, ella respondió haciendo un juego de palabras en alemán: “¿Warum? Wir beide sind nur ein Stein” (“¿Por qué? Los dos somos solo una piedra (stein)”, es decir, somos una entidad).

Cuando ofrecieron a Albert su primer puesto académico en Zúrich en 1909, Mileva todavía estaba asistiéndole; se puede constatar que ocho páginas de las primeras notas de las clases que daba él estaban escritas con su letra, al igual que una carta redactada en 1910 en respuesta a Max Planck que había buscado la opinión de Einstein. Todo esto lo hacía ella además de acoger y atender a estudiantes en su casa para contribuir a los gastos familiares.

El 3 de septiembre de 1909, Mileva confió a Helene Savić: “Ahora esconsiderado como el mejor de los físicos de habla alemana, y le rinden muchos honores. Estoy muy feliz por su éxito porque él lo merece plenamente. Solo espero y deseo que la fama no tenga un efecto perjudicial sobre su humanidad”. Más tarde, agregó: “Con toda esta fama, tiene poco tiempo para su esposa. […] Lo que hay que decir, con notoriedad, uno consigue la perla, el otro la concha”.

Según Sandra Ferrero en su artículo recogido en Mujeres en la Historia, la polémica sobre la posible coautoría “se inició en el Simposio sobre ‘El joven Einstein’ organizado por la A.A.A.S. (Asociación Americana para el Avance de la Ciencia) en 1990” basándose en los archivos privados de Einstein que unos años antes (1987) se pudieron abrir después de la muerte de sus albaceas. La correspondencia revelaba aspectos poco conocidos de la vida de Einstein y Mileva de los que hemos desgranado algunos.

“Los historiadores e historiadoras se alinean entre quienes ven en Mileva una especie de musa romántica, una inspiradora y estímulo constante a la creatividad del genio, el papel que a lo largo de la historia se ha otorgado a las mujeres, amigas, esposas o amantes de los grandes hombres que han contribuido a los avances de la ciencia, y aquell@s que sostienen que los conocimientos matemáticos de Mileva fueron indispensables para ofrecer forma y fundamento a la imaginación teórica de Einstein. Es innegable que los años más creativos de su carrera científica fueron aquellos en los que ambos estaban juntos.”

Entre unos y otros sería necesario sopesar los aspectos misóginos de Albert Einstein y analizar cómo Mileva, una brillante científica, no era consciente de la situación discriminatoria en la que vivía siendo poco a poco, disminuida su autoestima; esto daría una explicación a que quisiera permanecer en segundo plano.

Es indudable que es difícil que muchas personas detecten a un maltratador, ver que detrás del genio simpático y despreocupado de melena blanca y crespa habitaba un misógino que en el fondo menospreciaba a las mujeres, y más bien las prefería lerdas. En las páginas de Rebelión, “Bertrand Russell lo definió como ‘alguien a quien los asuntos personales no ocuparon gran cosa en su mente…’, pero alguien tenía que hacerlo y para ello descargaba la responsabilidad del hogar y del cuidado de los hijos en la esposa de turno.”

Al parecer, aun antes de conocer a Mileva, Einstein ya había dado muestras de machismo durante una relación anterior con Marie Winteler, la hija de su casero. Bastó que ella le manifestara su entusiasmo por irse de maestra a otra ciudad para que Albert la acusara de “querer acabar con su relación”, cosa que no le impidió seguirle enviando su ropa sucia para que se la lavara.

Parecen increíbles las frases que se han ido recogiendo de Einstein y que reflejan la idea que tenía de las mujeres pues eran para él objetos, además de manos que trabajan en todas las cosas intranscendentes del mundo. Estaba convencido de que “muy pocas mujeres son creativas. No enviaría a mi hija a estudiar física. Estoy contento de que mi segunda mujer no sepa nada de ciencia”. Decía también que “la ciencia agría a las mujeres”, de ahí la opinión que le merecía Marie Curie: “nunca ha escuchado cantar a los pájaros”.

El solo hecho de sugerir un plagio o que el cerebro privilegiado masculino de Einstein no sea tal, sigue desatando polémica en la sociedad científica, así John Stachel, físico y filósofo de la ciencia, opina que “Si bien es encomiable rescatar la figura de Mileva de la oscuridad, la historia de Einstein explotando a su esposa y robando sus ideas suena más a película de Hollywood que a una evaluación seria de las evidencias”.

Otros defensores de Einstein cuestionan aún hoy: “¿Y por qué Mileva nunca reclamó la autoría?”. Reconocemos este argumento como el mismo cuestionamiento que esgrimen aquellos que exigen a las víctimas de violación un comportamiento heroico, en lugar de explicar por qué un importante científico como Einstein ninguneó y despreció la aportación de su esposa a sus investigaciones. Creemos haber expuesto, en estas páginas, testimonios que pueden rebatir sobradamente las dudas.

Siguiendo con la vida de Mileva Maric, en 1910 dio a luz su segundo hijo en Zurich, Eduard, que nació enfermo y requirió cuidados especiales, de los que su madre se hizo cargo, lo cual aparentemente produjo un alejamiento entre la pareja. Einstein en aquellos momentos inició una relación extramatrimonial con su prima Elsa Löwenthal, que vivía en Berlín.

En esa pareja de físicos alguien tenía que cuidar a los niños, especialmente a uno que padecía trastornos mentales graves; alguien tenía que lavar y preparar la comida, y ése fue el papel que Einstein y la sociedad patriarcal asignaron a Mileva, quien subordinó todas sus aspiraciones a los objetivos de él, puso todos sus conocimientos a su servicio. Él, en cambio, eligió el camino de la ciencia.

«Mi gran Albert ha llegado a ser célebre, físico respetado por los expertos que se entusiasman por él. Trabaja incansablemente en sus problemas. Puedo decir que sólo para eso vive. Tengo que admitir, no sin vergüenza, que para él somos secundarios y poco importantes», escribía Mileva a unos amigos. Einstein a su vez admitía: «Nuestra vida en común se ha vuelto imposible, hasta deprimente, aunque no sé decir por qué».

En 1914 se instalan en Berlín, en un ambiente que a Mileva le desagrada, más aún cuando las relaciones entre Albert y su prima Elsa Löwenthal eran cada vez menos secretas. La verdadera naturaleza del deterioro de la relación entre ambos y el papel que debía representar ella como esposa del famoso científico quedó bien reflejado en la carta subastada en 1996 y de la que se hizo eco la prensa; Mileva tenía que cumplir las “Reglas de conducta” que eran una cruda muestra de su autoritarismo, machismo y violencia psicológica que ejerció en contra ella:

A. Tendrás que encargarte de que:

  1. Mi ropa esté siempre en orden.
  2. Se me sirvan tres comidas diarias en mi cuarto.
  3. Mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y de que nadie toque mi escritorio.
  4. Debes renunciar a todo tipo de relaciones personales conmigo, con excepción de aquellas requeridas para el mantenimiento de las apariencias sociales. No debes pedir que:
    1. Me siente contigo en casa.
    1. Salga contigo o te lleve de viaje.
  5. Debes comprometerte explícitamente a observar los siguientes puntos:
  6. No debes esperar afecto de mi parte y no me reprocharás por ello.
  7. Debes responder inmediatamente cuando te dirija la palabra.
  8. Debes abandonar mi dormitorio y mi estudio en el acto.
  9. Prometerás no denigrarme cuando así te lo demande yo ante mis hijos, ya sea de palabra o de obra.

Einstein escribió a Elsa (su amante en aquellos momentos) y le dice que trataba a Mileva como «a una empleada a la que no puedo despedir. Tengo mi propio dormitorio y evito estar solo con ella. De esta manera puedo tolerar bastante bien el tener que vivir juntos».

La guerra y la separación la debilitaron y enfermaron y a partir de este momento la depresión y la tristeza la acompañarían siempre.

Un detalle bastante revelador aportado por la feminista alemana Senta Trömel-Plözt es que, “cuando Albert y Mileva se separaron oficialmente en 1919, el documento del divorcio incluyó una cláusula de que, en caso de recibir Einstein algún premio por los artículos publicados en 1905 en los Annalen der Physik, debía entregárselo íntegramente a Mileva. ¿Tenía la esperanza Mileva que alguno de esos trabajos revolucionaría al mundo? ¿Cómo pudo saberlo si no fue parte de ellos? Parece claro que ella fue la coautora de los mismos. Fue en los años de su vida conjunta, hasta 1914, cuando nacieron las obras más importantes de Einstein, por lo que algunos creen que el papel de su mujer era significativo y definitivo, sobre todo en matemáticas, materia en la que brilló en su Facultad.”

Con el dinero pactado, que finalmente recibió tras la concesión a Einstein del Nobel en 1921, compró un edificio de apartamentos en Zurich, ciudad en la que vivió hasta su muerte ocupándose de sus hijos, en especial del menor, Eduard, que fue diagnosticado de esquizofrenia y que sufría brotes violentos que llegaron a poner en peligro la vida de Mileva. A pesar de ello, lo mantuvo en su casa y se ocupaba de él evitando su internamiento en centros psiquiátricos, aunque a veces tuvo que contratar a un guardaespaldas para que la protegiera de sus ataques. Su hijo mayor, Hans Albert, estudió como sus padres en la escuela Politécnica de Zurich y tras casarse con una profesora alemana se trasladó a EEUU en 1937 donde trabajó como profesor en la universidad de California.

Mileva, tras un nuevo brote psicótico de su hijo, fue ingresada por una crisis nerviosa y murió sola tras varias embolias en 1948. Según Erika Cervantes del CIMAC de México, fue sepultada en el cementerio de Northeim Friedhof en Zurich. Al parecer, quitaron su lápida por no pagar los impuestos correspondientes y fue la sociedad conmemorativa de Tesla de Nueva York, quien luchó por restituirla lográndolo en 2004.

BIBLIOGRAFÍA:

Ferrer Valero: A la sombra del genio, Mileva Maric (1875-1948). En Mujeres en la Historia, 2017.

Subcomandante Marcos: Mileva Maric, la otra cara de Einstein. Rebelión, 2005.

Vujovic, Dr. Ljubo: Mileva Maric (1875-1948). Sociedad Conmemorativa General de Tesla.

Palomar S., Aitana: Milena Maric, ¿fue la madre de la teoría de la relatividad? National Geographic España, 2023.

Revista ecociencias: La vida olvidada de la primera esposa de Einstein. Scientific American, 2020.

Rubio Herráez Esther: Mileva Einstein-Maric ¿por qué en la sombra? Ediciones Eneida, 2006.

https://mujeresconciencia.com/2014/08/07/mileva-einstein-maric-por-que-en-la-sombra/

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