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OPINIÓN

Las excusas del manipulado

Antes de profundizar en este asunto del manipulado tengo que advertir algo muy importante: Todo lo que he dicho en toda mi vida está sostenido en dos cosas, en la realidad-razón y en mi respeto incondicional al bien.

Una vez asentado eso, el manipulado está siempre manipulado porque se autoengaña sin él saberlo en verdadera conciencia y porque tiene excusas a porrillo, nada más.

Sí, en verdad cada excusa o pretexto lo usa él para no renunciar a algún privilegio o comodidad suya o, también, para nunca afrontar muchas de las responsabilidades que ya forzosamente requieren admitir errores (autocrítica) y conciencia (reparaciones en su misma personalidad en suma que no les resultan tan rentables).

El caso es que el manipulado baila obsesivamente (y se deja además el hacerlo) a la música de todos los intereses dominantes de una sociedad: vivir de la imagen o del dinero o de las apariencias, un aprovecharse de debilidades de los demás (“hacer leña del árbol caído”), un aliarse al más fuerte o a la estética más fuerte (para sentirse con el mayor apoyo social), un rentabilizar los silencios (porque estos causan problemas) y un sentirse “víctima” del mundo (con ese pillo recurrir de “yo que soy uno ¿qué puedo hacer?”).

Exacto, entonces el manipulado (que lo es porque vive siempre beneficiando a muchas mentiras sociales, sin contraposición consciente alguna) no es ni más ni menos que un adaptado a lo que más ayuda social ofrece o a lo que menos duros problemas de conciencia o sacrificios supone.

En realidad, es como lo que consigue la cobardía moral o la indiferencia o la estupidez, ¡por seguro!, cuando en una sociedad lo único que se demande con segura premiación sea la estupidez.

Es decir, el manipulado es como la oveja del rebaño que, a rumbo fijo, tiene basada su existencia en exactamente “no salirse del rebaño”, de veras, en obedecer o en creerse las ciegas obediencias más oportunas, ¡claro!, y seguirá así siempre, aunque ya luego su coste sea aceptar-idolatrar mentiras como verdades, desinformaciones como informaciones responsables, y sinrazones metidas hasta en la sopa por sensateces o razones.

Por eso, en concreto, el manipulado siempre tendrá una respuesta pilla-demagógica-hipócrita-cínica-rollista para salirse con la suya; y aun será de doble moral con muchas puertas giratorias por seguro.

Y lo primero ahí que rechazará siempre será el profundizar, o sea, la razón con su rigor, quien le hable con razón y quien le repruebe (o le exija) tantísimas cosas con sólo razón.

Él, el que representa ya a una mayoría de esta misma sociedad, sólo preferirá el valorar según la estética con la cual ya se ha ahorrado muchas responsabilidades y “agonizantes” esfuerzos, sí, y con la cual ha ganado más dinero y prestigio (en hipocresía social). ¡Eso es un gran chollo!

Sin embargo, “hay que pensar”, el consentimiento de tú ser un manipulado en racionalidad-equilibrio (o en ética) implica al mismo tiempo una complicidad con los errores, con la mentira o con el mal puro y crudo; algo que significa (seriamente) una fatal ejemplaridad para una digna sociedad cualquiera. O mala semilla para un buen jardín.

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