El pasado día 12, tuvo lugar en la Sala Covibar de Rivas, la representación de la obra de teatro ‘El Matrimonio Palavrakis’, de Angélica Liddell. Dirigida por Iosu Kabarbaien.

La sala, con cabida para más de 400 personas estaba a medio llenar. Y durante toda la obra pude observar a algunos de los espectadores, los que más cerca tenía y las reacciones eran de lo más variopinto: extrañeza, estupor, sobrecogimiento, asco…, incluso risa, esa risa nerviosa de quienes no saben bien cómo reaccionar.

Los que conocen bien el teatro de Angélica Liddell, con respecto a esta obra dicen que se trata del teatro típico de esta autora, tendente a mostrar los aspectos más oscuros de la realidad cotidiana de las personas.

Solo dos actores en escena y una narradora, que va haciendo introducción del nuevo acto que sigue. Y una pantalla que separa los entreactos y que se desplaza por un carril, con un ruido poco agradable, que pronostica lo siguiente que tampoco lo será.

Desde el comienzo de la representación, ya nos adelantan el desastre a los espectadores. Las escenas se van sucediendo, unas describiendo vivencias presentes, otras retrospectivas, que explican la personalidad de los protagonistas. Dos adultos, cuya infancia fue indigna y cruel y que ellos han ido reproduciendo durante toda su vida, entre ellos mismos y con terceros. La señora Palavrakis se alivia con su perro de peluche y el señor Palavrakis con una adolescente a la que cambia sus braguitas usadas por caramelos. Su vida transcurre aparentemente monótona e intrascendente y su única ilusión es el concurso de baile anual, en el que participan siempre y siempre pierden, hasta el último que ganan. Su primer desencuentro se produce cuando la señora Palavrakis quiere tener un hijo y su marido no quiere. Finalmente se queda embarazada y nace Chloe. Desde ese momento su vida será totalmente angustiosa, llena de inseguridad y contradicción, en la que irán repitiendo los mismos episodios que vivieron cuando niños, el señor Palavrakis traslada sus prácticas aberrantes con su hija, su esposa lo conoce y lo consiente. Finalmente muere Chloe, ganan el concurso de baile y muere el matrimonio Palavrakis. Y el mundo de su entorno se encierra en sus casas delante de una caja que les va diciendo cómo tienen que vivir…

Una crítica social descarnada, desmenuzamiento de las miserias humanas y la evidencia de que repetimos lo sufrido y lo aprendido.

Las interpretaciones de Elsa y Mateo Palavrakis, espléndidas y agotadoras, en un permanente esfuerzo dramático intentando calar el contenido de su historia en el espectador.

Iosu Kabarbaien, el director de la obra nos decía “llevaba muchos años intentando poner esta obra en escena, pero no conseguía que ningún grupo se atreviera con ella, incluso ni el mío (Gabalzeka Teatro de Tafalla) creía en esta propuesta”. “Estoy muy orgulloso de ‘Puntido Teatro’ y del trabajo que hemos hecho, hemos aprendido mucho unos de otros”. “Creo que el teatro es puro rito, ceremonia, parafernalia… Tomar el cuerpo desde el exterior, no hay que pretender el sentimiento interior”. “Seguramente, esta será mi mejor obra y mi mejor dirección”.

En 1969 nacía el grupo de teatro Gabalzeka Teatro de Tafalla (entonces llamado Jacinto Benavente), de Tafalla.  Los componentes (de entonces) Marisol García González, Javier Salvo Zaratiegui, Amaya Esquíroz Bartolomé y Iosu Kabarbaien Markiegi. Al transcurrir de los años Iosu Kabarbaien se hizo director y ejerció como tal con varios grupos distintos de teatro.

Angélica González, más conocida como Angélica Liddell, escritora, directora de escena y actriz española. Su teatro huye de toda dramaturgia convencional y tiende a mostrar los aspectos más oscuros de la realidad contemporánea: el sexo y la muerte, la violencia y el poder, la locura… Los mitos antiguos y modernos son algunos de los temas obsesivos de sus textos.

Puntido Teatro
AUTORA: Angélica Liddell
INTÉRPRETES
Narradora: Arantza Capón
Mateo: Mikel Berrio
Elsa: Amaia Galar
DIRECCIÓN: Iosu Kabarbaien

También te puede interesar