Hace tiempo que está claro que la Presidenta Ayuso entre la salud y la economía ha optado por este segundo proceder, evidentemente es más rentable, desde el punto de vista pecuniario: no invierto en sanidad pública, lo cual es un ahorro para las arcas de la Comunidad. Y no decreto más medidas sanitarias restrictivas, porque con ello tiene a su favor a toda la hostelería y empresas satélites a esta (bebidas, suministros varios…) y por añadido a la Sanidad Privada. Estos últimos ‘como locos de contentos’.

La pérdida de eficacia de la Sanidad Pública y por añadido el deterioro de imagen, es brutal. Tanto que los más jóvenes que no han experimentado las ventajas de la sanidad de todos y que pueden permitírselo, acuden masivamente a contrataciones de seguros privados. Así mismo, los más mayores, que conocieron la Sanidad Pública en sus mejores momentos, y que necesitan seguridades por sus edades avanzadas, también se rinden a la contratación de un seguro privado. Y es que ese era el objetivo, el del Gobierno de la Comunidad de Madrid, por lo que nos toca, pero en general todos los neoliberalismos: el desmantelamiento del Estado (cada vez menos competencias), la reducción impositiva a los que más tienen (con lo que ponen fin a la redistribución de la riqueza), el libre mercado y la libre competencia (que también es falsa, ya que se ponen de acuerdo para manipular y fijar los precios, el ejemplo más evidente, el de las eléctricas).

Era muy fácil prever lo que iba a pasar con el Covid una vez llegaran los fríos y más concretamente la Navidad, pero en lugar de reforzar la Sanidad Pública, la Presidenta Ayuso se ha dedicado a despedir a todos los contratados durante la ola anterior y tiene previsto despedir a otro montón de sanitarios en breve (según los sindicatos del sector). Evidentemente, pareciera como ‘cuanto peor, mejor’, sobre todo para las empresas privadas de sanidad.

Todas las semanas, Ayuso promete que las farmacias estarán surtidas de test de antígenos y una y otra vez nos encontramos con colas kilométricas que esperan la llegada de los mismos, pero el suministro es muy insuficiente o simplemente no llegan.

Día 22 de diciembre, un familiar se encuentra mal y nos recorrimos diez farmacias en Rivas sin poder encontrar, ni el test prometido por ser mayores de sesenta años, ni tampoco ninguno para poder comprar. Nos vamos muy a primera hora al Centro de Atención Primaria que nos corresponde, nos dicen que allí ya no se hacen ni antígenos, ni PCR, que vayamos al hospital. Acudimos al Hospital del Sureste (que es el de referencia), después de hacer una larguísima cola, cuando llegamos nos dicen que allí no se hace la PCR. Les contamos que tenemos síntomas compatibles y que dónde podemos hacérnosla, nos contestan ‘que no tienen ni idea’. Con cierto enfado nos enfrentamos a quien nos estaba atendiendo, termina diciéndonos que “nosotros hacemos lo que nos ordenan, no tenemos infraestructura ni recursos para atender la avalancha que nos está viniendo. No podemos hacer más…”. Intentamos pedir cita telefónica con nuestro médico de cabecera, pero es imposible.

Conclusión: estamos abandonados por la Sanidad Pública, por desbordamiento. Y estamos abandonados por el Gobierno de la Comunidad de Madrid, por intereses estratégico-ideológicos.

La práctica de muchas/os ciudadanos en el último tiempo es. Rebuscar en el botiquín de casa, a ver si encontramos algo que nos pueda venir bien para la dolencia de ese momento. O acudir a la farmacia para preguntarles qué nos recomiendan, las farmacias nos largan un producto comercial (placebos en muchas ocasiones) y nos vamos tan contentos. O sea, nosotros nos diagnosticamos, nos automedicamos y pagamos (otra vez) los medicamentos que consumimos.

Quizás la Comunidad de Madrid, se haya planteado la estrategia de, cuanto antes y cuantos más contagiados mejor, la ‘inmunidad de rebaño’ (esa misma que falló a Boris Johnson y tiene los contagios disparados), pero a mí me parecería mejor llamarla ‘inmunidad como rebaños…’.

JuanM del Castillo