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Escuelas pequeñas, maestras gigantes

Cada vez que surge un problema en la sociedad, acudimos rápidos y prestos a un socorrido argumento: “esto se solucionaba desde la educación”. De este modo, cada año hay una nueva ocurrencia de alguna asignatura que debería añadirse al temario en el instituto: nutrición, programación, ecologismo, Derechos Humanos, seguridad en las redes sociales, Chino mandarín, educación sexual, emprendimiento o [inserte aquí su solución mágica universal].

Nuestros docentes se las ven y se las desean para incluir muchas de estas cosas de forma transversal en materias troncales, abordarlo en las tutorías o sacar tiempo de donde no lo hay para organizar charlas con asociaciones y expertos en dichos temas. En el mejor de los casos, consiguen inculcarles a nuestros adolescentes ripenses la “educación para la ciudadanía”. O como dirían los griegos que se inventaron el término: que aprendan a convivir civilizadamente en democracia, sin comportarse como animales ni cagarla aspirando a ser dioses (influencers andorranos con peste a Doritos, en la sociedad actual).

No nos va tan mal, ya que los países en donde se debate el voto a los 16 años y se han hecho estudios, estos nos dicen que esos potenciales votantes con acné son tan responsables o más que el resto de votantes “adultos” e incluso, de media, están más y mejor informados.

Sin embargo, con tanta asignatura milagrosa, nos olvidamos de “donde todo empieza”: la educación de 0 a 3 años. Es en las edades más tempranas cuando los cerebros de nuestras crías humanas están más blanditos (con más “plasticidad” neuronal) cual esponja sedienta de aprender y empaparse de un mundo por descubrir. Son las edades más importantes para la formación de las personitas que más queremos y, sin embargo, la educación no es obligatoria hasta los 6 años en España y solo el segundo ciclo (3-6 años) es gratuito y universal.

¿Qué pasa en el primer ciclo de 0-3 años? Lo de siempre: que dejamos la educación de los peques en las manos del “libre mercado” que se autorregula hasta encontrar un “equilibrio” consistente en que las familias pagan una pasta, las profesoras cobran una miseria y las alumnas más pobres que más necesitarían el igualador social de la educación…se quedan fuera. Al no ser ni universal ni gratuito, el doble de peques de “hogar rico” que de “hogar pobre” van a la escuelita.

¡Tanto cambio de leyes educativas y se nos olvida empezar por lo más básico! Las escuelitas son fundamentales para una sociedad en la que la igualdad y el derecho a la educación sean tomados en serio. En los últimos meses, las mareas verdes se están reactivando en Madrid ante el deterioro del sistema educativo madrileño. ¡Hasta Ayuso ha tenido que recular con el “trickster” (engañabobos) del bilingüismo!

También las maestras de las escuelitas están en pie de guerra porque su convenio lleva 10 años en el congelador. ¿De verdad nos parece asumible como sociedad no pagar más a quiénes cuidan y enseñan a quienes más queremos en sus edades más vulnerables e importantes? Una vez más, desde Zarabanda queremos mostrarles todo el apoyo en sus reivindicaciones y en la puesta en valor de la educación de 0 a 3 años.

No, no es solo “poner pañales” como dijo un político de cuyo nombre no quiero acordarme. Porque de lo que sí quiero acordarme es de un lema cargado de razón: “La maestra luchando también está enseñando”.

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