Escuela de calor, ¿aprenderemos?

Encaramos el verano y dos palabras se vuelven habituales: “alerta térmica”. El calor estival es un fenómeno que ha pasado de molestia a amenaza. Y es que, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona publicado en la revista «The Lancet», el efecto «isla de calor urbano» en las ciudades provocó en 2015 un grado extra de temperatura en la ciudad de Madrid. Esto supuso 559 muertes prematuras en verano de las que 233 eran evitables tan solo con una mayor superficie de árboles que aportara sombra y menor temperatura.

No sabemos cuántas pueden producirse en Rivas, pero os animamos a hacer acopio de árboles, sombra y helado. Y es que las temperaturas baten récords y hace falta valor para salir cuando «arde la calle al sol de poniente», que cantaba Radio Futura. Por eso, están siendo importantes los avances en protección laboral para las personas que tienen que trabajar bajo el sol en verano.

Tenemos mucho que agradecer a quienes nos ayudan a sobrellevarlo. El instalador del aire acondicionado es un héroe anónimo estacional, pero lo que nos salva siempre es la comunidad y el apoyo mutuo. En el libro «Palacios del Pueblo», Eric Klinenberg hace un alegato con esta idea, tras analizar en profundidad la trágica y excepcional ola de calor que vivió Chicago en 1995.

Es verdad, el 80% de quienes tenían aire acondicionado se libraron de las muertes por calor, pero como explica Leire Olmeda en su artículo…no todo el mundo (entiéndase, no todas las clases sociales) pueden permitirse aire acondicionado por igual. Y lo más sorprendente, ¿por qué había tantas diferencias entre barrios pobres? Pues por eso que el autor llamó «infraestructura social». Allí donde hay bibliotecas, asociaciones, iglesias, zonas comerciales a pie de calle, parques cuidados y vida en comunidad es más difícil que se dé el caluroso cóctel mortal, ya que no suelen darse factores de riesgo como la soledad no deseada (que suele implicar que nadie se preocupe y avise a tiempo).

Más allá de las ciudades y sus circuitos de sombra (¡vivan los toldos del pequeño comercio!), las altas temperaturas tienen otro peligroso resultado: los incendios. Una vez más, toca reclamar que Rivas necesita un parque de bomberos propio. También otra vez, toca agradecer que suden la gota gorda el Servicio de Prevención de Incendios (SPI) de Rivamadrid y el cuerpo especializado de la Guardia Civil, el SEPRONA.

De todos depende, no solo de ellos, que nuestros entornos naturales no queden reducidos a cenizas y que no se derrita el futuro de nuestros hijos. Pilla un helado, vete al parque y exige políticas de sostenibilidad a la altura este 23J.

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