El año 2022 pasará a la historia como un año difícil para muchas familias. Cuando aún no se había dado por concluida la crisis de la covid-19, se produjo la invasión rusa de Ucrania, disparando los precios y encareciendo la cesta de la compra de muchos hogares. En la Red de Recuperación de Alimentos de Rivas (RRAR) lo saben muy bien porque cada semana preparan cestas de alimentos para decenas de vecinos y vecinas. En plena campaña de Navidad, preguntamos cuáles son los productos que más se necesitan y que menos se donan. 

¿Qué necesitamos? De todo”, contesta Javier, la persona de la RARR responsable de la relación con las familias. En la asociación procuran dar a cada una de ellas una cesta “equilibrada” y variada, aunque no siempre es posible porque dependen de las donaciones. Hacen entregas mensuales, donde incluyen harina, arroz o legumbres, y otras semanales donde intentan que haya producto fresco. Este voluntario cuenta que han dado comida a personas de hasta 40 nacionalidades, con toda la complejidad que conlleva.

Su trabajo en la red también es una gran vacuna contra los estereotipos: “Atendemos desde familias migrantes que aún no tienen su situación regularizada hasta familias que han tenido empresas que con la pandemia se han venido abajo. También hay gente que por cuestiones familiares o por enfermedades que les han impedido trabajar se han visto en la ruina”. Javier apunta a causas estructurales, como el mercado de la vivienda o el trabajo, que expulsan primero a aquellos en situación de mayor vulnerabilidad: “¿Cuánto tienes que cobrar para poder pagar un piso de 850 euros en Covibar?”, se pregunta. 

Juguetes, geles o rollos de papel higiénico

Cuando uno piensa en donar, casi siempre se le viene a la cabeza productos imperecederos como el arroz, la pasta o las legumbres. Son alimentos que siempre vienen bien en la RARR, pero Javier apunta también a la necesidad de harina o cereales y leche para el desayuno de los más pequeños. Reconoce que ellos también han notado la inflación. La subida del azúcar ha hecho que sea un producto mucho menos frecuente en las donaciones, mientras el aceite (tanto el de oliva como el de girasol) se ha reducido considerablemente. 

Los productos más costosos como los pañales o la leche materna son más escasos, pero Javier asegura que hay artículos más económicos que también hacen falta para las familias, como los productos de higiene. En la RARR también necesitan champú, gel, rollos de papel higiénico, pasta de dientes o productos de higiene menstrual como las compresas.

También recogen juguetes porque harán una entrega extraordinaria con motivo de la Navidad. Así reparten ilusión, pero también contribuyen al derecho de los niños y las niñas a jugar. Además, el día 23 hacen una cesta especial para Nochebuena, con redondo de ternera o polvorones. Este gesto es algo más que una donación de alimentos: es una pequeña alegría en unas fiestas duras.

Por supuesto, también se puede donar dinero o apuntarse como socio o como voluntario. Además, la RRAR ya ha sido declarada entidad de utilidad pública, por lo que este gesto solidario tendrá beneficios a nivel fiscal. 

El asociacionismo o por qué en Rivas “la unión hace la fuerza”

Cuando se le pregunta a Javier si Rivas es solidaria, no duda: “Rotundamente sí”. Lo es, según este voluntario, a todos los niveles. Con ellos colaboran empresas del municipio, pero también asociaciones o colegios. 

Javier cree que el “brutal” asociacionismo de Rivas es lo que ha permitido tejer una red de solidaridad fuerte en el municipio. Esta red se vio como nunca durante el confinamiento que impuso la pandemia en 2020 y que permitió dar una respuesta rápida a muchas familias gracias a que ese asociacionismo se activó rápidamente: “Hubo un colegio, por ejemplo, que había recogido dinero para las excursiones, pero como no se iba a usar porque no podíamos salir a la calle, decidieron donarlo”, recuerda. Estos pequeños gestos son los que dibujan el carácter solidario del municipio, que Javier define ayudado del refranero popular: “La unión hace la fuerza”.