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OPINIÓN

La España de las autonomías

La derecha siempre juega con las cartas marcadas

Alguien se ha preguntado ¿Cuál es la última baza de Juntsper Catalunya? Incluso es más, ¿cuál es la última baza del PP?

Las urnas dejaron un Congreso donde ninguno de los dos bloques tiene mayoría absoluta, es decir, 176 diputados. El PP y Vox suman 170 diputados, 172 añadiendo los dos de UPN y CC, cuyo apoyo tienen garantizado. El llamado bloque de la investidura de 2019 -PSOE, Unidas Podemos (hoy Sumar), ERC, Bildu, PNV y BNG- alcanza 171, por eso ha sido tan necesario el apoyo expreso de Junts para hacer posible la reedición del Gobierno de coalición.

Hasta el último momento, el PP, ante el previsible fracaso de la investidura de Feijóo, intentó negociar con los dos partidos que después apoyaron la investidura, ambos dos de ideología de derechas PNV y Junts. El PNV les dijo, de entrada, que no les apoyaría, pero Junts ‘se dejó querer’, a pesar del total antagonismo respecto a las posiciones independentistas de los segundos y ‘Santiago cierra España’ del PP. Pero al final lo que cuenta, es la consecución del poder para Feijóo en España y para Puigdemont en Cataluña. Y abiertos a toda negociación, se reunieron. Lo que Feijóo ofreció a Junts no lo sabemos, los pactos a los que llegaron para entonces y para después, tampoco, pero más allá del tema del independentismo, sus coincidencias ideológicas y de poder de sus líderes (Feijoo/Puigdemont), son muchísimo mayores que las que pudiera haber entre Junts y el bloque progresista del Gobierno.

¿Por qué entonces PP y Junts no llegaron a un acuerdo?. Varias hipótesis se me ocurren: la primera sería, que los segundos exigieron más de lo que en ese momento el PP podía dar. Pero hay otras, como por ejemplo: ‘estiraremos el chicle’ en la negociación con el bloque progresista hasta que dé de sí, y si al final no nos satisface, volveremos a hablar. Hay otra hipótesis más perversa aún: desgastaremos al PSOE (y al bloque progresista) de tal manera que tardarán muchos años en levantar cabeza, tanto si ceden a todas nuestras demandas, como si la negociación se rompe. Y siempre estarán los brazos de Feijóo para acogernos y seguir negociando.

No me extrañaría que esta última sea la hipótesis más plausible: Junts apretará en la negociación hasta estrangular al PSOE, y si al final consigue desasirse, los independentistas catalanes volverán a negociar con el Partido Popular, que para entonces estará dispuesto a darles todo lo que pidan, ya saben que ni las mayores barrabasadas que cometan les pasan factura (ni la corrupción, ni el bloqueo de la constitución, ni la imputación de ministros y cargos públicos, tampoco las comisiones de los hermanos de las presidentas, etc.,), a los españoles nos gusta flagelarnos o más aún, que los negreros nos fustiguen con el látigo.

Y si todo esto no da con los resultados deseados, siempre quedan dos últimos recursos: moción de censura o nuevas elecciones.

Al Partido Popular, ni tampoco a Junts, les interesan para nada los españoles, los de fuera de Cataluña, ni los de dentro, lo único que les interesa es el poder. Ya lo controlan casi todo: la mayoría de los territorios autonómicos, el Senado, el Poder Judicial y la opinión pública a través de los medios de comunicación afines. Les falta el poder del parlamento y la presidencia de gobierno, con eso lo tendrán todo y España será una ‘gran multinacional’ al servicio de sus negocios y de los negocios de quienes les mantienen. Pero los beneficios no serán a repartir, seguirán siendo, como siempre, para los mismos, que no son las personas, ni las familias que más lo necesitan, ni el planeta, cuya posibilidad de supervivencia es incompatible con sus prioridades.

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