Es una de las preguntas frecuentes en la agenda pública en un contexto paradójico: las ciudades quieren ser campo y al campo le gustaría ser ciudad. La aspiración casi universal por el crecimiento ha mutado hacia un objetivo que busca la calidad y la sostenibilidad.

El reto está en redimensionar la escala: recuperar espacios públicos para las personas; rehabilitar para devolver áreas urbanas degradadas y mejorar la eficiencia energética; proteger la salud replanteando la movilidad y el urbanismo; y avanzar en igualdad reconsiderando modelos urbanos y buena parte del diseño de las políticas públicas desarrolladas hasta el momento.

Hay, además, otros factores que no deben obviarse y que han llegado para quedarse tras la crisis sanitaria: el teletrabajo (que reduce desplazamientos y provoca una mayor demanda de servicios locales) y la política de cuidados (que es clave para avanzar en igualdad y obliga a reformular los programas de bienestar social, atención a la dependencia y la lucha contra la exclusión).

En definitiva, no podemos eludir la encrucijada en la que nos encontramos porque afrontamos una crisis múltiple: sanitaria, climática y de desigualdad.

Rivas no es una excepción. Es evidente que el proceso de incremento demográfico y urbanístico ha sido excepcional. Hemos sido uno de los destinos más atractivos para las familias jóvenes porque hemos combinado crecimiento con la adecuada dotación de servicios públicos. Apostamos por la cooperación y la colaboración con el resto de las administraciones y no escatimamos esfuerzos, llegando a asumir obras y adelantar presupuestos municipales para hacerlas realidad. No es casualidad que Rivas sea la ciudad con mayor tasa de actividad de España por quinto año consecutivo, que siga en el grupo de las diez ciudades con menor tasa de desempleo o sea de las localidades con mayor esperanza de vida, menor tasa de mortalidad o mayor número de hijos por mujer.

Todo esto se ha visto alterado por la liberalización de la ley del Suelo en la Comunidad de Madrid, que ha eliminado los instrumentos de control y supervisión que disponíamos los Ayuntamientos. De esta forma, hemos perdido el control de nuestro desarrollo, que había sido una de las reglas de oro hasta el momento.

Rivas está a punto de alcanzar los 100.000 habitantes y creemos que ha llegado el momento de tomar decisiones porque, por poner solo un ejemplo, hay sobre la mesa planes del Consorcio Urbanístico con la Comunidad de Madrid para construir otras 3.000 viviendas en el barrio Este de la ciudad.

Debemos diseñar el modelo que queremos para Rivas en el futuro y qué tipo de respuesta ofrecemos desde la ciudad para afrontar los nuevos retos: sostenibilidad, igualdad, bienestar, digitalización, movilidad… La ciudad tiene que decidir, entre otras cuestiones, si apostamos por consolidarnos como espacio de actividad económica y, en consecuencia, reservamos espacios e infraestructuras para albergar nuevos proyectos empresariales capaces de generar empleo y actividad en sectores estratégicos como la innovación y la tecnología.

Rivas no se queda al margen del proceso que impulsan las ciudades más avanzadas de Europa: ha llegado el momento de definir el modelo que queremos para los próximos veinte años y debemos hacerlo entre todas y todos.

Para conseguirlo es necesario tomar decisiones con urgencia, como suspender temporalmente las licencias para construir más viviendas, e impulsar un proceso de participación ciudadana para que las personas que viven en Rivas puedan decidir el futuro de su ciudad, el camino que queremos seguir recorriendo juntas.

Pedro del Cura, Alcalde de Rivas Vaciamadrid

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