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Mujeres singulares en plural: Amparo Poch

Mujeres singulares en plural: Amparo Poch

Médica, feminista, activista libertaria y pacifista.

Silenciada por su familia y el Régimen franquista, fue una prolífica escritora que procuró la divulgación científica, proporcionó las claves para la emancipación de las mujeres y difundió el mensaje pacifista en un contexto de guerra.

Nació en Zaragoza en 1902. Su padre era sargento de ingenieros cuando se casó con Simona Gascón que trabajaba de sirvienta en la pensión donde él se alojaba; ella era una persona dócil y tan pudibunda que no se dejaba fotografiar pues lo consideraba un pecado. Amparo, según su biógrafa, Antonina Rodrigo “fue una niña de inteligencia precoz, con una portentosa capacidad intelectual desde la escuela primaria.” En la adolescencia, fue consciente de la problemática económica que había en su hogar donde convivían, junto con el matrimonio, la abuela y los cinco hijos. Se convirtió en la maestra de sus hermanos y hermanas a los que entretenía contándoles y dibujándoles cuentos que se inventaba, evidenciando ya sus dotes artísticas; continuó practicando el dibujo, escribió poemas, una novela y ensayos políticos.

Cuando comunicó a su padre, ya para entonces teniente, que quería estudiar medicina recibió una negativa tajante, según él “es una carrera de hombres” y la exigió que estudiara magisterio como carrera más apropiada para una mujer. Cuando terminó los estudios de maestra comenzó la carrera de medicina la cual terminó con matrícula de honor en todas las asignaturas que la componían; siendo Premio Extraordinario de su promoción.

Desde 1918 Amparo frecuentaba círculos revolucionarios de la época que fundamentarían su anarquismo y el rechazo a todo tipo de explotación humana. A sus 20 años, era ya una mujer intrépida que se rebelaba contra la opresión sexista de la época. Sus años como estudiante universitaria fueron controvertidos al revelarse contra el sistema que menospreciaba a las mujeres y defendiendo la formación y la autonomía de las mismas en los diferentes ámbitos de la vida. A través de diferentes artículos denunció el trato discriminatorio que recibían en la Universidad, tanto por parte de sus compañeros como por la falta de atención del profesorado.

Protagonizó una controversia originada a raíz de un artículo que en 1923 publicó la “Revista del Ateneo Científico Escolar” titulado ¿Qué seré yo? escrito por la estudiante Emilia Félez, donde exponía su desconfianza hacia las mujeres que estudiaban medicina para ejercerla, recordando que el papel de la mujer era el de esposa y madre. La respuesta de Amparo Poch no se hizo esperar y así, publicó en el siguiente número de la revista el artículo ¿Y yo? en él expresaba, con ironía, su rechazo a la supuesta incapacidad de la mujer para ejercer la medicina. Justificaba sus argumentos haciendo un repaso de grandes profesionales femeninas, mostrando también un gran conocimiento acerca de mujeres pioneras del mundo y su negación a aceptar convencionalismos arcaicos:

“Yo no sé cómo resolvería el caso la gran Concepción Arenal, que desempeñó cargos oficiales, […] Yo no sé cómo habrán resuelto el caso Concha Espina, Sofía Casanova, la señorita Dautschakoff, la primera mujer que desempeñó una cátedra oficial en el Imperio Ruso, perteneciendo al Claustro del Instituto Histológico de la Universidad de Moscú; Henry Peterson, la primera mujer abogada que informó en Dinamarca; las cirujanas y médicas que en el siglo XII hubo en Bolonia y Palermo, y en nuestros días se encuentran en Rusia, Alemania, Suecia y particularmente en los Estados Unidos, donde hay más de cuatro mil médicas, algunas de las cuales dirigen hospitales en Filadelfia, Boston y Chicago; en Rusia pasan de setecientas; en Inglaterra de trescientas…”

En ese mismo año de 1923 publicó su primera y única novela, Amor. Fue sin duda una novela de juventud, bien construida y de amena lectura que podría encuadrarse, según el historiador Antonio Prado, dentro de la novela rosa anarquista donde se exponen situaciones y argumentos amorosos y socio- políticos, caracterizando a la protagonista como una heroína liberada y emancipada. Para él, este tipo de novela utilizaba un código léxico subversivo que la diferenciaría de la típica novela rosa, conservadora y poco formativa para la mujer. Las relaciones entre Amor Solís y Julio Montes, protagonistas de la novela, es una crítica feroz del hombre que no ve con buenos ojos a la mujer moderna y, por otro lado, la protagonista es el ejemplo de la mujer emancipada, que se decanta por el amor libre.

Para la profesora Anna Mellado García: “En la novela de Amparo Poch encontraremos términos propios del contexto revolucionario: regeneración humana, hipocresía burguesa, revolución socialista, liberación de la mujer, en oposición al registro autoritario patriarcal, pero siempre en tono delicado, con lenguaje amoroso, buscando captar la atención sobre todo de las lectoras y de paso formarlas en los valores anarquistas. Amor es una novela basada en el propio entorno y en las propias experiencias personales de Amparo Poch como activista revolucionaria, dejando traslucir su determinado feminismo, sus convicciones libertarias y su antibelicismo”.

Por otro lado, el texto constituye una descripción del agitado contexto social de la época: Amor Solís es asesinada en un fuego cruzado callejero de pistoleros. La autora estableció una consecuencia lógica del uso de las armas, así se pueden rastrear en su novela críticas al anarquismo virulento. De hecho, Amparo Poch se adhirió a la corriente treintistas disidente de la CNT y al Partido Sindicalista fundado en 1933 por el anarcosindicalista Ángel Pestaña, uno de los dirigentes de la corriente reformista que se escindió de la CNT, desvinculándose de la perpetración de actos violentos y promulgando la revolución social por medio de la educación.

Una vez terminada su carrera, la doctora Poch realizó sus prácticas en la especialización de puericultura, durante las cuales quedó fuertemente impactada por las imágenes de los niños deformes a causa de la miseria y la transmisión de las enfermedades venéreas, lacra social de la época. En el artículo La otra moralplasmó su indignación ante la despiadada discriminación de niños y mujeres gravemente contagiados: “Por esos pobres niños y por esas mujeres, vengo yo aterminar con un recuerdo a la moral masculina, entre tantas voces que acusan a la mujer de frívola e impura, entre tantos dedos que la señalan como contagiada de todas las degeneraciones. […] de esa sociedad que las aparta a un lado y que las deja con sus hijos, a merced de un crimen aún no calificado, sin defensa ninguna.” (Poch, 1928).

Fue pionera en medicina preventiva y en métodos de control de natalidad siendo difusora del método Ogino-Knaus en España, como sistema natural de control de la natalidad. La doctora Poch y Gascón comenzó a ejercer como médica a los pocos días de licenciarse; así, en octubre de 1929 instaló en la antigua vivienda familiar, su “Clínica Médica para mujeres y niños, con horario especial para obreras” dedicada a la ginecología y la pediatría. Según su biógrafa Antonina Rodrigo: “No cobraba a las gentes de escaso nivel de vida. Cuando asistía a visitas domiciliarias, en una viviendas en las que no existían ni las básicas normas de salubridad, los cuidaba proporcionándoles los medicamentos para su curación y, a quienes no tenían sábanas, se las pedía a su madre para dárselas o las compraba para vestir a la miseria de cierto decoro.”

Escribió en 1931 el manual Cartilla de consejos a las madres para informar a las mujeres sobre el periodo de gestación y la lactancia del niño; sus consejos sencillos y didácticos eran vanguardistas. En esas mismas páginas, incluía la condena del aborto clandestino que tantas muertes ocasionaba. Como mujer adelantada a su tiempo, era partidaria del aborto en determinados supuestos, que coincidían a “grosso modo” con los aprobados por la ley española del 2010 sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Asimismo, incluía análisis y consejos de prevención de riesgos laborales relacionados con la intoxicación ocasionada por el trabajo de las madres en las fábricas. Esta obra fue galardonada en 1931 por el II Concurso de premios Dr. Borobio por actos de protección a la infancia.

Una de sus inquietudes y a lo que dedicó la mayor parte de sus esfuerzos fue el tema de la higiene y la educación sexual de las mujeres, sobre la que publicó en 1932 La vida sexual de la mujer. En la parte del volumen dedicada al matrimonio plasma una aclaración explícita en relación a su subtítulo: “El matrimonio, si damos a esta palabra el sentido de unión amorosa monógama, desentendiéndonos de las ceremonias religiosas o judiciales que se le añaden, es una ciencia, según Balzac” (Poch, 1932).

La doctora Poch fue una importante divulgadora del neomalthusianismo en España, teoría muy difundida desde finales del siglo XIX que promulgaba el necesario control de la natalidad entre las clases obreras, la difusión de una sexualidad y reproducción libre de enfermedades venéreas, la divulgación de métodos anticonceptivos para una procreación consciente, la defensa de la maternidad libre y la formación en puericultura. Consciente de la gran ignorancia del país, del poco uso de los medios profilácticos y de la gran afluencia de los hombres a los prostíbulos, inaugurará a partir de entonces un ciclo formativo de escritura: la divulgación de la ciencia y de la puericultura.

En 1932 la doctora Poch publicó La vida sexual de la mujer dentro de la colección Cuadernos de cultura, una publicación de gran difusión en medios estudiantiles y obreros. El documento además de encuadrarse en la divulgación científica, hace también denuncia y crítica social. Una de ellas constituye la denuncia de una educación de moral represora y antipedagógica fomentada por el catolicismo:

“La gran mayoría de las escuelas no puede educar en el amor a la Pureza, a la Sencillez, a la Verdad, porque son producto de una moral toda de escondrijos y malicia; porque aún intentan, tenazmente, iniciar en la Ciencia bebiendo en las fuentes de una religión que ha martirizado bárbaramente a cuantos hombres sabios, nobles y liberales se atrevieron a descubrirla con la luz de su genio.”

Amparo Poch opinaba que ni las maestras ni las madres estaban capacitadas para impartir educación sexual puesto que estaban condicionadas por una sociedad decimonónica que aún identificaba la vagina con el pecado. Se lamentaba de los pocos estudios existentes sobre la fase que ella creía fundamental en la vida de las mujeres como es la aparición de sus primeros impulsos sexuales. Denunciaba la rígida moral que imponía la abstinencia sexual a las parejas antes del matrimonio, provocando las frecuentes visitas del novio a los prostíbulos.

Denunciaba que a las mujeres se les había negado el derecho al placer por diversos motivos: la decencia, la religión, y la psicología deformada de los hombres acostumbrados al sexo “egoísta” con prostituidas. Así pues, defender el derecho al placer de las mujeres rompía con la dualidad de mujer decente (fría, asexuada) que se enfrentaba a las malas mujeres: “El placer sexual es, para ellas, como un pecado, (…) con esta idea y lo deformada que sale la psicología masculina de la asidua concurrencia a los prostíbulos, no es extraño que muchas mujeres casadas, con varios hijos, consideren el acto sexual como algo recurrente a que solo se someten por deber -deberes conyugales llaman a éstos-.»

Amparo estaba totalmente en contra de la prostitución consecuencia de una doble y sucia moral que justificaba que los hombres fueran a los prostíbulos. Las terribles consecuencias de esto era la propagación de las enfermedades venéreas fundamentalmente de la sífilis que afectaba especialmente a las mujeres, a todas ellas, sin distinción, a las unas (“las decentes”) porque eran contagiadas y además de padecer esa terrible enfermedad, cargaban con el drama de trasmitirlo a futuros hijos (en caso de no haberse quedado estériles por el mismo motivo); las otras, las prostituidas, porque su ejercicio hacía que acabaran prácticamente perdiendo su cualidad de ser humano.

Era consciente que sus propuestas chocaban con la moral burguesa, pero igualmente advertía sobre la necesaria regeneración social para paliar los problemas ocasionados por una moral represora. A lo largo de toda su obra hace hincapié sobre la importancia de la coeducación y la renovación formativa como medidas de higiene moral que incluyan la adquisición de conocimientos anatómicos y fisiológicos, como primer paso para el autoconocimiento y la afirmación personal.

Para Amparo la clave de la modernización de las mujeres estaba en su acceso a la educación, que debía de ayudarles a formarse, emanciparse y liberarse de la dependencia del hombre. Consideraba que la formación influiría beneficiosamente en las relaciones de pareja, por ello reclamaba para los jóvenes: “centros donde se enseñe, obligatoriamente, las ideas más fundamentales de la evolución y de la herencia, con la higiene sexual, a los que aspiren a unirse amorosamente.”

Reclamaba la coeducación y la renovación formativa que incluyera la adquisición de conocimientos anatómicos y fisiológicos, como primer paso para el autoconocimiento y la afirmación personal. Para ella la ignorancia de las mujeres las abocaba a una idea de identidad promovida por el sistema patriarcal de acompañante, sumisa y reproductora:

“[…] encauzar la acción social de la mujer, dándole una visión nueva de las cosas, evitando que su sensibilidad y su cerebro se contaminen de los errores masculinos. Y entendemos por errores masculinos todos los conceptos actuales de relación y convivencia: errores masculinos, porque rechazamos enérgicamente toda responsabilidad en el devenir histórico, en el que la mujer no ha sido nunca actora, sino testigo obligado e inerme… no nos interesa rememorar el pasado, sino forjar el presente y afrontar el porvenir, con la certidumbre de que en la mujer tiene la humanidad su reserva suprema, un valor inédito capaz de variar, por la ley de su propia naturaleza, todo el panorama del mundo… que miles de mujeres reconocerán aquí su propia voz, y pronto tendremos junto a nosotras toda una juventud femenina que se agita desorientada en fábricas, campos y universidades, buscando afanosamente la manera de encauzar en fórmulas de acción sus inquietudes.”

En 1934 Amparo se trasladó a Madrid donde siguió ejerciendo la Medicina y divulgación en su «Clínica de mujeres y niños» del barrio Puente de Vallecas y en la Mutua de Médicos del sindicato CNT, continuando con sus premisas de favorecer a las mujeres obreras imponiendo un horario y unas tarifas acorde a sus necesidades.

Asimismo, la doctora Poch continuó con su labor divulgativa en otros ámbitos siendo muy importante en su trayectoria vital y profesional: no dejó de escribir folletos, artículos e impartir charlas en los ateneos de barrio. Sus ensayos y textos, siempre reivindicativos, giraron en torno a la defensa de la labor intelectual de la mujer, la emancipación de las trabajadoras y a la importancia de la atención a la salud femenina.

Siguiendo a Antonina Rodrigo: “Tras la victoria del Frente Popular, en febrero de 1936, un grupo de gentes pacifistas, fundaron la Liga Hispánica contra la Guerra, como Sección Española de la WRI (Internacional de Resistentes contra la Guerra), una red de organizaciones pacifistas y antimilitarista creada en 1921. La integraron Amparo Poch, Presidenta […]”

En abril de ese mismo año, Amparo Poch y Gascón, Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada fundaron la revista MujeresLibres; el primer número salió el 20 de mayo de 1936, se agotó casi inmediatamente, el segundo número apareció el 15 de junio. Según Marta Ackelsberg, “en total se publicaron 14 números si bien, el último estaba en imprenta cuando el frente de batalla llegó a Barcelona y no se conserva ninguna copia.” Se concibió con la idea de “despertar la conciencia femenina hacia ideas libertarias.” La revista estaba formada íntegramente por mujeres con la excepción del escultor Baltasar Lobo, esposo de Mercedes Comaposada que trabajó de ilustrador y maquetista. Muchos de los números de la revista contenían artículos sobre puericultura escritos por Amparo o por “Florentina” (Carmen Conde).

Amparo Poch también participó en otras revistas como La Revista Blanca, Tiempos Nuevos y Tierra y Libertad. Cabe resaltar en Mujeres Libres los cómicos episodios que escribía Amparo sobre el “Sanatorio del Optimismo”, firmados por la “Dra. Salud Alegre”, con personajes como los doctores Buen Humor, Buen Apetito, Sueño Feliz, Amor Humano o Guasa Viva, y las enfermeras Fantasía, Ilusión, Risa, etc., o el microbio Reflexión que constituyen, aún hoy, un modélico programa divulgativo de promoción de la salud.

En noviembre de 1937 se trasladó a Barcelona, donde fue directora de El Casal de la Dona Treballadora, proyecto en el que se preparaba a la mujer obrera a través de un programa cultural, profesional y social que trataba de ofrecer las claves para la independencia de las mujeres, uno de los objetivos de Mujeres Libres.

Ya constituida la Federación de Mujeres Libres promovió los “Liberatorios de Prostitución”, desde donde poder atender a las mujeres prostituidas sin estigmatizarlas, facilitándoles medios para subsistir y recuperarse (incluso psicológicamente). Allí se las protegía con un vínculo de género y de clase; no eran las culpables, sino que eran esclavas sexuales, obreras, explotadas como ellas. Se puede ver la imagen que, en la revista, daban de estas mujeres: famélicas, sucias, etc.

Otra imagen muy diferente era la que daban cuando promovían campañas antisifilíticas, ahí dibujaban a la prostituida como mujer guapa incitadora que atraía a los soldados y por lo tanto, era la responsable de la alta trasmisión. Aquí se puede observar la ambivalencia en Amparo, ya que denuncia, con un tono poco amable, que “allá donde un campamento de soldados se fija, el alcohol y la prostitución no tardan en aparecer revestidos de los más repugnantes y tristes atributos… Una sola prostituta puede contagiar a un batallón» (La Guerra y la degeneración de la especie).

Durante la Guerra Civil se incorporó al noveno Batallón del Regimiento Ángel Pestaña como doctora miliciana y también asumió la labor de formación en Primeros Auxilios para las Brigadas de Salvamento. Fue nombrada miembro de la Junta de Protección de Huérfanos de los Defensores de la República, presidió la sección española de la asociación pacifista “War-Resisters International” y formó parte del Comité de Solidaridad Internacional Antifascista (SIA) desde 1938 hasta su muerte. Asimismo, jugó un papel muy importante para la protección de la infancia con la organización de los Hogares Infantiles y de las evacuaciones de niños a México, Francia y Rusia.

En febrero de 1939 Amparo Poch y Gascón tuvo que exiliarse a Francia y en septiembre le extendieron un permiso que le autorizaba a vivir en Francia, pero le prohibía trabajar. Así pues, hasta 1943 vivió en Nimes con su compañero Francisco Sabater donde trabajaban en la economía sumergida pintando tarjetas y pañuelos, bordando, haciendo bolsos de rafia y plegando sobres. En aquellos momentos le escribió a una amiga:

“Trabajo todos los días (domingo y fiestas igualmente) hasta medianoche y hasta la una de la mañana, pues no hay para subsistir más que el producto de este esfuerzo desde el primer día y ya comprenderás que la cosa es como una cadena que no se ve, pero que limita todos mis movimientos.”

En enero de 1943 se produjo una redada en toda Francia contra los refugiados españoles sospechosos de luchar contra los nazis. Su compañero fue detenido e internado en un Grupo de Trabajadores Extranjeros hasta la liberación de Francia en agosto de 1944. En ese año, ya ubicada en Toulouse, al aprobarse el Estatuto Jurídico de los Refugiados Españoles pudo normalizar su vida laboral y ejercer la medicina atendiendo a pacientes españoles.

En el dispensario de la Cruz Roja Española se ocupó de las consultas de Medicina General y Ginecología, también colaboró en la Clínica San Andrés, en el dispensario del Hospital Varsovia de Toulouse. La CNT en el exilio organizó unos cursillos gratuitos por correspondencia y Amparo Poch coordinó los de Puericultura, Anatomía y Fisiología Humana. Asimismo, prestó asistencia médica en el Comité Nacional de Toulouse del SIA. Pudo sobrevivir gracias a su trabajo como médica, pero nunca logró validar su título en Medicina.

En 1965 se diagnosticó a Amparo Poch un cáncer cerebral; alternó ingresos en el hospital con períodos de mejoría. Hacia 1966 quiso volver a Zaragoza junto a su familia; sus padres ya habían fallecido y sus hermanas le comunicaron que: “¡No quieren volver a ver a la persona que ha sido la ignominia de su casa, harto hacen con pedir por ella en sus misas y oraciones!”

La enfermedad la sumió en la decadencia física, enajenación mental que hizo que se le agriara el carácter a ella que siempre había sido una persona risueña.

Falleció el 15 de abril de 1968 en Toulouse; El periódico Espoir de Toulouse publicó: “vivió las penalidades propias de todos los que abandonamos España, por no querer aceptar el triunfo del fascismo… A su última morada la acompañaron muchos hombres y mujeres, de todos los partidos políticos y organizaciones, que sabían cuán abnegada y ejemplar había sido su vida, como médico, dedicada a ayudar y a curar a los que más lo necesitaban.”

En definitiva, estas últimas líneas sirven de colofón para una vida entregada a la defensa de la libertad, la igualdad y la paz.

Bibliografía

  • Ackelsberg, Martha: Mujeres Libres. El anarquismo yla lucha por la emancipación de las mujeres.Virus edit., 2006.
  • Gómez Cadenas, Concepción: Ética, anarquismo ysexualidad en Amparo Poch y Gascón. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2022.
  • Martínez Cobos, Victoria: Maternidad y salud sexual en la obra médica de Amparo Poch y Gascón. Universidad de Granada. 2017.
  • Mellado García, Anna: El discurso ético de Amparo Poch y Gascón: Anarcofeminismo, divulgación científica ypacifismo. I.E.S Poeta Julián Andúgar (Santomera-Murcia).Revista Internacional de Culturas y Literaturas,octubre2014.
  • Miqueo Miqueo, Consuelo: Amparo Poch y Gascón. Real Academia de la Historia, 2018
  • Rodrigo, Antonina: Amparo Poch y Gascón. La vida por los otros. Guerra y exilio de una médica libertaria. La Linterna sorda, 2020.
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