La ultraderecha quiere asaltar el poder en toda Europa

 

En estos días ha sucedido un hecho muy preocupante, la desarticulación de una organización de extrema derecha en Alemania, una red formada entre otros por el ‘Movimiento Ciudadanos del Reich’ y ‘Pensadores Laterales’, cuyo objetivo era un golpe de estado en ese país. Podría parecer cosa de unos cuantos locos, pero no, esta organización tiene veintiún mil afiliados, la nutren personas de altas esferas diplomáticas y financieras, numerosos miembros del ejército activo y en la reserva, miembros de la judicatura, un exmiembro del parlamento de ‘Alternativa por Alemania’ y políticos en activo. Dispone de relaciones con organizaciones de otros países, parece que con un acuerdo sólido con la ultraderecha rusa y con sedes en terceros países, en el continente europeo y fuera de él. No son ningún grupo de lunáticos, son una organización perfectamente estructurada, de hecho ya habían decidido quienes serían, el futuro Jefe de Estado alemán, el príncipe de Renss, Enrique XIII, la ministra de justicia (una jueza en activo), el ministro del ejército (un militar) …, y otros cargos del futuro gobierno. Se trataba de un golpe de estado en su más amplio sentido. Estaban en posesión de gran cantidad de armamento.

Hace no mucho tiempo, en Francia se desarticuló una organización de características similares y con objetivos parecidos. Esto ocurrió en octubre de 2021, el golpe de estado se llamaría ‘Operación Azul’ y se tendría que haber llevado a cabo durante una gran manifestación para fomentar el caos, paralelamente militares armados debían ocupar el Eliseo, la Asamblea Nacional y los medios de comunicación más importantes, desde todos ellos se difundiría el discurso de Remy Daillet, que en la nueva organización sería el Presidente de Francia. En este proyecto participaban cientos de policías, militares, abogados, médicos. Participaban en el proyecto simpatizantes de ultraderecha, neonacis, etc. Disponían ya de un gran arsenal de armas y explosivos.

El gobierno de Hungría presidido por Viktor Orbán ha sido amonestado por la Unión Europea por sus políticas reaccionarias y ultraderechistas, hasta tal punto de bloquearles los fondos procedentes de la UE si no cambian.

En Polonia gobierna Andrzej Duda, apoyado por la ultraderecha.

En Bielorrusia gobierna de forma presidencialista Aleksandr Lukashenko, con un poder absoluto y casi dictatorial.

Ucrania teóricamente es una democracia parlamentaria, con separación de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Volodímir Zelenski dirige la nación mediante un sistema semipresidencialista. Actualmente en guerra con Rusia, pero desde hace diez años en una guerra interna con las zonas rusófonas dentro de la propia Ucrania y a cargo del ‘Batallón Azov’ un grupo paramilitar de ultraderecha que depende del Ministerio del interior ucraniano. Actualmente están prohibidos los partidos políticos y suprimidos todos los derechos democráticos en el país.

Federación Rusa, presidida por Vladímir Putin desde 2012, de haber respetado su propia constitución en 2020,  debería haber dimitido en su presidencia, pero Putin actúa como una verdadera dictadura: modifica la Constitución a su antojo, prohíbe cualquier tipo de protestas internas, controla por la fuerza a los medios de comunicación y a los periodistas individualmente, elimina o encarcela a cualquier opositor y ordena y manda de manera unipersonal y dictatorial.

Inglaterra, hoy después de cuatro presidentes entre una legislatura y la siguiente, está presidida por Rishi Sunak desde el pasado 25 de octubre del partido conservador. Pero anteriormente lo había hecho Theresa May, que lo primero que hizo nada más llegar al poder fue intentar aplicar las políticas fiscales más restrictivas, las propias de la ultraderecha.

Turquía, miembro de la OTAN y aspirante a serlo de la UE, fue un régimen parlamentario hasta 2018 que pasó a ser un régimen presidencialista de acuerdo a la modificación constitucional de 2017. Hoy es una república presidencial dirigida por Tayyip Erdogan. Los militares turcos desempeñan un papel político en la sombra muy importante. El gobierno de Turquía es laico según su constitución, pero esta condición ha ido evolucionando hacia una sociedad cada vez más sometida a las formas y preceptos religiosos impuestos por el Islam. Su gobierno y su presidente así lo están propiciando. Ergogan es presidente desde 2014, sin oposición posible porque de haberla la hace desaparecer.

En Italia, el nuevo gobierno surgido el pasado 22 de octubre es de corte ultraderechista. La nueva primera ministra es Giorgia Meloni y su vicepresidente Matteo Salvini, además de otro vicepresidente del partido de Mario Berlusconi, los tres miembros de partidos de ultraderecha, cuyo primer mandato ha sido cerrar las fronteras ‘a cal y canto’ para no dejar entrar a ni un solo inmigrante o refugiado.

Pero en nuestro país, tampoco nos quedamos atrás: En Castilla-León, Murcia, Andalucía, Madrid, Ceuta…, gobierna el Partido Popular con apoyo de Vox, en el propio gobierno o desde fuera. La única posibilidad de que en el futuro haya un gobierno de derechas al frente de la nación, sería con el apoyo de Vox. Un Partido Popular que cada vez se parece más a su partido hermano que es Vox, ninguno de los dos construyen nada, proponen nada, su única obsesión es acabar con el gobierno, no reconocen la Constitución: no reconocen los resultados de las urnas…, ni tampoco a otros partidos cuyos representantes han sido elegidos de la misma manera que los suyos, pretenden someter al gobierno mediante el control del poder judicial, han utilizado las instituciones para manipular, expiar, reprimir y expoliarlas hasta extremos nunca vistos, un partido el PP condenado por los jueces como corrupto y organización para delinquir (equivalente a mafia). Este es el que tiene posibilidades de gobernarnos en el futuro junto a Vox ultra derechista en sus formas, su discurso, sus pocas propuestas, etc.

No tenemos buen panorama en Europa, las estrategias ‘trumpistas’ se han copiado rápidamente y las están aplicando los partidos de derechas y ultraderechas en el viejo continente, el que hasta ahora se consideraba ‘el reservorio’ de la democracia por excelencia. Trump en Estados Unidos elaboró y aplicó una forma de hacer política que ha hecho escuela. El ‘trumpismo’, básicamente negacionista de todo, las políticas las hago porque quiero y lo tomo o lo dejo porque puedo. Como soy el más fuerte, no permito que nadie me haga sombra y mis decisiones y objetivos se cumplen cueste lo que cueste, aunque sea a costa de vidas humanas, quiebra de países, provocando guerras, o acabando con el planeta.

El ‘trumpismo’ prepara previamente a las sociedades y a la opinión pública, para que después le sea favorable, a base de mentiras, de noticias falsas, de acusaciones sin fundamento, creando confusión y barullo, haciendo provocaciones descabelladas para estar en el candelero mediático, etc. Este es el mejor estilo Ayuso. Y cuando sea necesario, llamo a mis acólitos para asaltar los parlamentos (hasta ahora los tres descritos EEUU, Francia y Alemania).

Los nuevos sistemas de comunicación y las redes sociales facilitan la difusión rápida de estas ideas, pero no solo, a distancia se pueden discutir planes, poner en marcha proyectos, acciones coordinadas, etc., exactamente igual y con la misma eficacia que si todos los miembros intelectuales o ejecutores de cualquier acción, estuvieran juntos en la misma sala.

¿No parece acertado sospechar que en otros países, incluido el nuestro, se puedan estar preparando asaltos al poder del mismo tipo?

Yo creo que, o no nos lo están contando, o, ni la UE, ni los gobiernos de los países democráticos, se están tomando estas amenazas latentes suficientemente en serio…

JuanM del Castillo