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OPINIÓN

La propaganda de la izquierda ripense

Las facturas en los cajones del Ayuntamiento

A medida que se acerca la cuenta atrás para las próximas elecciones municipales, el relato idílico de la gestión del equipo de Gobierno de Rivas Vaciamadrid comienza a desmoronarse bajo el peso de la realidad económica. Durante años, la propaganda oficial nos ha vendido una ciudad modélica, abanderada de unas supuestas «cuentas saneadas» y de un superávit presupuestario envidiable. Sin embargo, la contabilidad municipal no engaña, y el último expediente de Reconocimiento Extrajudicial de Créditos ha venido a demostrar que el motor de Rivas no funciona de manera eficiente: funciona, lisa y llanamente, a golpe de parches, improvisación y facturas escondidas en los cajones.

No estamos hablando de un desajuste contable menor o de un retraso administrativo justificable. Estamos hablando de un agujero de casi 300.000 euros —concretamente 296.836,19 euros— destinado a pagar facturas por servicios esenciales que el Ayuntamiento ha estado recibiendo de manera irregular, de espaldas a la ley de contratos y, lo que es más grave, sin crédito presupuestario para hacerles frente.

El desglose de las deudas que el Gobierno local ha mantenido ocultas es un monumento a la dejadez de funciones. El caso más sangriento es el del Canal de Isabel II, donde el Ayuntamiento ha acumulado la friolera de 223 facturas correspondientes al año 2024. ¡Un año entero de recibos del agua metidos en un cajón bajo la burda excusa de una «ausencia de contrato para su fiscalización»! A esto se suman 13 facturas de Gas Natural del mismo año y un absoluto caos con la mercantil Naturgy que arrastra deudas de 2023, 2024 y de 2025. ¿Cómo puede la Alcaldesa mirar a los ojos a los ripenses y presumir de solvencia cuando es incapaz de regularizar y fiscalizar el pago de la luz, el gas y el agua corriente de las dependencias municipales? Es muy fácil sacar pecho en los plenos y en la revista municipal hablando de ‘cuentas saneadas’ y de superávit. Cualquiera tiene superávit en su economía doméstica si decide dejar de pagar los suministros básicos durante dos años.

El superávit del Ayuntamiento de Rivas es ficticio; es un superávit dopado a costa de no tramitar los contratos en tiempo y forma.

Pero la chapuza presupuestaria va más allá de la energía. El expediente destapa que el Gobierno de RivasVaciamadrid adeudaba 19.691 euros a la empresa Trabajos Bituminosos por el Plan de Asfalto de 2024. La Alcaldesa vendió el éxito del plan a bombo y platillo en la revista municipal, pero ocultó a los vecinos que firmó el contrato sin tener el dinero garantizado para pagarlo.

Echar la culpa a las distribuidoras o alegar «causas imputables al proveedor» es la clásica salida del mal gestor. La responsabilidad de vigilar el gasto público y tener los contratos de suministros al día es exclusiva del Gobierno municipal. Asfixiar a las empresas y obligar a la oposición a convalidar estas irregularidades en el Pleno es una temeridad política.

Si un vecino de Rivas deja de pagar el agua dos años por un problema técnico con el Canal, le cortan el suministro. ¿Por qué el Ayuntamiento se cruza de brazos durante dos años, acumulando 223 facturas en lugar de resolver el problema? Eso no es culpa del proveedor, eso se llama dejadez de funciones.

Rivas Vaciamadrid merece una gestión seria, transparente y responsable, alejada del marketing electoralista. A solo doce meses de pasar por las urnas, la realidad desmiente la propaganda de la Alcaldesa. Su superávit es una gran mentira contable, es ficticio; es un superávit dopado a costa de no tramitar los contratos de Rivas en tiempo y forma y de esconder las facturas en los cajones.

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