Expertos prevén una “explosión de problemas auditivos” en 20 años por el uso indebido de los cascos en adolescentes y jóvenes

Los otorrinos aconsejan usarlos no más de una hora al día y al 60% del volumen

 

La Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEOR) indicó que habrá una “explosión de problemas auditivos” en las próximas dos décadas debido al mal uso de los cascos en adolescentes y jóvenes, incluso incluso entre personas de mayor edad. Los daños auditivos son acumulativos, por lo que se recomienda moderar el volumen y el tiempo de exposición.

Según el doctor Faustino Núñez, presidente de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, se prevé un “repunte de personas con sordera en las próximas dos décadas debido al mal uso de los cascos”, que derivará en una “explosión de problemas auditivos” en una gran parte de la población.

La incidencia de sordera en jóvenes en España debido a al uso indebido de cascos no está cuantificada por la SEOR. No obstante, el doctor Núñez explicó a Servimedia que puede comprobarse el uso generalizado de estos dispositivos en el metro, el autobús o yendo por la calle. “Son jóvenes, y personas no tan jóvenes, los que utilizan cascos varias horas al día. Los usan de forma inapropiada por dos cuestiones muy importantes: intensidad y el tiempo de exposición”.

Por ello, desde la SEOR se recomienda seguir la «noma del 60/60» en la utilización de los casos, es decir, no más de 60 minutos al día a un volumen que no supere el 60%.

Es cierto que muchos cascos incluyen un aviso que recomienda no pasar del volumen adecuado para los oídos, «pero el problema es que muchas veces los jóvenes llevan los cascos en ambientes con mucho ruido como el transporte público, lo que hace que la persona aumente mucho el volumen para oír mejor la música”, destacó Núñez.

Además, cuando los jóvenes los utilizan para los juegos ‘online’, «pueden estar oyendo a un gran volumen y durante mucho tiempo ruidos de explosiones, gritos y efectos especiales, con los peligros que acarrea».

Muchas personas no notan que su sistema auditivo se va debilitando. “Ahora mismo los adolescentes y jóvenes que hacen mal uso de los cascos no se dan cuenta de que ya tienen una lesión que se va a agravar y por eso no vienen a consulta”, destacó el especialista.

EFECTO ACUMULATIVO

El mal uso de los cascos produce un efecto no inmediato, pero que es acumulativo. «Cuando la persona nota que oye mal, y se ha producido el daño auditivo: el daño acústico se va acumulando a lo largo de la vida, hasta que la pérdida es evidente y la persona oye, pero no entiende», resaltó.

Hoy los otorrinos se encuentran un nuevo fenómeno, derivado de estos traumas acústicos, la “hipoacusia no identificada u oculta”, que significa que la persona puede oír sonidos puros y tonos, pero no entiende lo que se le dice.

Según la SEOR, los especialistas están viendo pacientes con daño acústico pero que no se dedican a los trabajos tradicionales de exposición a ruidos, como el metal o la mina. También ven pérdidas de audición a los 40 años, «cuando lo normal es que empiecen a verse a partir de los 65 años”.

CASCOS MENOS PELIGROSOS

Hay cascos menos peligrosos, según los expertos, como los que suprimen el ruido externo: producen una «antionda sonora», lo que significa que anula ruido del ambiente. En cuanto a los modelos, «son tan malos los que usan los futbolistas como los denominados intracanal, que se meten en los oídos».

Para el doctor Núñez, «lo fundamental es respetar la intensidad del sonido y la duración de la exposición al mismo con las reglas que hemos visto antes”. Si además los jóvenes caminan por la calle con los cascos, se dan peligros adicionales porque no se escuchan sonidos de la calle, como el atropello o el accidente.

Para evitarlo, los padres pueden ayudar a sus hijos conozcan y respeten la citada «norma del 60/60», que también es «recomendable para personas de todas las edades, no solamente adolescentes y jóvenes”, según este especialista.

No hay que olvidar que una persona normal tiene una tolerancia máxima a un ruido de 85 decibelios, pero a partir de 65 decibelios ya se considera ruido. “El ruido es la segunda causa de pérdida de salud tras la contaminación ambiental, pero en España no se presta atención a la contaminación acústica”, concluyó.