El sociólogo Giovanni Sartori apunta que la opinión pública es: “el conjunto de opiniones que se encuentra en el público o en los públicos” y además la vincula al funcionamiento de la democracia representativa que se nutre del ciudadano desinformado:

“Pero la democracia representativa no se caracteriza como un gobierno del saber sino como un gobierno de la opinión, que se fundamenta en un público sentir de res publica. Lo que equivale a decir que a la democracia representativa le es suficiente, para existir y funcionar, con el hecho de que el público tenga opiniones suyas; nada más, pero, atención, nada menos”.

La prensa y las redes sociales construyen la opinión de la sociedad,  consiguiendo como dice Vidal-Beneyto, la corrupción radical de la democracia, la deriva de los valores públicos, la quiebra de la política, los conflictos y finalmente, los desafueros del capitalismo.

La democracia se nos ha muerto de frustración, de apatía, de hipermediación publicitaria, de adicción al poder. Lo que ahora tenemos ante nosotros es su cadáver y todos sabemos que lo único que cabe hacer con los cadáveres es enterrarlos o resucitarlos”. Resucitar ese cadáver quiere decir “refundar la democracia” enraizándola en el “ejercicio de la razón pública”. Porque todo el proceso seguido, con sus indiscutibles logros, han supuesto una cierta pereza de la razón crítica que ha permitido sacralizar la democracia representativa (liberada inicialmente por una élite dominante, luego por los partidos políticos centralizados y finalmente colonizada por la “democracia de opinión”) sin indagar otras alternativas que pudieran devolver al pueblo el protagonismo que se le ha arrebatado.

Es necesario reconocer que “el régimen democrático actual es incapaz de poner en práctica los valores que lo fundan”. Necesita “reinventar los principios y valores democráticos en su conjunto:

Estado de derecho e igualdad ante la ley; autonomía del individuo; derechos humanos en su totalidad; bien común/interés general: transparencia; participación/ciudadanía”, etcétera. Y  a partir de estas reivindicaciones, explorar las vías y modos de construir, desde y para la realidad de hoy, un sistema socio-político en el que el pueblo recupere su protagonismo y sea capaz de recuperar para bien de todas y todos los valores antes señalados. Resumiendo la solución, “empoderamiento ciudadano y gobierno abierto”

Empoderar significa alimentar y fortalecer a una comunidad o un individuo en lo político, social, educativo y económico. El empoderamiento ciudadano fomenta la participación activa de los ciudadanos en los procesos gubernamentales y la toma de decisiones.

El Gobierno Abierto es una forma de gobernanza de las Administraciones más transparente, colaborativa, ética y con una rendición de cuentas más clara. Implica mayor participación de la ciudadanía en los asuntos públicos que le interesan.

Esa fue quizás, la incumplida promesa de Podemos en su nacimiento, el empoderamiento ciudadano, apoderándose del sueño del 15M y quizás su incumplimiento haya sido causa fundamental en su fracaso, facilitando la manipulación de la opinión de la ciudadanía.