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Mujeres singulares en plural: Las mujeres Curie

Mujeres singulares en plural: Las mujeres Curie

Marie, Iréne y Eve Curie.

MARIE CURIE: Primera mujer en conseguir el premio Nobel. Primera persona en obtener dos premios Nobel (Física, 1903 y Química, 1911). Participó en la I Guerra Mundial, salvando miles de vidas. Feminista.

IRÈNE CURIE: Premio Nobel de Química, 1935. Descubridora de la radioactividad artificial. Participó en la Guerra Civil española. Luchadora contra el nazismo y el fascismo. Feminista.

EVE CURIE: Pianista. Escritora. Activista en UNICEF.

Marie Curie nació en 1867 en la Polonia invadida por la Rusia zarista, cuando las mujeres no podían ir a la universidad. Trabajó como institutriz para pagar a su hermana la carrera de medicina en París, a donde ella se le unió en 1891.

Al recibir el premio Nobel junto a su marido decidieron compartir su descubrimiento con toda la humanidad: “El radio se va a emplear para combatir una enfermedad. Sería imposible aprovecharnos de eso”

En 1914, al comenzar la Primera Guerra Mundial, Marie se implicó plenamente pues según escribió en La radiología y la guerra: «La tarea principal impuesta a todos era ayudar al país de cualquier forma posible en aquel momento de crisis extrema.» Además para ella “tener miedo es servir al adversario.” Para proteger el gramo de radio que poseía el laboratorio en París, recubrió de plomo un pequeño maletín para llevar los minúsculos tubos, en tren, hasta Burdeos donde lo depositó en un banco.

De acuerdo a su biografía: “Se documenta inmediatamente sobre la organización de los servicios sanitarios y descubre una laguna: los hospitales de la retaguardia y los del frente apenas están provistos de instalaciones de rayos X.” Creó, con fondos de la Unión de Mujeres de Francia, el primer «coche radiológico»: montando en un automóvil ordinario un aparato completo que conectó al motor, para producir la corriente necesaria. En agosto de 1914 ese puesto móvil “Petit Curie” iba, de hospital en hospital, asegurando el examen de los heridos en los frentes.

Tenía claro que la guerra sería larga y que habría que operar a los heridos sobre el mismo frente de batalla, organizó la construcción intensiva de aparatos de rayos X para poner en marcha más “Petit Curie” y abarcar más territorios. Gracias a ellos se podían detectar los fragmentos de proyectiles, facilitando el trabajo de extracción de los cirujanos. Además de los veinte coches que equipó, instaló 220 salas de radiología montadas personalmente por ella; los heridos examinados en esos puestos pasaron del millón.

Marie manejaba los aparatos de rayos X, su actividad era tal que: “Come no importa cómo, y duerme no importa dónde.” Instaló una escuela de manipuladoras en el Instituto del Radio que había fundado en 1914. Su hija Irène con diecisiete años comenzó a ser su ayudante.

Cuando el gobierno pidió a los particulares que colaboraran con el oro que tuvieran, María escribió a su hija: “Yo voy a dar todo el oro que poseo y añadiré las medallas científicas, que son bastante inútiles.” Además también aportó las coronas suecas del segundo premio Nobel que no había utilizado.

Al firmarse el armisticio, ella “Obstinadamente busca remedios a la barbarie de los pueblos y sueña con un tratado que borre verdaderamente los rencores y los odios.” Desde 1922, en el Consejo de la Sociedad de Naciones, trabajó por la paz, por los derechos de las mujeres y por el respeto de las diferentes culturas nacionales.

IRÉNE CURIE

Eve Curie, escribió sobre su hermana Irène: “quiere ser profesora de física y dedicarse, precisamente, al estudio del radio.” Solo tenía una ambición: trabajar para siempre en el Instituto del Radio, laboratorio que vio construir y del cual fue nombrada «preparadora delegada» en 1918.

En 1934, Irène y su marido, Frédéric Joliot, descubrieron que un material estable podía hacerse radiactivo al exponerle a cierta radiación, esta radiactividad artificial, tuvo enormes consecuencias en química, en biología, en medicina. Pese a su deseo de abrir a la humanidad su descubrimiento, no lo hicieron pues veían con gran preocupación el avance del nazismo en Alemania.

En el año 1936, Irène se posicionó a favor de la República española. Durante la II Guerra Mundial decidió quedarse en Francia a pesar de la invasión nazi y de sus problemas de salud. Escondió el radio, protegió a los investigadores judíos y a miembros de la Resistencia. Colaboró con el Partido Comunista Francés, del que su marido era miembro activo.

En 1945 asumió la vicepresidencia de la Unión de Mujeres Francesas y formó parte del Comité Mundial para la Paz y el Desarrollo e intervino en el Congreso Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. Tras la explosión de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, militó contra el uso militar de la energía nuclear firmando, junto a Bertrand Russell y Einstein, el Llamamiento de Estocolmo en 1950.

Fue apartada junto a su marido de la Comisión Francesa de Energía Atómica en 1951 por sus simpatías con el Partido Comunista Francés.

“Tú y yo, Irène, buscaremos la manera de ser útiles.”

(Carta de Marie Curie, 1 de agosto 1914).

Bibliografía:

Curie, Eve: La vida heroica de María Curie descubridora del radio contada por su hija Eva Curie. Edit.: Espasa Calpe, S.A. 1960.

Rodríguez, Margarita: Las otras Curie: las apasionantes vidas de las hijas de Marie Curie y cómo cada una hizo historia a su manera. BBC News Mundo, 2019.

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