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Mujeres singulares en plural: Lizzy Lind af Hageby

Mujeres singulares en plural: Lizzy Lind af Hageby

Defensora de los derechos de los animales, pacifista, feminista

A lo largo de su vida dio conferencias por los derechos de los animales y su protección, y el vínculo que con esta posición tenían las sufragistas defensoras de los más débiles. También se opuso al trabajo infantil y la prostitución; apoyó la emancipación de las mujeres.

Lizzy

Emilie Augusta Louise «Lizzy» Lind af Hageby nació en el seno de una familia de clase alta de Estocolmo, en 1878. Su abuelo había sido chambelán del rey de Suecia y su padre era juez. Durante la Exposición de París de 1900 estuvo estudiando en el Instituto Pasteur donde quedó muy impresionada viendo a los animales enjaulados sufriendo y siendo utilizados en investigaciones.

En 1902, junto con una amiga de ideas afines, se matricularon en la Escuela de Medicina para Mujeres de Londres y allí estudiar seriamente la vivisección que estaba incluida en el plan de estudios. Querían comprobar si verdaderamente las prácticas eran más humanas, después de que en 1876 se promulgara en Inglaterra la Ley de Crueldad Hacia los Animales.

Redactaron un detallado diario que publicaron bajo el título Testigos oculares: extractos del diario de dos estudiantes de fisiología; terminaban su libro con las siguientes palabras: «Si esto no es tortura»,… «que el señor Bayliss y sus amigos… nos digan, en nombre del cielo, qué es la tortura». A finales de ese año este profesor de fisiología demandó al editor que había publicado el libro; el fiscal se centró principalmente en Lizzy quien tuvo que pasar muchas horas sentada en el banquillo donde, con paciencia y claridad, demostró su conocimiento de las prácticas de vivisección. El alboroto de los estudiantes, a favor de estas prácticas, durante el juicio logró que el jurado fallara a favor del demandante.

En memoria de Brown Dog

En el capítulo del libro que titularon “Diversión” explicaban que mientras se practicaba la vivisección, los estudiantes se reían al ver al pobre perro como se retorcía bajo las correas. Tuvieron que retirar esta parte del libro y lo sustituyeron con el relato pormenorizado de lo sucedido: en 1903 durante una conferencia, el doctor Bayliss viviseccionó a un perro terrier marrón, con evidentes síntomas de crueldad que contravenía la Ley.

Después del caso se erigió una fuente con una estatua en memoria de Brown Dog (El Perro Marrón) y otros 232 más en Battersea, distrito de la clase trabajadora; la cual se convirtió en el símbolo del movimiento por los derechos de los animales, lo que creó una gran controversia con los estudiantes partidarios de la vivisección. En ese mismo juicio también se expuso la creciente tensión que existía entre el antiviviseccionismo, el sufragismo y la medicina; muchas de las sufragistas desconfiaban tanto del abuso hacia los animales como hacia las mujeres, por parte de los médicos.

Atención a mujeres trabajadoras

De 1908 a 1935 fue miembro del comité de gestión del pionero Hospital Antivivisección de Battersea establecido, específicamente, para el tratamiento gratuito de mujeres pobres y de clases trabajadoras; buscaban protegerlas de ser utilizadas como conejos de indias humanos. Anteriormente, la pionera contra la vivisección, Frances Power Cobbe (1822-1904) había denunciado la creciente afición de los médicos por el bisturí y había condenado los procedimientos quirúrgicos intrusivos practicados a las mujeres para controlar lo que denominaban «histeria».

En 1906 Lizzy junto a otra pionera, la duquesa de Hamilton, fundaron la Sociedad de Defensa Animal y Antivivisección y en 1909, organizaron el Congreso Internacional Antivivisección y Protección Animal. Por otro lado, la publicidad que consiguió con el juicio logró el establecimiento de la Segunda Comisión Real de Vivisección en la que participó hasta 1912; año que le fue concedida la nacionalidad británica.

A raíz de la exposición que organizó en una tienda del centro de Londres en 1913, se tuvo que enfrentar a otro juicio que duró 16 días. Su declaración inicial duró 9 horas y media, su declaración 9 horas, su contradeclaración 3 horas y media. Se preguntó a 34 testigos, fue elogiada por el juez que dijo que había interrogado tan bien como cualquier abogado y “su discurso final fue muy bueno”… “Es una mujer de un poder maravilloso. Día tras día no mostraba signos de fatiga y no perdía los estribos”. Asimismo, la revista The Nation calificó su testimonio como “la defensa más brillante que el Colegio de Abogados ha conocido…, aunque fue realizada íntegramente por una mujer”. Recordemos que a las mujeres no se les permitía ser abogadas en el Reino Unido en aquel momento.

Primera Guerra Mundial

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial se unió al Comité Internacional de Mujeres por la Paz Permanente y en 1915 fundó el Servicio de la Cruz Púrpura para caballos; posteriormente, creó tres hospitales veterinarios para estos animales enfermos y heridos en la guerra.

En 1928 fundó la Oficina Humanitaria Internacional en Ginebra que establecía vínculos entre el pacifismo y su trabajo a favor de los animales. Junto con la duquesa de Hamilton, estableció unidades de rescate para cuidar de los animales heridos, en particular caballos, atrapados en la invasión italiana de Abisinia y la Guerra Civil española. En 1954, Lizzy se hizo cargo de la gestión del Santuario de animales Ferne. Cuando murió en 1963, dejó un legado sustancial de casi 92.000 libras esterlinas al Animal Defense Trust.

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