Cuando a una mente deja de importarle la razón, la verdad, la ética, el sentido común, el no ser falsa, la realidad o todo lo esencial, pues ésa mente pierde la conexión con un equilibrio y solo se desarrolla ya con destrucción, ¡con locura!

Para que eso no ocurra, para que tal abismo no se imponga, cualquier mente ha de ser atenta a todo lo que conlleva razón, no falsedad o realidad, y ser solo consecuente y responsable en eso, sabiendo ser mente hacia la razón, hacia la no falsedad o hacia la realidad, sabiendo no contagiarse de otra dirección o acción que no sea eso. He ahí la verdadera conciencia, que es tan solo resultado, consecución de la voluntad por la única dirección de la responsabilidad.

Por lo tanto, la mente ha de decidir así, renunciando a otra dirección o acciones; por ejemplo, ha de renunciar a atender, a valorar o a aprobar ya cualquier producto informativo o comunicativo que contenga sinrazones, como precisamente lo es la desinformación de Internet, del poder que gobierna, de los poderes sociales que influyen religiosa, cultural o económicamente y, ¡ah!, de la desinformación misma de todos los ciudadanos ya adoctrinados (sin ser conscientes) o desinformados en sutiles ignorancias.

Sí, la mente ha de saber-advertir siempre lo que en la sociedad merece PROTECCIÓN en todo caso y ha de saber-advertir también lo que nunca merece protección por muchas engañantes protecciones que ya presuma o presente (como es el consumismo de la telebasura). La mente, obvio, ha de saber lo que se ha reforzado socialmente sin merecimiento ético o lo que se ha ayudado solo por factores ajenos a la ética o a una decencia social.

Solo así, solo así la mente es una mente esforzada de libertad, por seguro, que se libra de toda sinrazón, de todo mal, de todo daño, de toda injusticia y de toda locura. Y, cualquier ciudadano, con tal mente o respeto, jamás podrá actuar con mal o salvando mentiras, ¡claro!, en una armonía con la Naturaleza. Las cosas como son.

Pero, como he dicho, la mente ha de renunciar primero a protecciones que, día tras día, se hacen socialmente siempre sin una base ética (y sí tan solo por contar con errores preestablecidos, prejuicios o grandes corporaciones que los conllevan); y ésa quizás sea la misma base para que sepa desde un principio ser mente equilibrada. Sin rodeos, hay que valorar de otra manera, o sea, quitándoles “tu ayuda” a unas protecciones dominantes que siempre han sido injustas, falsas y perversas.

Para que el bien importe, ¡es evidente!, primero la mente ha de tener claro que es el bien el que importa, solo el bien (el que solo dice o equilibra la razón) y no lo que ocupa su puesto, y no lo sucedáneo, y no lo enmascarado con tanta desinformación, y no lo fanatizado (o hecho fervor social enloquecido) con tanto adoctrinamiento inconsciente.

Y ya, desde ése solo buen hacer (como la Naturaleza tendrá el suyo), sí es perfectamente posible que florezcan las justicias y las democracias, también que las personas no tengan que gritar o morir nunca por sus derechos, y es posible por seguro conseguir paz o no guerras, y es posible al fin haber vencido al mal (que fue creado solo por los seres humanos) y a todas las estúpidas mentiras.

  José Repiso Moyano