Este mes permítanme disertar sobre un tema poco usual y en el cual no reparamos salvo para sentir repulsión y quitarnos de encima cuanto antes estos desagradables “artificios” que aparecen en nuestros techos. Pero hay que conocer con qué estamos tratando para poder evaluar su función en la naturaleza. Por tanto, hoy hablaremos sobre “la araña esa que todos conocemos que nos deja la casa llena de telarañas”.

Me estoy refiriendo a las que aparecen en nuestras habitaciones y tienen un aspecto desilachado y desastroso. Adelantar que normalmente tratamos con la especie “Holocnemus pluchei” (ver imagen), al menos de esa especie son el 90% de las telarañas que aparecen por aquí, por los municipios de los alrededores de Madrid.

Ellas van cazando todos los insectos que se cuelan en casa: mosquitos, moscas y todo tipo de invertebrados que, sinceramente, tampoco nos hace mucha gracia encontrar. Pues bien, añadir que en febrero se me ocurrió averiguar qué presas cayeron en enero en sus telarañas, ya que en esa época hizo tanto frío ¿recuerdan ustedes a Filomena? Las arañas estaban bastante activas a pesar de temperaturas casi constantes en torno a los 0º C durante toda la noche (hablo de despensas, sótanos, garajes y lugares sin calefacción). Desde abajo se veían decenas de puntitos negros en las telas, así que decidí recoger unas muestras y estudiarlas y me llevé la sorpresa de que “casi todo era lo mismo”. Cientos de puntitos negros que resultaron ser los cadáveres de mosquitos quironómidos (Chironomidae), entre los cuales, es frecuente por estos pagos “Chironomus plumosus” (ver fotografías de los dípteros muertos en las telas y del insecto “en vivo”). Por la razón que sea, estos bichillos aguantan el frío extremo (por cierto, estos mosquitos no son peligrosos para el ser humano, no pican). El único insecto distinto era una tijereta (Forficula auricularia)(ver foto).

José Ignacio López-Colón