La ignorancia en todos

No hay algo peor, para una situación social o para la sociedad, que el que haya ignorancia; pues siempre supone un desequilibrio con respecto al conocimiento y a la responsabilidad que se debe tener de la realidad, ¡siempre!

La ignorancia no es natural, no, ya que todo ser vivo está (como fin vital) para conocer sin alguna presión o atadura artificial; por ello, nace de un rechazo que hace alguna especie a tal finalidad natural por realmente someterse a adiestramientos o a manipulaciones de otra especie. Pero, en el caso de los seres humanos en su funcionalidad social, la ignorancia únicamente se crea o se agranda de un no poseer una mente abierta a la razón. O sea, se produce en cualquier mentalidad configurada (por presiones ideológico-religiosas) para no tener en libertad a la razón como primera prioridad.

Con tal base y por objetividad, en el ser humano la ignorancia es el no saber plena y necesariamente todas las irresponsabilidades que hay y además no saber realmente cuáles son las consecuencias de las cosas. ¡Claro!, y la ignorancia desarrolla o da ya, a partir de ahí, todo lo falso o irreal: la falsa sabiduría, la falsa verdad, el falso respeto, el falso amor incluso o la falsa ética. Todo eso lo da a la sociedad, en negatividad, como involución o error.

La ignorancia nunca es la falta de conocimientos, nunca, sino es el sobrellevar una concreta carencia de libertad racional para buscar o seleccionar unos conocimientos coherentes con la realidad (que siempre han de ser “conocimientos racionales”). ¡Exacto!

Por otra parte, la ignorancia parcial o total la puede promover tanto uno que tenga diez carreras universitarias como ése que ahora mismo sea considerado el mejor intelectual de España. No, no tiene nada que ver lo que alguien haya conseguido socialmente, sino más bien el cómo tenga su mentalidad, ¡nada más!; o sea, aquí se trata de la disponibilidad que tiene una mente para beneficiar a sinrazones, aunque aparentemente no lo pretenda. Además, sin duda la soberbia y la vanidad en cualquier estudioso o culto lo que consiguen son más falsa sabiduría o netísima ignorancia.

En claro, si una mentalidad aún digiere-justifica-blanquea alguna sinrazón (o tóxico irracional), en consecuencia, actúa elaborando pensamientos que por aceptados o retórico-triunfantes que sean, son ya originarios de una toxicidad irracional, algo nunca ético ni equilibrado.

La ignorancia, en un nivel social, por seguro puede generalizarse en un grupo o en un pueblo o en un país, y sobreproteger siempre a valores de ignorancia (como son los del machismo o los del “clasismo”), y premiar así sólo a los valores de ignorancia en adelante.

Por último, ningún ser humano (desde su diaria voluntad desarrollando “falsa sensatez”, “falsa valoración ética”, “falso respeto”, “falso patriotismo”, etc.) está libre de la ignorancia más grave o menos grave según las irracionalidades que blanquee. Así es.

No hay algo peor, para una situación social o para la sociedad, que el que haya ignorancia; pues siempre supone un desequilibrio con respecto al conocimiento y a la responsabilidad que se debe tener de la realidad, ¡siempre!

La ignorancia no es natural, no, ya que todo ser vivo está (como fin vital) para conocer sin alguna presión o atadura artificial; por ello, nace de un rechazo que hace alguna especie a tal finalidad natural por realmente someterse a adiestramientos o a manipulaciones de otra especie. Pero, en el caso de los seres humanos en su funcionalidad social, la ignorancia únicamente se crea o se agranda de un no poseer una mente abierta a la razón. O sea, se produce en cualquier mentalidad configurada (por presiones ideológico-religiosas) para no tener en libertad a la razón como primera prioridad.

Con tal base y por objetividad, en el ser humano la ignorancia es el no saber plena y necesariamente todas las irresponsabilidades que hay y además no saber realmente cuáles son las consecuencias de las cosas. ¡Claro!, y la ignorancia desarrolla o da ya, a partir de ahí, todo lo falso o irreal: la falsa sabiduría, la falsa verdad, el falso respeto, el falso amor incluso o la falsa ética. Todo eso lo da a la sociedad, en negatividad, como involución o error.

La ignorancia nunca es la falta de conocimientos, nunca, sino es el sobrellevar una concreta carencia de libertad racional para buscar o seleccionar unos conocimientos coherentes con la realidad (que siempre han de ser “conocimientos racionales”). ¡Exacto!

Por otra parte, la ignorancia parcial o total la puede promover tanto uno que tenga diez carreras universitarias como ése que ahora mismo sea considerado el mejor intelectual de España. No, no tiene nada que ver lo que alguien haya conseguido socialmente, sino más bien el cómo tenga su mentalidad, ¡nada más!; o sea, aquí se trata de la disponibilidad que tiene una mente para beneficiar a sinrazones, aunque aparentemente no lo pretenda. Además, sin duda la soberbia y la vanidad en cualquier estudioso o culto lo que consiguen son más falsa sabiduría o netísima ignorancia.

En claro, si una mentalidad aún digiere-justifica-blanquea alguna sinrazón (o tóxico irracional), en consecuencia, actúa elaborando pensamientos que por aceptados o retórico-triunfantes que sean, son ya originarios de una toxicidad irracional, algo nunca ético ni equilibrado.

La ignorancia, en un nivel social, por seguro puede generalizarse en un grupo o en un pueblo o en un país, y sobreproteger siempre a valores de ignorancia (como son los del machismo o los del “clasismo”), y premiar así sólo a los valores de ignorancia en adelante.

Por último, ningún ser humano (desde su diaria voluntad desarrollando “falsa sensatez”, “falsa valoración ética”, “falso respeto”, “falso patriotismo”, etc.) está libre de la ignorancia más grave o menos grave según las irracionalidades que blanquee. Así es.

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