Este mes les vamos a presentar otra especie interesante que se puede ver por nuestros municipios, aunque les adelanto que no les será fácil encontrarla, ya que tampoco es que sea muy abundante. Al menos yo no suelo verla, la verdad, pero junto a los ríos Manzanares y Jarama, en algunas zonas puntuales, entre los chopos, álamos y sauces blancos de la orilla, se presenta en grupos relativamente densos. Su nombre científico es “Lycium barbarum”. Las florecillas de este arbusto, como pueden ustedes apreciar en la imagen, son preciosas.

Tratamos con una planta cuyo “historial” es bien curioso. Es originaria de China, pero se introdujo hace mucho y está ampliamente naturalizado en Europa. Sus frutitos se conocen con los nombres comunes de “bayas de Goji”, “cerezas de Goji”, “cerezas del Tibet” o “bayas goji tibetanas” y tienen una larga tradición en la medicina natural oriental.

Las bayas de goji han recibido la atribución de múltiples beneficios para la salud, sin embargo diversos artículos han cuestionado el aval científico de esas supuestas virtudes. Yo no puedo opinar al respecto porque si he de ser sincero no tengo idea de cual de las dos interpretaciones tan opuestas es la que se acerca más a la realidad. De todas las maneras, por lo que entiendo al leer toda la documentación sobre el particular, es un problema “de carácter secundario” y más bien referido al uso de pesticidas en los cultivos comerciales. En efecto, China cultiva casi la mitad de la producción mundial y es lo que se importa en Europa para consumo y se han encontrado muchísimos insecticidas distintos en el producto importado y esos compuestos son precisamente los que hacen que estas bayas sean perjudiciales para la salud, no los frutos en sí.

El problema, como de costumbre, es la cantidad de porquería —insecticidas, fungicidas, herbicidas— que utilizamos para producir nuestras frutas, verduras y demás productos agrícolas.

José Ignacio López-Colón