Menudo veranito llevamos y no me refiero sólo por el calor que padecemos, sino por el precio asfixiante del recibo de la luz. Siempre somos los primeros en algo y, casi siempre, en lo peor. Los españoles pagamos la luz más cara de toda Europa; entre Italia y nosotros, ahí estamos; y es que en el recibo que pagamos todavía hay más de un 27% de impuestos. Con el establecimiento de la nueva factura de la luz, que incorpora tres tramos horarios en los que el precio de consumición cambia, el importe del bien eléctrico ha variado de forma considerable y, al margen de la energía consumida, en la factura final también influyen el IVA y el IVPEE (Impuesto sobre la producción de energía eléctrica). Las compañías eléctricas llevan tiempo quejándose de que los impuestos en el recibo de la luz figuren entre los más altos de la Unión Europea. Los consumidores, además de soportar un tipo de gravamen del 10% (menos mal que se rebajó del 21%), tienen que pagar dos impuestos más: impuesto a la electricidad del 5%, y el impuesto sobre el valor de la producción de energía eléctrica (IVPEE) del 7%.

Las compañías se quejan pero no de sus beneficios. Endesa obtuvo en 2020 un beneficio de 1.400 millones, Iberdrola un beneficio de 3.600 millones y Naturgy, espera ganar otros 1.500 millones. Si sólo existiera una empresa estatal de producción y comercialización de energía, estos precios que ahora pagamos, nunca existirían porque el objetivo básico de una empresa privada, al contrario de una estatal, es conseguir beneficio.  Mientras la mayoría se ha empobrecido en 2020 por la pandemia, las eléctricas han ganado 8 veces más que el año anterior. Aprovecharon olas de frío y la connivencia de leyes y gobiernos. Es la vida o sus beneficios. Demuestran que no hace falta nada más para triunfar que una idea, mucho esfuerzo, y recibir regalado el uso y beneficio de la infraestructura pública de un país.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Tanto el PP como el PSOE estuvieron involucrados. El proceso de privatización de Endesa, por ejemplo, comenzó en 1988 bajo el Gobierno socialista de Felipe González, y culminó diez años después, en 1998 bajo el Ejecutivo de José María Aznar, con el Partido Popular. De aquéllos barros, tenemos estos lodos. Nos deshicimos de unas compañías que eran oro puro, a un precio que el futuro ha demostrado era barato. La factura de la luz suele ser complicada de entender, pero existe algo aún más difícil de comprender: cómo se calcula el precio del KWH.  Es una subasta diaria donde las empresas generadoras venden a unos precios que varían en función de la oferta y la demanda y en la que se establece el precio de la luz para cada hora de cada día porque la electricidad no se puede almacenar.

En España y Portugal, este escenario está regulado por el operador independiente OMIE, que gestiona las subastas diarias de acuerdo con la regulación establecida por Europa. Los precios de la electricidad se fijan a las 12:00 horas y son válidos para las siguientes 24 horas. El cálculo del coste se realiza mediante un algoritmo denominado EUPHEMIA, que ha sido aprobado por la Unión Europea y se aplica en España, Alemania, Portugal, Austria, Bélgica, Francia, Hungría, Holanda, Italia, Luxemburgo, Finlandia, Suecia, Dinamarca y otros países de la zona. En primer lugar, se subasta la energía más económica (nuclear). Si no hay suficiente energía para cubrir la demanda existente, se subastan las renovables y, en último lugar, las más caras (como el gas). Y son éstas últimas energías las que marcan el precio final, convirtiendo las más baratas al precio de la más cara. Es como si tenemos en el cesto de la compra: patatas, pasta, lechuga (barato) e incorporamos chuletones (caro) pues, al llegar a caja nos cobran todo al precio de chuletones.

Este sistema es tan incomprensible e injusto, que cuesta creer que en la U.E. se permita. Sólo es entendible si existe algún motivo económico y político. Hemos comprobado que la bajada del IVA al 10% ha sido insuficiente. En mi caso, he consumido menos, y con el IVA nuevo he pagado más que el mes anterior. Bajo estas premisas, no hay varitas mágicas para bajar el precio de la luz, pero sí ajustar los impuestos incluidos en la factura, reformar parte de la tarifa formada por el sistema de peajes y cargos, que supone cerca del 40% de la factura y que ha sido rediseñado hace menos de tres meses para introducir las nuevas tarifas horarias, penalizando las horas donde más necesitamos utilizar la electricidad (lavar, cocinar, planchar, etc.) induciendo a utilizar estos menesteres en horarios de madrugada totalmente inapropiados.

La electricidad es un servicio básico, no un impuesto de lujo. Un IVA reducido del 4% sería deseable y como servicio al ciudadano, olvidarnos del partido político al cual pertenecemos. El Gobierno y la Oposición deben estar unidos para modificar los impuestos de la electricidad por el bien del consumidor, sin olvidarnos de que la Red Eléctrica, debería volver a ser sólo y totalmente pública; pero esto sería a muy largo plazo o una utopía. No sé.

Miguel F. Canser

www.cansermigue.blogspot.com

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