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Mantente fresco de forma segura y saludable

Alimentación en tiempos de guerra

Con la llegada de las altas temperaturas, la necesidad de refrescarse se convierte en una prioridad. Durante muchos años hemos oído que era necesario consumir un mínimo de 2 litros de agua al día, y a mayor calor, mayor sería la necesidad. En realidad, se trata de una verdad a medias, como la mayoría de las frases que escuchamos en nutrición. Es cierto que tenemos que mantenernos hidratados y que, a mayor temperatura, mayor será la demanda, pero la cantidad de agua que necesita una persona dependerá de su sensación de sed.

A la hora de elegir la mejor bebida para mantenernos hidratados, la ganadora sin duda será el agua. Otras bebidas como la cerveza (con o sin alcohol) o los refrescos serán menos recomendables, ya que, sin contar con los perjuicios que puede tener su consumo, retrasan el vaciamiento gástrico y disminuyen la capacidad de absorción del agua en el intestino. Sin embargo, no es la única manera de hidratarnos. Hay que tener en cuenta la calidad de los alimentos que ingerimos, puesto que a través de ellos obtendremos la mayor parte de nuestro aporte hídrico. Elegir alimentos frescos y platos fríos será un acierto para cuidarnos en esta época del año, siendo las frutas y verduras nuestras aliadas. Para aumentar su consumo, podemos hacerlo más sencillo teniendo la fruta a la vista o ya cortada, facilitaremos tomarla como snack, incluso en invierno. La verdura será la base de los platos principales, ya sea en sopas frías clásicas (gazpacho, salmorejo, ajo blanco, vichyssoise…) o incorporando nuevos sabores (gazpacho de sandía, salmorejo de fresas, ajo blanco de melón…); pero también pueden ser la base de una ensalada nutritiva. Durante esta época del año, las legumbres pasan a un segundo plano porque estamos acostumbrados a consumirlas en guisos, pero una muy buena opción para seguir consumiéndolas y a la vez refrescarnos, es mezclarlas con verduras. Son ensaladas muy rápidas que se pueden hacer para varios días y guardar en la nevera, algunas ideas serían alubias blancas con pico de gallo (tomate, cebolla y pimiento), garbanzos especiados (pimentón, comino, ajo en polvo, curry…) con rúcula, zanahoria, tomate y cebolla o lentejas con col, tomate y pepino. Si a estas ensaladas las aderezas con un aliño rico como una salsa de yogur natural con mostaza o tahini; aceite picante, con hierbas o cítrico; utilizas hierbas como perejil fresco, menta o hierbabuena e incluso le añades trocitos de fruta como manzana, melón, fresas o melocotón, tendrás una ensalada más colorida, apetecible, fresquita y que, al entrar también por los ojos, la calidad organoléptica, es decir, lo rico que te está, aumentará. Un tip para no echarla a perder es añadir la sal antes que la fruta.

También hay que tener en cuenta que con unas temperaturas más altas, la piscina nos ayuda a soportar el calor y una buena idea es comer allí. Algunas bacterias se alimentan de nuestra comida para poder reproducirse, por lo que la seguridad alimentaria cobra aquí un papel importante. Para evitar caer enfermos a causa de ello, los alimentos no deben permanecer a temperatura ambiente por más de dos horas. Una buena opción es utilizar una nevera portátil con acumuladores de frío en lugar de hielo. ¿Por qué? Porque las bacterias en el congelador no mueren, se congelan y cuando el hielo se derrite, se liberan y aumentan sus ganas de reproducirse. También, es importante tener las manos limpias, no mezclar los alimentos crudos con los cocinados y asegurarse de que los alimentos se cocinan por completo, es decir, la yema del huevo bien cuajada.  Si eres de las personas a las que les encanta el pincho de tortilla en la piscina o untarla en mayonesa, una opción sencilla es optar por una receta vegetal, es decir, mezclar harina de garbanzo con agua hasta obtener la textura del huevo para la tortilla, o batir bebida vegetal de soja (sin azúcar) con aceite de oliva para conseguir una “veganesa”, pudiendo añadirle ajo si se quiere.

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