No parece muy necesario, aunque lo haga, decir que ese partido es el Partido Popular. Un partido que ha estado robando desde 1982 hasta 2009. Casi nada, más de diecisiete años. Un partido que todavía sigue sin reconocer hechos notables y que disculpa su implicación en la corrupción.

Por mucho que traten de defender sus próceres, hoy, la inocencia de su partido, olvidan que deberían haber empezado por no mentir, por no esconder o destruir pruebas, por no obstaculizar las investigaciones, por no creerse impunes como dioses.

 Además, el colmo de los colmos ha sido haber traicionado a quien les sirvió en esos menesteres delictivos, asignándole el papel de chivo expiatorio. Hablo de Bárcenas, quien ha callado gran parte de lo ocurrido, creyendo –¡qué infeliz!– que iban a cumplir la promesa de evitar la cárcel a su mujer. Y claro, la realidad es la que es. La esposa de Bárcenas ha entrado en la cárcel hace tres meses.

 Este hecho ha provocado que Bárcenas se haya rebelado y, como mafioso traicionado por sus capos, haya decidido cantar y contar lo que fue durante tantos años una normalidad propia sólo de una institución tan corrupta como el PP. Y parece que a estas alturas tiene pruebas que empezará a presentar en el próximo juicio a celebrar dentro de pocos días.

 La actuación del PP, que ha jugado todas las cartas para desvincular a su partido, ha sido errónea. Puesto que aunque haya retrasado las decisiones judiciales, haya sembrado dudas con sus mentiras, haya desviado responsabilidades a personajes menores, lo que ha tratado es alejar la bomba para que hiciera menos daño y, sin embargo, lo que ha conseguido es mantener una situación insostenible de culpabilidad probable durante más de ocho años y lo que queda, algo que podría haberse evitado, en un primer momento, reconociendo su delito, pidiendo perdón y aceptando responsabilidades. Pero claro, conociendo a este partido, eso es pedir peras al olmo. Ellos son como son y eso creen que les permite actuar con total impunidad, ‘que para eso son España’.

Error tras error, los peperos han conseguido obtener peores perjuicios –y los que parece que les quedan– por haber defendido lo indefendible, en contra de pruebas objetivas.

 Y es que son tantos los episodios vergonzantes y delirantes que ha cometido el PP de forma ilícita que sólo se les puede conferir el título de organización mafiosa. Y si no, que alguien me diga cómo hay que calificar a una organización que –además de haberse nutrido de fondos que conformaron una caja B, de haber obtenido mordidas de obras públicas, de haber utilizado su influencia (hoy ilegítima y caducada) del poder judicial, de haber puesto en marcha un previsto secuestro de la familia de Bárcenas, de haber destruido pruebas judiciales, de haber evitado pagar impuestos en los complementos salariales pagados en negro a los capos– ha utilizado a parte de la policía y de los jueces para tapar sus vergüenzas.

¡Que no vengan con milongas! Los actuales dirigentes del PP tienen responsabilidad en las actuaciones delictivas de su partido, ya que han heredado y defendido toda la causa. Sin olvidar que el gran capo actual, Pablo Casado, fue nombrado en 2015 por Mariano Rajoy, ‘uno de los suyos’ y ayudado para ser presidente del PP, de forma decisiva por María Dolores de Cospedal, otra que tal baila.

Así es que la contaminación y el hedor es tan fuerte en Génova –qué pena, con lo que costó la remodelación de hace unos años– que no les queda otra que deshacerse como PP y regenerarse con otro nombre, evitando cualquier personaje que tuviera algo que ver con la época inmunda y mafiosa, al igual que hizo la antigua CiU. Todo lo demás, excusas de mal pagador que les puede llevar a dejar de ser el primer partido de la derecha. Y si no, al tiempo.

 Salud y República

Rafael Almazán