Los cambios en la movilidad llevan un proceso evolutivo. Las ampliaciones de carril de las vías venían, supuestamente, a solucionar los problemas de tráfico. El experimento derivó en una mayor acumulación de coches, mayores atascos, contaminación y más espacio público dedicado a los coches. 

Así, la readaptación de las ciudades tras un proceso de transformación del espacio urbano en detrimento del coche, lleva un proceso similar por el que todas las ciudades han pasado: al reducir el espacio para los coches se producen mayores niveles temporales de tráfico y los conductores optan por cambiar su transporte o modificar su ruta, produciendo una bajada del tráfico y normalizando el escenario con una nueva configuración que mejora la calidad del aire, reduce el ruido y aumenta la seguridad.

Comerciantes, residentes y grandes medios de comunicación salen escandalizados pregonando el caos urbano, el fin de los negocios  y otras tantas proclamas que, con el paso de las semanas, se van diluyendo con el avance de una nueva normalidad. Pensemos en Sevilla, Valencia, Vitoria, Zaragoza, Valladolid, Amsterdam, Copenhague y otras tantas ciudades que decidieron transformar su movilidad dando pasos de gigante en la reducción del espacio destinado al coche. 

Todo cuanto se plantea respecto a la movilidad sostenible reside en volver a tiempos en los que nuestros servicios básicos estaban a 15 minutos a pie: nos movíamos caminando y la bicicleta constituía un elemento clave en la movilidad urbana hasta que el capitalismo nos trajo una supuesta bandera de libertad en forma de coche privado y nuestras ciudades se llenaron de autopistas regalando el espacio público y condenando nuestra salud. 

Debemos abordar este escenario desde todos los prismas posibles ya que la gravedad exige medidas en todas las direcciones: incentivo del transporte público, transformación urbana, productiva e industrial para reducir la dependencia del vehículo privado a motor y cambio radical en el paradigma de la movilidad para enfocarla, de forma directa, en aquella que sea sostenible. Aparten el coche de la ecuación. El eléctrico también. Es tiempo de las bicis. Me quedo con este párrafo de la Estrategia Estatal por la Bicicleta: “La bicicleta (…) no sólo produce beneficios para aquellos que se desplazan en ella, sino también para el resto de la ciudadanía, al liberar espacio y reducir la contaminación atmosférica y la emisión de ruidos”.

Samuel Romero

Ingeniero de Caminos y activista por la movilidad sostenible