Comienza un nuevo ciclo. Eso es indudable. En todos los ámbitos. Habrá un antes y un después. Quién sabe dónde estaremos tú y yo dentro de unos meses; quizá dentro de unos años. Quién sabe cómo terminaremos.

(El olor que desprendía me explotaba en las fosas nasales, ese hedor siempre había conseguido descomponerme, volverme loco. Tengo metido en la nariz ese olor a brasas; vientos que traen efluvios de lugares próximos; de bosques negros; de bosques que ya no encantan. Tengo metida en las fosas nasales esa olor a salitre; vientos que traen arena de lugares lejanos; acaso cercanos al mar, quién sabe. Lugares sin recuerdo.)

¿Fantosmia? No lo creo. ¿Una lesión en la cabeza? No hay convulsiones del lóbulo temporal ni tengo los senos paranasales inflamados ¿Tumor cerebral?

Continúan apareciendo las siete plagas bíblicas. Una tras otra. Pero ahora nadie las reconoce.

(El ruido de sollozos ha inundado el espacio, pero ahora nadie atiende.) Tenemos oídos pero no sabemos escuchar.

NOTA A PIE DE PÁGINA: como quiera que este espacio es reducido, tengo que restringir los ruegos habituales para que desde Europa se tomen medidas efectivas para ayudar a los refugiados. No solamente a los ucranianos, sino también a los africanos, subsaharianos o magrebíes, o a los afganos o sirios (ya olvidados), a todos lo que sufren. A pesar de los gravísimos problemas que ahora tenemos “en casa” por causa del Covid-19, el “coronavirus” dichoso, en Europa y en España no cejamos en el empeño: seguimos cerrando fronteras; continuamos levantando barreras, unas de espino y otras de papel, algunas —mucho peor— de acero invisible, barricadas custodiadas por cíclopes y dragones (malditas leyes e ideologías). Cientos, miles de muros y vallas siguen elevándose hacia los cielos en todo el mundo…. Cientos de miles, millones de personas, continúan sin poder ejercer uno de los derechos elementales del ser humano. Lejos de resolverse, la situación se agrava cada día más ¿Quién ha dicho que tenemos derecho a levantar vallas y a cerrar fronteras? ¿a quiénes queremos engañar? Y no queremos terminar sin volver a recordar un asunto puntual importantísimo para ayudar en España como es el de solucionar de una vez por todas la insoportable la situación española en el asunto de los desahucios: cientos, miles de familias quedan en la calle porque la legislación española no soluciona la gran estafa que la Banca ha propiciado en las últimas décadas; auténtico pillaje que está dinamitando la cohesión social. A pesar de la grave situación actual, tampoco eso cambia y sigue su curso exactamente igual que hace unos meses. La Banca es implacable… Y todo eso hay que hacerlo dejando aparte cualquier tipo de consideración ética y/o moral dejando de lado las ideologías, las creencias religiosas y las consideraciones económicas… eso hay que hacerlo simplemente PORQUE ES LO CORRECTO.

Hades Gaudó