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Iluminando la Navidad: alimentación, empatía y bienestar

Sabores y tradiciones

Llegan las navidades, las comidas familiares, de amistades o de empresa, los propósitos de año nuevo y muchas frustraciones. Se quiere sacar la mejor versión de uno mismo de cara al próximo año, buscando soluciones rápidas y sin percatarse de que no se pueden conseguir de la noche a la mañana. En el mundo de la nutrición, al igual que ocurre con el ejercicio físico, la clave reside en la progresión, el respeto hacia uno mismo y la comprensión de que el camino hacia una mejor salud es un viaje constante.

Durante el mes de diciembre, se hacen una media de 5-6 comidas copiosas, donde la calidad nutricional a menudo se ausenta, sintiendo grandes frustraciones cuando se llega al límite de lo comido o bebido, sin pararse a pensar que estas comidas son excepciones dentro de la alimentación que se ha llevado a lo largo del año. Si la alimentación está basada en vegetales, legumbres o cereales integrales, es decir, alimentos de calidad, el hecho de que un día, o varios, se coma de manera abundante, no va a repercutir en gran medida en el organismo. Al igual que una persona, acostumbrada a ir diariamente al gimnasio, puede decidir no acudir un día y no por ello provocar un cambio físico en su cuerpo, lo mismo ocurre en la alimentación, lo que se haga un día no define la salud global de uno.

Sin embargo, hay un aspecto vital que se suele pasar por alto: los comentarios que se reciben o se ofrecen a los demás durante esta época del año. Ya sea con familiares de sangre o elegidos, estos encuentros llevan consigo una mochila de experiencias. Un simple comentario sobre el aspecto físico, bien intencionado, puede desencadenar una carga emocional hacia la otra persona. Existe la posibilidad de alimentar patrones poco saludables o intensificar estados de ansiedad. Un ejemplo de ello, sería una persona con trastorno de conducta alimentaria (TCA), donde la necesidad de controlar un aspecto de su vida haga que consuma pocos alimentos para mantener un peso estable o aumente su consumo debido a la ansiedad.

Los TCA no son simplemente problemas alimenticios, sino más bien desafíos psicológicos profundos. Resolverlos requiere de ayuda profesional, ya que la relación con la alimentación es una manifestación de complejas luchas internas. Al reencontrarnos con aquellos que llevan sus propias cargas, es fundamental mostrar empatía y comprensión. Así, se puede contribuir positivamente al centrarnos en valorar otras cualidades más allá de la apariencia física, reconociendo la inteligencia, la bondad o el deseo de ayudar a los demás.

También existe otro grupo de gente al que esta época del año les resulta realmente difícil: las personas veganas. Al eliminar los productos animales por motivos éticos, a menudo se encuentran en situaciones donde su elección alimentaria se ve cuestionada o incluso ridiculizada, sin tener en cuenta el esfuerzo que pueden estar haciendo al sentarse en una mesa que, normalmente, está llena de carne. La comprensión y el respeto hacia estas elecciones son esenciales, permitiendo que las reuniones familiares sean momentos de comprensión mutua en lugar de conflictos innecesarios.

En definitiva, hagamos que esta época sea un espacio para nutrirnos emocionalmente y contribuir positivamente al bienestar de los demás. Somos los responsables de estos encuentros, de los comentarios que se realizan y la energía que se aporta. Al marcarnos objetivos, ya sea hacia una alimentación más saludable o la práctica de ejercicio, hay que recordar que se debe de hacer con respeto hacia nosotros mismos, sin maltratarse psíquicamente y manteniendo siempre en mente que la salud, tal y como dice la OMS, es un estado completo de bienestar físico, mental y social. Sin salud mental, no hay salud.

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